Series: crítica de «Game of Thrones» (Temporada 7, Episodio 5)

Series: crítica de «Game of Thrones» (Temporada 7, Episodio 5)

por - Críticas, Series
14 Ago, 2017 11:20 | comentarios

Mientras se acerca el cierre de la temporada y las piezas se van colocando en su lugar para lo que probablemente sea un explosivo y violento final, este episodio sirvió para conocer algunos ocultos secretos familiares y recuperar a personajes que se creían olvidados.

SPOILERS, SPOILERS, SPOILERS.

Cuando uno menos se lo esperaba, hay un nuevo sheriff en el pueblo. O un nuevo Targaryen en Westeros. La platinada Madre de los Dragones se la pasó seis temporadas (bah, desde que liquidaron a su hermano Viserys, 400 años luz atrás) diciendo que era la única heredera del Trono de Hierro –entre una decena de títulos, al que habría que sumarle ahora el de La Dama Obsesionada con Hombres que Doblan las Rodillas– y resulta que justo la buena de Gilly (la mujer de Sam Tarly), entre millones de libros con trillones de páginas, fue a dar justo con uno que dice que el mítico Rhaegar había hecho anular su matrimonio. Por si no se dieron cuenta –de hecho, ni Sam lo hizo– eso quiere decir, si es que las leyes matrimoniales en Westeros funcionan como en Occidente ahora, que Jon Snow ya no es un bastardo –bah, nunca lo fue– sino un Targaryen hecho y derecho. Ergo, el heredero del trono. Drogon lo sabía, claro, y lo miró como quien mira a uno de la familia. Drogon sabe todo. Y si no lo sabe tampoco es cuestión de ponerse a discutirle nada…

Tampoco da la impresión que el asunto le preocupe mucho a Snow (¿o habrá que llamarlo Jon Targaryen ahora?). Lo que lo obsesiona es armar un ejército para frenar a los zombies del norte, pero para llegar a eso los guionistas decidieron que la forma más efectiva de hacerlo –no me pregunten porqué– es agarrar a uno de los pelos y llevárselo a las rubias del sur y convencerlas, como si eso fuera fácil, de que dejen sus diferencias de lado y lo acompañen en «The Ultimate Fight for Survival: Winter Edition». Tenía entendido que Jon había ido a ver a Daenerys a buscar el dragonglass que efectivamente mata a los White Walkers pero al final ni siquiera queda muy claro si se lo llevan o no…


Por suerte, para poder hacer todo esto en tan poco tiempo, en las últimas temporadas de la serie inventaron algo parecido a la teletransportación –o bien llegaron unos motores supersónicos para los botes y barcos– y hoy uno puede recorrer todo Westeros en un sólo episodio como si fuera un parque de diversiones (¡caramba, se me acaba de ocurrir una idea!), lo cual tal vez logre que el milagro de llevar y traer White Walkers de Ushuaia a La Quiaca se pueda cumplir.

Vean sino a Davos que, en lo que parecen ser solo unos días (siempre me pregunto cómo mantienen sus barbas un tamaño parejo estos muchachos) fue de Dragonstone a King’s Landing, se reencontró con un ya muy crecido Gendry (que no, no pasó cuatro temporadas remando en su bote, sino preparando su martillo de Thor y haciendo dieta), lo llevó de vuelta a Dragonstone, donde el pibe guarda hermosos recuerdos, y en menos de lo que me tardó ayer en venir el 60 (un bus/micro/colectivo, para los que leen esto fuera de Argentina) ya estaba cruzando el Muro y enfrentándose a lo que se viene…

El clásico episodio que sirve para poner las fichas en distintos lugares antes de los dos últimos rounds de piñas y muertes estuvo cargado de revelaciones disimuladas, de esas que obligan a quienes no leímos 20 veces los libros ni memorizamos todas las temporadas a rascarnos la cabeza y consultar con el Libro Gordo de Sam. Ya dijimos que Jon es un Targaryen oficial y que Gendry volvió de la veda alimenticia, pero también hay que agregar que el padre de Sam y su hijo Dickon (jua!) fueron incinerados en vivo por este temita de la rodilla, Tyrion volvió en plan visita de médico a King’s Landing y se reencontró con su brother y hasta es posible que Cersei esté embarazada de vuelta (aunque, quien sabe, quizás solo es un jueguito para que el fluctuante Jaime no la abandone). Además, a Arya le hicieron descubrir una carta que, leída fuera de contexto, puede arruinar a Sansa, Jorah Mormont también se tomó el Concorde de ida y vuelta por Westeros y hasta Bran, por una vez, hizo algo útil con su vida además de mirar árboles congelados con los ojos en blanco como si estuviera esperando que esto se termine de un vez por todas y empiece BALLERS.

De todos modos, la escena clave en cuanto a la continuidad de la trama bélica –el de hoy fue más un capítulo soap opera familiar— estuvo al final, en el momento más puramente cinematográfico que se reservó el episodio, cuando en Eastwatch (la entrada/salida por el lado Este del Muro) se juntaron, cual Avengers/Siete Magníficos/Escuadrón Suicida/Siete Samurais/Doce del Patíbulo, un grupete que incluye bastardos, ex bastardos, muertos y resucitados (uno, varias veces; otro, solo una), enfermos recuperados, otro que fue dado por muerto pero logró zafar y cruzar medio Westeros sin toparse con Ed Sheeran y salieron a buscar a algún zombie perdido en medio de la tormenta de nieve.

Ya veremos en el próximo episodio con qué se encontraron. Pero en mis sueños, todo debería comenzar con un plano de los siete muchachos tocando en vivo «The Rains of Castamere» en versión Black Metal Noruego, que el look ya lo tienen. Si con eso no espantan a los White Walkers ya no hay salvación posible…