Series: crítica de «Love Life», de Sam Boyd (HBO Max)

Series: crítica de «Love Life», de Sam Boyd (HBO Max)

Esta comedia romántica protagonizada por Anna Kendrick, parte de la oferta de series originales de la nueva plataforma de streaming, sigue las desventuras de Darby, una chica de veintipico que trata de lidiar con sus problemas románticos y personales en Nueva York.

Esta serie original de HBO Max, una de las cartas de lanzamiento fuertes de la nueva plataforma de streaming que todavía no está disponible en América Latina, es una prueba fehaciente del poder de una estrella. En este caso: Anna Kendrick. LOVE LIFE no ganará premios por su originalidad ni por su modernidad ni por sus búsquedas temáticas. Es una comedia romántica con toques dramáticos, bastante simple, centrada principalmente en la vida amorosa de una mujer a lo largo de unos siete años. Pero cada vez que la actriz de AMOR SIN ESCALAS y PITCH PERFECT aparece en escena –digamos que el 90 por ciento del tiempo– la serie se eleva, brilla, sostenida por esa magia que solo consiguen algunos pocos tocados por la gracia de ser amados por una cámara.

En esta serie de diez episodios de media hora, Kendrick encarna a Darby, una chica joven que se muda a Nueva York y trabaja en museos y galerías de arte. Su trabajo al principio es muy básico (seguridad, limpieza, esas cosas) pero de a poco va ascendiendo en ese mundo. Pero como dice el título, lo principal no pasa por ahí sino por su vida amorosa. Darby es una chica insegura, inteligente, bonita y muy graciosa que, por algún motivo relacionado con su historia familiar y personal que iremos de a poco descubriendo, tiene muchos problemas para relacionarse románticamente. Y la serie, episodio a episodio, irá mostrando sus tentativos pasos en ese terreno a partir de distintas parejas y/o de relaciones casuales.

LOVE LIFE tiene un recurso narrativo que me hizo acordar a la película argentina EL AMOR (PRIMERA PARTE) ya que aquí hay una narradora que, además de contextualizar ciertas cosas de la vida de Darby y analizar algunos de sus problemas, hace una especie de lectura estadística de las dificultades que habitualmente las personas tienen a la hora de encontrar parejas duraderas. El otro «eje» narrativo es que cada episodio está dedicado a una persona en particular, con nombre y apellido. En la mayoría de los casos se trata de la persona con la que Darby está en pareja en ese capítulo en particular, pero en algunos se rompe el sistema y la serie se ocupa de la relación que tiene con su madre o con su mejor amiga.


Es así que, a través de diez compactos episodios, Darby tiene algunas relaciones estables, muchas ocasionales, se casa, se reencuentra con parejas de la adolescencia, tiene una conflictiva relación con su madre y una intensa con su roommate Sara (Zoë Chao), entre otras cosas que marcarán su vida de forma importante. LOVE LIFE se configura así como una serie que sigue la vida de una chica en lo que podrían ser sus «veintes» (nunca se especifica claramente la edad pero a lo largo de los episodios parece recorrer esa década), poniendo el eje en las dificultades de convivencia, en las idas y vueltas laborales, en las parejas tóxicas, en las amistades complicadas y otras situaciones prototípicas de esos años.

No estamos ante una serie particularmente «actualizada» en lo que respecta a los comportamientos de su protagonista y eso, curiosamente, la vuelve casi retro. Si bien, de a poco, va quedando claro que existen cosas igual o más importantes en la vida de Darby que encontrar una pareja (en su caso, exclusivamente del sexo opuesto), a lo largo de buena parte de su recorrido la serie toma decisiones argumentales que, a esta altura, parecen casi antiguas en su persistente obsesión por encontrarle a la protagonista «la pareja ideal». Lo mismo que la música, que es mucho más tradicional y menos cool que la mayoría de las series sobre chicas de veintipico que circulan últimamente.

El mundo de Darby está integrado por gente de todo tipo, estilo y procedencia (algunos más conservadores, otros más bien todo lo contrario), pero ella en lo particular es la clase de persona que desea, más que nada en el mundo, una pareja masculina estable con la que poder irse a dormir un viernes a las 9 de la noche sin sentir que se está perdiendo algo. Y eso que vive en Nueva York. Y quizás esa particularidad convierta a LOVE LIFE en una serie casi fuera de tiempo, especialmente si uno la compara con la oferta actual de las comedias románticas, a las que se le nota permanentemente el esfuerzo por mostrarse «actualizadas».

Toda está discusión, de todos modos, es bastante secundaria. O al menos lo es para mí, ya que a juzgar por la poca atención que se le dio a la serie es claro que su estilo un tanto old fashioned no despertó mucho interés de la crítica. LOVE LIFE apuesta a placeres clásicos: una protagonista inteligente y querible a partir de sus fragilidades e inconvenientes, una lista de parejas, amigos, amigas y exes que tienen muy buena química con ella, unos padres peculiares (la gran Hope Davis y el poco utilizado James LeGros) y una serie de complicaciones y enredos amorosos (varios divertidos, otros dolorosos y algunos poco creíbles) que van llevando a que, a lo largo de los muy compactos diez episodios, uno llegue al final con la sensación de que conoce muy bien a Darby y que ha terminado preocupándose por su presente y su futuro. Quizás no sea mucho, pero en esta época de tantas series olvidables o descartables, arribar al final del viaje todavía interesado por la suerte de su protagonista, es un logro no menor.