Estrenos online: crítica de «Tesla», de Michael Almereyda

Estrenos online: crítica de «Tesla», de Michael Almereyda

Ethan Hawke, Kyle McLachlan y Eve Hewson protagonizan esta inusual biografía del famoso inventor e ingeniero en la que la recreación de época se mezcla con elementos actuales.

Cualquiera que haya visto alguna película de Almereyda sabrá que no se encontrará con una biografía convencional en TESLA. Y, en ese sentido, la conexión entre ambos tiene, además, otros sentidos. Tanto el cineasta independiente de películas como HAMLET 2000 o EXPERIMENTER como el creativo inventor que estuvo siempre adelantado a su tiempo y nunca logró el éxito en vida conectan por estar siempre cerca de la vanguardia y lejos del mainstream. Seguramente Almereyda –que escribió la primera versión de este guión sobre Nikola Tesla en 1983– se siente una suerte de «alma gemela» del ingeniero de origen serbio, ya que siempre trabajó por fuera del «sistema», apostando por romper los modelos formales del cine convencional.

Obviamente, TESLA iba a apostar por ese lado. La apariencia de estar viendo un drama de época de elegantes vestuarios y precisa reconstrucción de época se corta antes de los diez minutos. Narrada por Anne Morgan –la hija del banquero J.P. Morgan, que tenía una relación de amor no correspondido con Tesla–, la película corta con su ilusión de realidad cuando Anne (la actriz Eve Hewson, hija de Bono) le habla a la cámara con vocabulario contemporáneo y empieza a contar qué datos y fotos de Tesla se pueden encontrar en Google y en Wikipedia mientras los busca en su Mac. Pero eso es tan solo uno de los detalles que sacarán a la película de los procedimientos habituales.

Almereyda pone el eje en la complicada relación entre Nikola y Anne, en su tortuosa relación con el dinero, en la falta de concreción de sus ideas –en muchos casos más poéticas y elegantes que efectivas y económicas–, en su tensa y complicada relación con Thomas Edison –en muchos sentidos su opuesto y el «triunfador» en esta batalla de inventores, interpretado por Kyle McLachlan– y en su personalidad obsesiva y taciturna que no solo no le permitía conectarse con otras personas emocionalmente sino que lo fue llevando a pensar inventos cada vez más extraños y bizarros para la época, al punto tal que en la película se lo considera como alguien que anticipó lo que luego conoceríamos como internet.


Hawke encarna a Tesla con gesto serio, adusto y reconcentrado durante todo el film. Almereyda lo va rodeando cada vez más de circunstancias inusuales, pero eso no cambia: los escenarios se vuelven fondos pintados, la música que se escucha no se corresponde con la época (hay una escena de karaoke que hay que ver para creer) y el hombre empieza de a poco a dar a conocer ideas cada vez más extrañas que involucran a otros planetas y cosas por el estilo, pero lo más expresivo que verán de Hawke será su espeso bigote. El hombre no pierde la calma ni aún cuando la diva teatral Sandra Bernhardt parece querer conquistarlo.

El resto del elenco mantiene ese tono grave y oscuro que abarca a todo el film y que le da un tempo por momentos un tanto moroso. El propio realizador comentó la fuerte influencia del cine de Derek Jarman en esta película y eso se nota en la combinación entre lo experimental de la forma y la gravedad del tono. EXPERIMENTER, una película suya de 2015 que también tenía como protagonista a un complicado inventor, funcionaba de manera similar aunque, por la propia lógica de los experimentos sociales que se practicaban allí, generaban mayor tensión y suspenso.

TESLA es más apreciable como idea de acercamiento a este tipo de historias que apasionante por su desarrollo. Almereyda reitera varias veces el mecanismo de poner a Hewson hablando a cámara citando datos googleables de la vida de Tesla y sus contemporáneos (cuando habla de la relación con su padre J.P. Morgan uno espera que haga alguna referencia al cantante de U2) y eso, que resulta simpático como recurso formal, muchas veces frena la evolución dramática de los personajes.

Pero la película tampoco busca avanzar con los esquemas narrativos clásicos usando el típico «arco dramático» de los principales protagonistas ni se limita a resolver todo vía obvios esquemas binarios, de héroes y villanos. Tesla no es un marginal obtuso que no entra en el sistema por rebelde o porque no quiere resignar posturas. No llega a ser un antihéroe al estilo Tucker ni la historia está planteada como la del reconocimiento y validación de un científico peculiar (como lo fue en las oscarizables películas sobre Alan Turing o John Nash). No, Tesla es un personaje fascinante y oscuro, caprichoso y brillante, inescrutable y genial. Y esas mismas características son las que tiene esta película que lo recuerda y homenajea en todas sus contradicciones.