Estrenos online: crítica de «DAU. Three Days», de Ilya Khrzhanovskiy y Jekaterina Oertel

Estrenos online: crítica de «DAU. Three Days», de Ilya Khrzhanovskiy y Jekaterina Oertel

De estructura y tono similar a «Nora Mother», la nueva película de la saga que transcurre en un instituto científico soviético se centra en la emotiva y tensa reunión del científico Lev Landau con una pareja de su juventud.

La saga de DAU continúa por aquí. A juzgar por el orden de estreno de los títulos hasta el momento, da la impresión que su director, después de los dos brutales primeros platos, ha decidido que era tiempo de bajar los decibeles y la intensidad del asunto ofreciendo, uno tras otro, dos films más breves y concentrados que se ocupan, fundamentalmente, de la vida familiar de Lev Landau, el científico cuyo apodo, «Dau», da título a la saga, el hombre a partir del cual el instituto soviético en el que transcurre toda la acción fue creado en los años ’30. Todo parece indicar que el quinto episodio en estrenarse dura ocho horas, con lo cual habrá que fortificarse para recibirlo.

DAU. THREE DAYS acaso sea la mejor de todas las películas del ciclo hasta el momento, aunque claro que no la más espectacular ni ambiciosa sino, más bien, todo lo contrario. Es igual de modesta, formalmente, que la anterior NORA MOTHER y no tiene la virulencia de las dos primeras, pero logra establecer una conexión entre sus dos protagonistas principales –y un par de secundarios– que es la más tierna y cálida generada hasta el momento. Siempre dentro de la estructura de la saga, que no se caracteriza demasiado ni por la ternura ni por la calidez.

El film, de 107 minutos, es otra pieza de cámara que transcurre en la casa de Landau, algunos años después (cuatro, cinco) de los acontecimientos de la película anterior. Estamos hablando de mediados de los ’50, probablemente (la información oficial no la encontré en ningún lado, ya que hay muy poco escrito sobre el film) y acá, sí, finalmente Dau es el protagonista principal. O uno de los dos principales. En NORA MOTHER ya se había establecido que el hombre era un mujeriego. Y THREE DAYS arranca con él recibiendo la visita de María (Maria Nafpliot), una vieja amiga y ex-amante, griega ella, que llega al instituto a visitarlo. Es obvio que Dau envió a su mujer y a su hijo de vacaciones y hasta liberó a su mucama para dedicarse de lleno a la bella y elegante mujer.


Pero cuando uno imagina que va a ver algún tipo de fiesta y descontrol por parte de la pareja, se topa con algo muy distinto. Sí, por un lado vemos el lado más descarado de Dau que, en compañía de un muy joven Alexei Trifonov (que veremos en DEGENERATION, una década o más después, como el lascivo director del Instituto), y ya ante la presencia incómoda de María, hace una suerte de casting para encontrar una nueva mucama, poniendo a un trío de bellas jóvenes a acomodar y limpiar su enorme salón en ropa interior. Pero esto no acabará como uno imagina, ni aún conociendo a Trifonov. Bah, quizás el hombre termine haciendo de las suyas, pero Dau y María se quedan solos, bebiendo y hablando hasta la madrugada.

El corazón de la película, a lo largo de al menos dos de los tres días que dura su reunión, serán una serie de conversaciones en las que ambos se cuestionan sobre las decisiones que tomaron en sus vidas, los motivos por los que su pareja no funcionó y la inestabilidad emocional de cada uno. María es actriz, trabaja en una compañía de teatro griega que hace un intercambio cultural en la Unión Soviética y es soltera. Dau, lo sabemos, está casado con Nora y tiene un hijo pequeño, Denis. Pero le dice a ella que en su matrimonio no hay amor y que tienen una relación abierta. Lo primero, es evidente. Lo segundo, ¿quién sabe?

El tercer gran bloque del film (SPOILERS por si alguien se fija en eso y lo considera importante en una saga de películas como ésta) tiene que ver con el retorno sorpresivo y anticipado de Nora, que no sabía nada de la visita de María, y la tensa conversación que se desarrolla entre los tres, a veces en inglés, otras con traducción de Dau mediante. Es que entre él y María hablan en griego (el actor que lo interpreta, Teodor Currentzis, es en realidad un conductor de orquesta de origen griego, algo que Landau no era) y Nora parece quedarse afuera, no solo de la conexión que es evidente entre Dau y su ex pareja, sino del propio idioma que hablan. Y no solo el físico.

Otra vez, para María –acaso el personaje más noble visto en toda la saga hasta el momento, no casualmente alguien que no pertenece a esa suerte de hospital psiquiátrico que es el instituto–, la incomodidad será terrible. Y verlo a Landau manipular psicológicamente a su esposa de forma despiadada –como lo hizo antes con las candidatas a mucama– hará que lo mire de una manera un tanto diferente. Acaso haya descubierto, 25 años después de su relación, que ya no es el hombre que antes era. O que quizás el propio instituto lo convirtió en ese manipulador que es hoy.

Como los otros films, THREE DAYS trabaja sobre el poder y la manera en la que se usa para controlar y dominar a los que no lo tienen. Y, en muchos casos, las víctimas de ese control emocional son las mujeres. Pero María, aún con su dolor y frustraciones personales, logra darse cuenta del juego y prefiere no solo mantenerse al margen sino ser solidaria con su par, aún cuando haya una potencial disputa por el amor de un hombre. A Nora, en cambio, como le sucedía en NORA MOTHER, le cuesta sobreponerse a esas agresiones verbales y es evidente el esfuerzo que hace por mantener una relación matrimonial a todas luces insostenible.

Y Dau, el eje de todo este circo, se convierte finalmente aquí en un personaje complejo y rico en matices. Cruel y malicioso, pero con una historia y algunas ideas sobre el mundo que lo convierten en algo más que una caricatura del poder soviético de la era. Da la impresión de ser un hombre que fue perdiendo el rumbo y se fue transformando en un pichón de monstruo a partir de su fama y de su poder en el Instituto. Una vez allí adentro, dueño del puesto que su nombre le confiere, puede dar rienda suelta a esa desagradable criatura que parece haberse adueñado de sus mejores y más dignos sentimientos. Un hombre atormentado que, con todas las cartas en la mano, ha decidido que era hora de devolver gentilezas atormentando a los demás.