Estrenos online: crítica de «No creas que voy a gritar», de Frank Beauvais (Mubi)

Estrenos online: crítica de «No creas que voy a gritar», de Frank Beauvais (Mubi)

por - Críticas
29 Jun, 2020 08:52 | Sin comentarios

Este film ensayo, que debutó en el Forum de Berlín del 2019, es un retrato autobiográfico del director y cinéfilo compulsivo francés en el que su voz en off se combina con imágenes de cientos de sus películas favoritas. Tiene subtítulos en inglés, italiano y portugués, pero no en castellano.

Cuando ver cine conforma gran parte de la experiencia de vida de una persona sería muy injusto construir una memoir, o una autobiografía de un período de su vida, sin que las películas sean una parte importante. En el caso de Beauvais –director pero, fundamentalmente, cinéfilo casi compulsivo– la apuesta fue aún más lejos: ¿por qué no construir una autobiografía solo con fragmentos de películas? Y de eso se trata NO CREAS QUE VOY A GRITAR: trasladar la experiencia personal a las imágenes vistas en cine.

¿Cómo? Beauvais cuenta aquí un período de su vida –unos meses del año 2016– en el que vivió en un paraje campestre en la región alsaciana alejado de cualquier centro urbano, comercial o socialmente activo. Se trata de un pueblo muy conservador y tradicional en el que no había mucho para hacer pero que eligió por una mezcla de necesidad económica, hastío parisino y, fundamentalmente, una separación amorosa. Pero no vemos ninguna imagen del pueblo ni de Beauvais ni de nada de lo que el hombre menciona en su voz en off. Las imágenes pertenecen a su imaginario cinéfilo.

De entrada su voz nos cuenta que, durante el tiempo en el que vivió ahí, para matar el aburrimiento y combatir accesos de angustia, depresión y problemas familiares, se refugiaba viendo tres, cuatro y hasta cinco películas por día. Nos dice que es un cinéfilo voraz, que baja miles de películas, compra muchas otras y explora los rincones más oscuros y menos celebrados de la cultura cinematográfica mundial. De hecho, eso se ve en la selección de imágenes: no son muchas las películas reconocibles en la lista que utiliza para graficar su experiencia.


Es así que la biografía y el cine se funden en una sola propuesta, ya que para Frank esas imágenes seguramente sean más representativas de ese período en su vida que cualquier captura con una cámara convencional. Sin ser casi nunca literal, el director selecciona imágenes dispersas, específicas y en apariencia transicionales que combina sutilmente con su narración para crear una impresión de su experiencia que es abarcativa pero limitada a la vez: mucha imagen absorbida y casi ninguna «vivida». Son imágenes en las que vemos pocos rostros, muchos objetos o manos o partes de cuerpos, que duran muy poco (no hay escenas completas sino planos sueltos) y que fluyen muy naturalmente acompañando sus palabras.

Hay centenares de films ahí. Películas de Clint Eastwood, Vincente Minelli, Don Siegel, Ernst Lubitsch, John Carpenter, Jeremy Saulnier, Andre Techiné, Roger Corman, Mikio Naruse, Alain Guiraudie, Radu Jude, King Vidor, Jean Renoir o Vittorio de Sica, pero muchísimas más muy poco conocidas o directamente rarezas de cine del este de Europa, gialli, películas eróticas asiáticas o eurothrillers de los ’70. Dicho de otro modo: no hay muchos clásicos absolutos ni imágenes fácilmente reconocibles de esos u otros films. Podría ser found footage real y casi no nos daríamos cuenta.

El otro eje de la película es la historia que cuenta mediante su relato en off. Frank no parece estar pasando un gran momento. Se ha separado, se ha ido a este pueblo apagado y retrógrado, debe lidiar con un padre que odia, depresiones y traumas, frustraciones ligadas a la situación política imperante (por suerte no se le atravesó la pandemia en ese tiempo) y su texto suele destilar un persistente –y, convengamos, un poco agotador– fastidio con todo y todos: la gente del pueblo, los fanáticos de fútbol, los políticos, los consumidores, los conservadores, los familiares. Salvo algunos amigos, nadie se salva de recibir su persistente mala onda.

Esa suerte de «superioridad» (moral o intelectual, depende cómo lo vea cada uno), puede ser el factor más irritante de la película. Pero Beauvais lo justifica, en buena medida, a partir de su crisis personal (es igualmente crítico consigo mismo) que no lo deja, casi en ningún momento, apreciar algo de todo lo que lo rodea. Bueno, sí, las películas. Y acaso ese sea el motivo por el que componen el universo visual de su documental. Ante un género humano que nos resulta (o que le resulta) repudiable o insoportable, las películas para algunos pueden terminar siendo refugio y hasta reemplazo de la vida.


Nota: la película no tiene subtítulos en castellano. Es en francés con subtítulos en inglés, italiano o portugués.