Biarritz: competencia de documentales latinoamericanos

Biarritz: competencia de documentales latinoamericanos

por - cine, Críticas, Festivales
04 Oct, 2019 06:46 | Sin comentarios

La competición por el premio al mejor documental del festival francés presenta un muestrario de las diversas formas de entender el género en América Latina.


De las dos competencias de largometrajes del Festival de Biarritz, la de documentales es la más ecléctica y, acaso, arriesgada. A diferencia de la dedicada a los largos de ficción —en la que se encuentran una mayoría de títulos con previo reconocimiento en festivales grandes, más algunos descubrimientos— los títulos de esta competición han tenido, en su mayoría, un menor recorrido por grandes eventos del calendario cinematográfico, dejando un poco en claro que, salvo excepciones, el documental latinoamericano sigue siendo un tanto secreto y ajeno a los festivales no especializados.

Analizando siete de los diez títulos presentados en el elegante balneario francés y en un festival que se caracteriza por su sólida curaduría y su sorprendente conexión con el público (todas las funciones en la que estuve estaban colmadas de fieles espectadores locales) parecería quedar en claro que los caminos del documental latinoamericano siguen siendo tan variados como impredecibles y es difícil encontrar ejes que los reúnan ya que cada uno de ellos —al menos entre los vistos aquí— apuntan para lados diferentes, tanto temática como estéticamente.

La visita

LA BÚSQUEDA, de Daniel Lagares y Mariano Agudo, se inserta en la tradición del documental que busca revisar el pasado y, en la medida de lo posible, cerrar heridas. Aquí se trata de identificar los cuerpos de víctimas de Sendero Luminoso en Perú, cosa que el film hace siguiendo varias historias en paralelo, incorporando tanto las de hijos de guerrilleros como de familiares de indígenas asesinados por esos mismos grupos. La película incluye testimonios, incorpora relatos, historias y observación en un estilo que sirve para dar cuenta de la época de una manera esencialmente humanista.


FAIT VIVIR, del colombiano Oscar Ruiz Navia (director de EL VUELCO DEL CANGREJO) se inserta en cierto modo en la tradición del documental musical, siguiendo la gira de un grupo de músicos y bailarines por distintas regiones de Colombia, muchas de ellas marcadas por el conflicto armado. Con una estructura de fábula (la historia se narra desde el punto de vista “mágico” de un niño de 4 años), la película cuenta la gira, el show, los espacios privados y públicos en los que se juega la relación del arte con las experiencias de vida de la gente.

Fait vivir

Vistas en BAFICI, dos películas argentinas se cuentan entre las mejores de esta competencia. LA VIDA EN COMÚN es otro arriesgado experimento en observación (casi) pura de Ezequiel Yanco tras LOS DÍAS. Aquí también los protagonistas son en su mayoría niños, a quienes la cámara observa desde una invisible cercanía en sus rutinas cotidianas. De a poco Yanco va presentando una pintura más amplia de quienes son, dónde viven y qué hacen, pero siempre desde un registro de observación casi poética, narrando las experiencias de los chicos (niños descendientes de indios ranqueles que pasan gran parte del tiempo cazando) como si la cámara fuera uno más del grupo.

En LA VISITA, de Jorge Leandro Colás, la cámara también husmea pero aquí se habla más y se conoce más en detalle las experiencias de los protagonistas, en este caso varias mujeres que visitan a sus maridos y parejas en el Penal de Sierra Chica. Colás mantiene su cámara únicamente en las mujeres y en sus experiencias, tanto en la puerta de la cárcel como en los lugares en los que se reúnen para planificar sus actividades y conversar entre sí. Es un documental muy humano sobre el otro lado de una prisión, el de la gente que lo vive y lo sufre de afuera, que visita y espera.

Vida en común
Vida en común

MIRANTE, de Rodrigo John, va también por el lado de la observación circunscrita a un espacio físico determinado pero organizada narrativa y estéticamente de un modo muy distinto. De algún modo, la referencia aquí es LA VENTANA INDISCRETA, de Alfred Hitchcock, ya que lo que el film narra son varios años en la vida de una zona de Porto Alegre a través de lo que ve el director por su ventana. John apuesta por un modo más experimental, con bruscos cortes y yuxtaposiciones, una banda sonora omnipresente (la televisión suele contextualizar los distintos momentos políticos) y una cámara que captura el exterior —y un poco el interior— de un modo más sensorial y caótico que clásicamente narrativo. 

VIDA A BORDO, del uruguayo Emiliano Mazza de Luca, retoma la observación más clásica para contar desde la experiencia sensorial la travesía de un barco que lleva contenedores a través del Río Paraná y de sus tripulantes. Con pocos diálogos (las voces están al fondo de la mezcla sonora, dominada por la música y el ruido del propio barco en funcionamiento, salvo en una clara excepción), la película pone al espectador en medio de las demandantes tareas físicas y los tiempos de espera y de abulia de este grupo de personas que pasa gran parte de sus vidas lejos de sus casas en una suerte de circular y reiterativo recorrido sin aparente destino final.

Vida a bordo

LA ARRANCADA, del brasileño Aldemar Matías, pasó por el Festival de Berlín (al igual que el chileno LEMEBEL, otro de los films que se dieron en esta sección) y fue filmado en Cuba, siguiendo las experiencias de Jennifer, una atleta del equipo nacional cubano, que se enfrenta a sus problemas físicos para competir y a una realidad familiar que se complica cuando su hermano decide abandonar la isla poniendo en duda el futuro de ella también. Matías logra comprometer al espectador con los problemas, sufrimientos y sacrificios de una joven mujer en medio de una complicada encrucijada personal que refleja de modo muy directo la situación social de ese país.


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