Estrenos online: críticas de «To the Stars», «Selah and the Spades» y «Tammy’s Always Dying»

Estrenos online: críticas de «To the Stars», «Selah and the Spades» y «Tammy’s Always Dying»

En este post dedicado a películas disponibles online pero por fuera de las plataformas pagas analizamos otros tres estrenos recientes que tienen un factor común: todos fueron dirigidos por mujeres. Y las tres podrían incluirse dentro del amplio género de la comedia dramática.

Como comentaba en un primer post sobre este tipo de estrenos «no legales», la idea es reunir en estas entradas varios títulos de esos que están disponibles de maneras alternativas y que, en algunos casos, valen la pena que sean descubiertos. No todo es Netflix, lo sabemos, y mientras no haya demasiadas otras plataformas online en la Argentina que sean masivas y que estrenen aquí películas recientes, a muchos no nos queda otra que buscar esas películas en terrenos legalmente discutibles.

En este caso, vale una aclaración. Me di cuenta un poco tarde y con el post ya escrito que una de las películas (SELAH AND THE SPADES) sí está disponible en la plataforma local de Amazon Prime Video, pero la incluí igual por dos motivos: me gustaba la idea de reunir tres películas interesantes dirigidas por mujeres y, por otro, convengamos que no demasiada gente es cliente de esa plataforma. De todos modos, queda aclarado que ese film sí se puede conseguir allí. Los otros, bueno, cada uno sabrá donde encontrarlos.


TO THE STARS, de Martha Stephens


Es tanto lo que la nueva película de Stephens (codirectora de LAND HO!) le debe, en su tono y universo, a THE LAST PICTURE SHOW, de Peter Bogdanovich, que la realizadora decidió presentarla en el Festival de Sundance 2019 en blanco y negro. Por esas curiosidades del destino (al estrenarse en formato casero la distribuidora entendió que el B&N no funcionaría bien en pantallas pequeñas), ahora llega en rimbombantes colores. No vi la versión previa y no puedo juzgarla, pero da la impresión que podía haber funcionado mejor de esa manera.

La película de Stephens es deudora de ese mundo tan bien retratado en aquel film. Un drama de pueblo chico, muy chico, que transcurre en el año 1960, y que toma como eje general las frustraciones y dramas de un diverso grupo de mujeres de varias edades que viven allí. En este caso, a diferencia de la película de Bogdanovich, los hombres participan poco y, cuando lo hacen, en la mayoría de los casos es para atosigar, reprimir y controlar a las mujeres del pueblo.

Pero no son solo ellos. Muchas de las damas y jóvenes de ese conservador paraje de Oklahoma son también bullies profesionales. Y una de las que las sufre es Iris (Kara Hayward), una chica con gafas, tímida y solitaria, a la que molestan porque tiene de algún tipo de incontinencia urinaria. En su ayuda aparece Maggie (Liana Liberato), una chica recién llegada de Kansas City, que puede manejarse con soltura y sin temores en esa escuela secundaria llena de chicos y chicas populares que suelen ser agresivas con los pocos que se atreven a salirse del modelo adolescente habitual de la época.

Las dos chicas –y otros personajes que iremos conociendo– deben lidiar primero con la agresión gratuita y luego con la estrechez de miras de muchos de los locales (y hasta de sus propios familiares) que, por distintos motivos, les hacen la vida prácticamente imposible. Y su relación será puesta también en juego, ya que de algún modo ellas también quieren ser aceptadas, aunque haya que pagar algún precio. Los adultos funcionan casi todos de similar manera: entre el silencio, la frustración, el alcoholismo y, cuando las cosas se complican, la delación.

TO THE STARS plantea un escenario interesante para desarrollar personajes pero de a poco va entrando en terrenos más previsibles y empujando las cuerdas más melodramáticas del relato de una manera que se siente demasiado forzada y fuera de tono. Es como si a esa película de Bogdanovich la directora le adosara un drama más convencional de conflictos y peleas de escuela secundaria. Y hay algo en esa combinación –el minimalismo y la sutileza de uno frente al más directo y esquemático tono aleccionador de la otra– que no funciona del todo bien. No es una mala película, pero es una muy buena oportunidad que termina siendo un poco desaprovechada.


SELAH AND THE SPADES, de Tayarisha Poe

Estamos ante una película curiosa. Por un lado, se trata de una opera prima extraña y sugerente en la que se combinan muy buenas ideas narrativas con una puesta en escena original. Pero, por otro, esos elementos no parecen nunca amalgamarse del todo bien entre sí, generando la extraña sensación de estar viendo algo que tiene todo para ser fascinante pero sin embargo logra ser más bien confuso, irritante o simplemente raro.

Lo primero que llama la atención de este estreno de Amazon Prime está en las decisiones de puesta en escena de Poe, que están en una suerte de mitad de camino entre Wes Anderson y Spike Lee (parece una combinación imposible, pero síganme) con un toque a lo Whit Stillman. La cámara siempre se ubica en un lugar raro, sus movimientos son muy poco convencionales y llaman la atención sobre sí mismos y, de vez en cuando, los personajes miran y hablan al espectador, directamente.

El universo es puro Anderson: una de esas escuelas secundarias privadas y elitistas donde los personajes tienen nombres curiosos, vestuarios peculiares y tareas imposibles. En el universo ficcional de la película, la preparatoria de Haldwell es un colegio «manejado» por una serie de grupitos de alumnos dedicados a distintas tareas dentro de la institución. Los «Spades» –que son los que aquí nos competen– se dedican a conseguir y proveer a los demás alumnos de drogas recreativas, que compran fuera e ingresan a la institución en la que son pupilos.

