Estrenos online: crítica de «Buen viaje: Aventuras psicodélicas», de Donick Cary (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Buen viaje: Aventuras psicodélicas», de Donick Cary (Netflix)

En este documental, cómico y liviano, una veintena de celebridades cuentan anécdotas acerca de sus experiencias consumiendo drogas alucinógenas. Entre los entrevistados se destacan Carrie Fisher, Ben Stiller, Anthony Bourdain, Sarah Silverman y otros. Estrenado el 11 de mayo.

Este documental de Netflix acerca de los efectos del consumo de drogas alucinógenas, a partir de las curiosidades y aventuras de un amplio grupo de celebridades que las han tomado, ocasional o regularmente, tiene un planteo opuesto al de su forma. Si bien está estructurado como uno de esos programas especiales centrados en los peligros del consumo de drogas (con presentadores tremendistas y ficcionalización de casos extremos), la idea es usar ese formato de manera paródica, volviéndolo en contra de sí mismo. Si bien no es, estrictamente, un documental acerca de las maravillas del consumo de LSD, hongos, ácidos, peyotes y otras drogas lisérgicas, las anécdotas que aquí se cuentan acerca de su uso tienden a ir para ese lado. ¿Puede irte mal si las consumís? Si, claro. Pero lo más probable es que te topes con una experiencia divertida o hasta reveladora.

Dirigido por el guionista y productor Donick Cary –un veterano de talk shows de TV y comedias–, BUEN VIAJE es una colección de testimonios y anécdotas de una veintena de personajes más o menos famosos que son más o menos entretenidas. Ni más (ni menos) que eso. No esperen grandes estudios, revelaciones, una historia del uso de ese tipo de drogas (brevemente se cuentan los experimentos legales de principios de los ’60 y su prohibición posterior y su legalización reciente, en un par de lugares específicos) sino escuchar a personas conocidas narrar sus experiencias y dar sus consejos al respecto.

Es así que pasan desde celebridades como Sting, Ben Stiller y los fallecidos Carrie Fisher y Anthony Bourdain para contar algunas experiencias bizarras. Salvo Stiller (que cuenta una única experiencia que es pura neurosis judaica), los otros tres experimentaron incontables veces con ácidos. Sting lo toma de manera mística mientras que Fisher es la más directa a la hora de hablar de los papelones que hizo en sus años y años de consumo. Otro experto como Bourdain cuenta una anécdota que parece sacada de un texto de su ídolo Hunter S. Thompson.


Así se sucederán los testimonios de Deepak Chopra, Sarah Silverman, Rob Corddry, el rapero A$AP Rocky, Nick Kroll o Rosie Perez, además de un psicólogo que experimenta con ácidos en pacientes y el hijo de Timothy Leary (el prócer del LSD), entre otros. Hay algunos que cuentan malas experiencias pero en un tono que no es para nada dramático y hay una suerte de «consejos» que van guiando la conversación. ¿Ejemplos? «No te mires al espejo», «hacelo con amigos», «no manejes tras consumir», «elegí espacios naturales» y otros de similar tipo. También hay un sketch cómico –llamado «Bad Trip»— en el que se parodia el difundido mito de que la gente que consume ácidos es de tirarse por la ventana. Y un simpático Nick Offerman funciona como conductor.

BUEN VIAJE es tan simple como eso. A algunos, quizás más preocupados que los que hicieron esta película acerca de los peligros de consumir ciertas drogas, la liviandad del documental le puede parecer un tanto irresponsable. Eso dependerá del espectador. No hay aquí juicios de valor sobre lo que hace o deja de hacer cada uno, pero se ocupan también de dejar en claro que se pueden tener «malos viajes» y que no es bueno ni hacerlo por presión de otros ni si se está pasando por momentos difíciles. De todos modos, explican, a diferencia de lo que se comunicó/asustó durante años a la hora de prevenir este consumo, los «malos viajes» no duran toda una vida sino que se terminan al cabo de unas cuantas horas.

Más un especial de comedia que un documental sobre el uso de alucinógenos, BUEN VIAJE tiene momentos y anécdotas muy divertidas, y algunas que no lo son tanto. Todo lo que cuenta Carrie «Leia» Fisher, como siempre, es tan genial como zarpado (su casa era casi un monumento al consumo de ácidos), y también se destacan las historias de una muy culposa Rosie Perez, del muy drogón Sting, de la siempre graciosa Silverman y algunos comentarios inquietantes de Chopra. Otras no son muy distintas a las que uno puede escuchar de boca de algún conocido.


La mayoría de las anécdotas están «visualizadas» por la vía de una animación estilo SUBMARINO AMARILLO, el que usualmente se utiliza para recrear con algún tipo de fidelidad la distorsión de la experiencia que genera el consumo de este tipo de drogas. Eso sí, salvo la animación, los participantes aseguran que casi ninguna de las maneras en las que la experiencia se visualiza mediante efectos especiales en las películas de Hollywood se parece a la verdadera. Salvo, dice uno de ellos, las de PANICO Y LOCURA EN LAS VEGAS, de Terry Gilliam, basada en la novela de Hunter S. Thompson y protagonizada por Johnny Depp. Ahí, evidentemente, los tres responsables sabían muy bien de lo que hablaban.