Estrenos online: crítica de «Greyhound», de Aaron Schneider (Apple TV+)

Estrenos online: crítica de «Greyhound», de Aaron Schneider (Apple TV+)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
13 Jul, 2020 11:41 | comentarios

Este relato de acción marítima transcurre durante la Segunda Guerra y se centra en el capitán de un barco que debe conducir a una flotilla de Estados Unidos a Inglaterra atravesando el Océano Atlántico bajo la amenaza constante de los submarinos nazis. Escrita y protagonizada por Tom Hanks.

Promediando GREYHOUND tuve una sensación que raramente me pasa al ver una película protagonizada por Tom Hanks: me estaba aburriendo mucho. Habrá mejores y peores películas con el actor de FILADELFIA y RESCATANDO AL SOLDADO RYAN pero es muy difícil que aburran. Es un actor que no solo elige en general muy bien sus proyectos (salvo la saga derivada de EL CODIGO DA VINCI, que debe ser lo más parecido a una serie de pesados ladrillos en su carrera) sino que su sola presencia, el tan mentado «magnetismo» que tienen estrellas como él, hace que casi cualquier cosa que haga nos mantenga entretenidos. Aún cuando no nos parezcan demasiado buenas.

Con GREYHOUND pasa algo curioso. Uno no podría decir que sea una mala película ni que no esté apoyada en sólidas ideas de narración y de puesta en escena (efectiva, eficiente, desprovista casi de excesos, pura acción y reacción) pero de todos modos se vuelve monótona, cansina, repetitiva. Es un juego bélico en el que casi todas las acciones son similares unas a otras y solo los protagonistas parecen entender bien lo que está sucediendo. Una cosa es pensar, escribir y preparar una película que tenga todo para ser muy buena. Otra cosa es que salga bien.

No, no es una película sobre la famosa línea de ómnibus de larga distancia norteamericana. El «Greyhound» es el nombre en código de un barco (el USS Keeling) que, en plena Segunda Guerra Mundial, está encargado de liderar y proteger militarmente a una serie de otros navíos (tres de apoyo militar y 37 de cargamento y personal) que transportan materiales para las tropas aliadas en Europa desde Estados Unidos. Su recorrido puede ser «protegido» por aviones solo al principio y al final de su viaje por lo que en el medio quedan unos días en alta mar en los que la flotilla está a merced de posibles ataques de submarinos nazis. Y la película se centra en uno de esos viajes, en 1942, claramente de los más peligrosos. Y su comandante es un novato en estas lides: Ernest Krause (Hanks), un tipo serio y responsable pero nervioso por su inexperiencia.


La película va directo al asunto sin desarrollar prácticamente a ninguno de los otros personajes que viajan en el Greyhound, más allá de una breve presentación de Charlie, su segundo en comando (Stephen Graham) y Cleveland (Rob Morgan), el soldado afroamericano que le sirve las comidas. De hecho, a Krause apenas lo vemos dialogar con su prometida, Evie (Elisabeth Shue, en un rol demasiado breve) en un flashback que transcurre poco después de Pearl Harbour y antes de partir para su entrenamiento y su primer operativo, que tendrá lugar unos meses después. El quiere casarse antes y ella prefiere esperar a su regreso. Además de eso –y que es un hombre serio, religioso y profesional pese a su poca experiencia–, no se nos cuenta mucho más. De allí en adelante, el barco ya estará a merced de posibles ataques y todo habrá que resolverlo a través de la acción.

En el Greyhound (y en los otros barcos) hay decenas de otras personas, pero casi nada sabemos de ellas tampoco. Schneider no pierde el tiempo ni con presentaciones ni con las típicas escenas de camaradería entre la tripulación, como sí lo hacía la reciente THE OUTPOST, película con la que tiene varias similitudes, especialmente en su manera de contar a través de la acción. Económico y directo (dura apenas 90 minutos), el relato va sin rodeos a los hechos y enfrentamientos. Esto, que en los papeles suena como una manera directa, honesta y sin preámbulos de contar una historia bélica, en la película en sí termina volviéndose un poco confuso y monótono. Seguramente sin quererlo, no está muy lejos de parecer una adaptación de un videojuego.

Con una economía de recursos que seguramente aprendió de directores como Clint Eastwood (de hecho, hay elementos de SULLY dando vueltas en GREYHOUND), Hanks escribió un guión seco y al grano, lleno de jerga naval específica y órdenes que suenan tan realistas como, por momentos, incomprensibles. Es valorable la idea de no «explicar» demasiado al espectador cada cosa que se hace –se intenta dar una sensación casi de documental de lo que está pasando–, pero a la vez es imposible que uno no se pierda entre tantos soldados idénticos (de hecho, el propio Krause nunca parece recordar sus nombres), barcos amigos, enemigos y frases técnicas. Y el otro problema es que Schneider no es Eastwood y, visualmente, los combates se le vuelven excesivamente confusos ya que no posee la claridad visual expositiva del maestro. A tal punto lo es que en algunos momentos nos tienen que poner carteles para que sepamos cuál es cada barco.


La falta de organización del espacio y una banda sonora ostentosa que intenta darle al film un impacto emocional grandilocuente –que claramente no es lo que Hanks busca desde la personificación ni los diálogos– atentan también contra una película que, quizás en otras manos, podría haber resultado mucho más efectiva, ya que sus temas –el profesionalismo y el sacrificio de los soldados durante la Segunda Guerra– no solo son caros a la tradición del cine bélico de Hollywood sino que muchas de las mejores películas clásicas del género trabajaron esos ejes, como FUIMOS LOS SACRIFICADOS, de John Ford o HIDALGO DE LOS MARES, de David Lean, entre muchas otras.

Hay una extraña disociación entre lo que la película pretende ser y lo que es. En la segunda mitad del film los combates se vuelven más intensos y crecen tanto el peligro como las víctimas, pero por más que el riesgo sea cada vez más grande la confusión sigue reinando. Salvo, imagino, para algún espectador bien preparado en jerga naval que capte todas y cada una de las referencias que se hacen. Sobre el final, Schneider parece en cierto sentido retomar el control del tono del film y otorga esos momentos de discreto heroísmo que son muy caros al cine de Eastwood. Es una lástima que en los otros 80 minutos la sombra del maestro solo haya sobrevolado la película solo por arriba, como los aviones de la RAF que protegen a los barcos de los submarinos nazis.