Selah (una carismática Lovie Simone) es la líder de este grupo, una muy competente y manipuladora chica de 17 años, suerte de versión afroamericana del personaje de Reese Witherspoon en ELECTION. Al ser su último año en la escuela, la chica quiere encontrar alguien que la reemplace en su posición. Y su mirada parece recaer en Paloma (Celeste O’Connor), una estudiante más joven, fotógrafa amateur. La atracción parece mutua y ambas empiezan a andar juntas.

Lo cierto es que a Selah le cuesta «soltar» y los avances en la reputación escolar de la ambiciosa e inteligente Paloma le generan celos e incomodidades varias, especialmente en relación a otros miembros de su grupo y a los líderes de otras banditas, como la rubia Bobbie. Los clásicos rumores y conflictos de escuela secundaria (affaires amorosos, actos sospechosos del pasado, amigos que se pelean) aparecen en SELAH AND THE SPADES en un formato ambicioso desde lo teórico/literario (un poco Jane Austen, otro poco J.D. Salinger) y enrarecido desde lo visual/formal, pero por algún motivo la película en sí nunca logra ser más que la suma de sus cuidadas partes.

Los cuatro protagonistas están muy bien, la intriga casi palaciega de escuela privada cara tiene sus ingeniosas vueltas de tuerca y las decisiones formales de Poe son siempre llamativas, pero SELAH… peca de algo de lo que muchas veces se acusa al cine de Wes Anderson: su universo parece una burbuja fascinante de observar pero con la que es difícil conectar ya que sus personajes son demasiado fríos y mecánicos. Y si bien eso es entendible como parte de la propuesta (de hecho, a mí no me suele molestar con Anderson), es difícil interesarse en su suerte cuando los asuntos se van volviendo más y más espesos.

Es la clásica opera prima de un cineasta (una, en este caso) que quiere mostrarse, poniendo en la mesa todos los elementos que vino cuidadosamente estudiando hasta llegar a hacer su película. Talento tiene, eso es claro, y da la impresión de que cuando pueda controlar un poco mejor todos los elementos que pone en juego será capaz de hacer una gran película. SELAH AND THE SPADES es un trabajado ensayo de un alumno meritorio y talentoso que quizás estudió un poco de más para la prueba y se le nota demasiado el esfuerzo por impresionar. Quizás, le sucede algo parecido a lo que le pasa a Selah en la ficción.


TAMMY’S ALWAYS DYING, de Amy Jo Johnson

Las vidas de Catherine y de su madre Tammy no son para nada sencillas, pero están acostumbradas. O eso parece por sus gestos y actitudes casuales, casi rutinarios, cada vez que la alcoholizada madre amenaza con suicidarse tirándose de un puente y la hija llega a rescatarla. Tiene el aspecto de ser un gag que la madre arma, mes a mes, para llamar la atención de su hija o algo parecido. Y Catherine lo toma, casi, como un trabajito más.

Tammy ronda los cincuenta y tantos y lleva una vida dura, viviendo de la asistencia social (esto es Canadá, ahí el estado se ocupa de la gente) y bebiéndose casi todo el dinero que le entra. Catherine la sufre y es una mujer un tanto más compuesta, pero tampoco le va demasiado bien: tiene un amante casado, trabaja atendiendo un bar de mala muerte y los únicos momentos de gracia que tiene su existencia son cuando Doug, un amigo de la familia, la lleva a beber unos tragos a un lugar elegante y se divierten juntos.

Pero todo cambia, o empeora, cuando a Tammy (Felicity Huffman en plan white trash sin tapujos) le diagnostican un cáncer y ahora ya no es una cuestión de quererse matar sino que ahora realmente le queda poco tiempo de vida. Siendo como es, se queja de los médicos y de los procedimientos como antes se enojaba con mozos y con cualquier persona que se le cruzara adelante, más aún estando alcoholizada. Catherine (Anastasia Phillips) parece más resignada que dolida por la noticia, tomando en cuenta no solo que a su madre le da igual vivir o no, sino que su propia vida se facilitaría de no tener que estar cuidando a alguien que no quiere cuidarse y que la maltrata por hacerlo.

TAMMY’S ALWAYS DYING se centra en esa tensión entre madre e hija, una que incluye luego la decisión de Catherine de ir a uno de esos programas de televisión del que es muy fanática y en los que se expone a personas con este tipo de dramas para consumo masivo. El clásico show que explota el sufrimiento ajeno sea para el llanto como para la risa irónica del espectador. Catherine cree que ir allí a contar su historia puede ayudarla emocionalmente, sí, pero también le interesa el auto que le regalan a los participantes.

La película de la actriz y también directora (hizo ambas cosas en THE SPACE BETWEEN US) le escapa todo el tiempo a los clichés del subgénero de dramas sobre el cáncer y sobre cómo la enfermedad opera a la hora de reconciliar familias rotas, pero pese a sus modos un tanto ácidos y brutales es eso lo que igualmente termina haciendo. Se trata de una película breve cuyos personajes y relaciones están muy bien estructurados pero que, sin embargo, termina siendo un poco menos que la suma de sus partes.

Quizás por lo fracturado de su narrativa –que incluye, en tan poco tiempo, un romance furtivo, una pelea con una vecina, un robo de dinero, la mini-historia de una habitué del bar y todo el show televisivo en cuestión, además del tema madre, hija, cáncer y «falso» suicidio– da la impresión que TAMMY’S ALWAYS DYING mete demasiados elementos en su narración sin dejar que casi ninguno de ellos respire lo suficiente como para tener entidad propia. Es un drama episódico y bastante ácido que logra construir una buena química entre las protagonistas principales pero cuando quiere interpelar al espectador por el lado de la emoción, llega demasiado tarde.