Series: crítica de «Game of Thrones» (Temporada 7, Episodio 7)

Series: crítica de «Game of Thrones» (Temporada 7, Episodio 7)

por - Críticas, Series
28 Ago, 2017 10:18 | comentarios

Terminó la temporada con otro episodio que mezcló, en casi una hora y media, las grandes virtudes y los muchos defectos de la serie. Hubo muertos, no demasiadas sorpresas, pero sí un hecho que será clave para la última temporada que llegará… en 2019.

SPOILERS COMENZANDO YA!

Luego de todos estos años pasados en compañía de GAME OF THRONES –su linda gente, sus curiosas criaturas y sus amplios territorios cada vez más cercanos entre sí– ya sabemos de sus virtudes y sus defectos. Es como ese viejo amigo al que seguimos queriendo igual aunque sabemos que la mitad de las veces nos quema el asado o esa pareja que, bueno, ustedes decidan qué agregar acá… yo no quiero meterme en líos. Lo cierto es que el cierre de esta temporada estuvo plagado de todas esas cosas que hacen que amemos la serie y que, a la vez, nos den ganas de desafiar a duelo de espadas valyrias a sus guionistas/creadores. A veces, al mismo tiempo.

Como se preveía, el plan «mandemos a los Siete Magníficos a chorearles un muerto a los White Walkers» fue el peor plan de todos los planes posibles en la historia de la serie. ¿Fue Jon el que lo propuso? ¿O Tyrion? Ya no recuerdo. Lo cierto es que habría que prohibirle planear hasta las salidas del fin de semana. No solo no funcionó en lo específico –nadie imaginaba que la inmutable Cersei iba a dejar de lado todos sus rencores por un zombie encadenado– sino que, a causa del posterior rescate de los dragones, terminó generando nada menos que la caída del Muro. Peor, imposible. O pregúntenle a Beric y a Tormund que deben estar haciendo surf por la ola de nieve que se cae, recapitulando los sucesos de los últimos ¿días? ¿semanas? ¿meses?


El episodio en sí estuvo claramente dividido en dos partes. La primera, de la duración casi de un capítulo normal, fue de encuentros, desencuentros, engaños y desengaños. Fue la primera vez en la que prácticamente todos los personajes importantes de la serie se reunían (menos las hermanitas Stark, que mientras todo sucedía planeaban, fuera de campo, su propia vuelta de tuerca) y eso generaba una excitación masiva: en los espectadores, en los personajes y, me imagino, hasta en los propios actores que, más allá de las ruedas de prensa, no deben cruzarse muy seguido en rodaje. Lo cierto es que más allá de tratar de recordar, ante cada plano/contraplano entre unos y otros (Podric, Bronn, Brienne, The Hound, etc) qué era lo que se debían entre sí, fue casi media hora de un plan que de entrada estaba tan muerto como el zombie que trajeron.

Cersei hizo su clásico que sí, que no, que sí pero al final mejor no. Tyrion fue al rescate en su estilo «me tomo unos tintos y que sea lo que el Señor de la Luz quiera». Jon Snow –ok, Aegon Targaryen– se arrepintió de haber doblado la rodilla antes de tiempo y de haber faltado a la clase «Estrategia Política 1» en sus días escolares de Winterfell. Y Daenerys miraba a todos un poco asustada, como una niña metida en un juego de adultos que se vino con su dragón porque nada mejor para un niño en estas aburridas negociaciones que tener un cachorrito para distraerse, aunque dicen que Drogon se quedó dormido en mitad de la escena.

Una de las tres estrategias narrativas que manejan Benioff y Weiss es la versión «ole» de la escritura de guión y acá la usaron hasta el cansancio. Después de la reunión (con sus idas y vueltas y vueltas y vueltas) vino una similar en Winterfell con las hermanas Stark haciéndonos creer que habían caído en la trampa de Littlefinger cuando en realidad parece que su pelea del episodio pasado fue todo «una jodita para Tinelli» y en realidad ellas estaban complotando contra él. En un muy efectista «fan fiction», cuando creíamos que tal vez iban a matar a Arya o a Sansa o a las dos (Bran sigue colgado, no lo despierten), los guionistas nos alegran liquidando a uno de los villanos más odiados. Finalmente, parece, los personajes se dieron cuenta lo que todos los espectadores sabemos desde el Episodio 1: que Littlefinger es tan malo como el ancho de su bigote. De todos modos, por si no lo recordábamos, Sansa nos hace un resumen sumario.

Mientras Theon seguía con sus asuntos familiares que le importan solo a él (aunque seguramente terminarán arruinando alguna cosa) y descubría que haberse quedado sin sus genitales sirvió una vez para algo, los dos nerds de la serie se juntaban a hacer su podcast en medio del episodio. «Soy el Three-Eyed Raven, lo veo todo», dice Bran y después le pregunta a Sam qué hace ahí (?). Evidentemente no tengo muy claro cuál es el nivel de omnisciencia de Bran y él (o los guionistas) tampoco. ¿Cómo es que sabía que Jon era quién todos sabíamos que era pero no lo del casamiento hasta que Sam se lo dijo y súbitamente lo vio en tiempo real? ¿Esa escena le había quedado en la papelera de reciclaje? Da la impresión que la información que maneja es tanta que no se tomó el trabajo de terminar de cerrar en su memoria el pack Jon Snow. Es difícil manejar un personaje que puede saberlo todo en una serie y para no arruinar la propia trama (el podría pararse… bueno, pararse no, pero despabiilarse y contarla) lo tienen ahí, medio contenido y zombie, ya que si habla se acaban los misterios. «Ah, la rebelión de Robert fue innecesaria! Ah, Snow es el heredero del trono!»… Más vale tarde que nunca: se ve que usa Microsoft Explorer.

Y así, mientras nos enteramos oficialmente lo que todos ya sabíamos, tía y sobrino Targaryen se encaman, lo cual en el ranking de GAME OF THRONES apenas cuenta como un menor enredo familiar. Tyrion mira de afuera y nos queda claro que ese trío puede ser muy querible y que son nuestros favoritos a ganar «el juego», pero que son una máquina de cometer errores. No solo por eso, sino por haber ido en barco cuando Drogon podría haber llegado al Muro antes de que sea derribado por los alemanes del Este de Berlín y enfrentarse a su hermanito que se pasó de bando y ahora trabaja para la Stasi. Pero no, Jon y Dany serán adorables pero sin sus planes bizarros (especialmente los de ella, que dio vueltas cinco temporadas con similares ideas) no habría serie posible.

Cuando llegaron los primos del Norte, claro, se acabaron las discusiones y enredos. Y ahí la serie abrió, literalmente, la puerta a la octava temporada. Esa última media hora en la que la acción y la tensión reaparecieron tuvo su plato fuerte sobre el final, con la caída del Muro mediante el «vaya uno a saber qué es esa cosa azul que lanza el dragon». Y así, miles de años de esfuerzos en la construcción del paredón fueron fulminados en dos minutos por algo que fácilmente podría haberse evitado.

Como decía al principio, uno ya sabe cómo es GAME OF THRONES y la quiere igual, como los Lannister a sus copas de vino. Será expositiva, reiterativa en sus mecanismos narrativos y obvia en sus explicaciones pero logró crear un universo del que no nos podemos desprender fácilmente. Y si bien se extraña la sólida base del libro a la hora de armar situaciones con cierta lógica aún dentro de un universo de fantasía, el impacto se mantiene. Faltando seis episodios uno ya aceptó sus defectos y aprendió a convivir con ellos. Y espera, como Bran a su dealer de visiones, que llegue el inevitable final.