Series: crítica de «Ramy», de Ramy Youssef (Hulu)

Series: crítica de «Ramy», de Ramy Youssef (Hulu)

Esta serie con tintes autobiográficos se centra en un joven musulmán, norteamericano de origen egipcio, que lidia con los conflictos entre llevar una vida de acuerdo a principios religiosos y las tentaciones de una vida laica.

Creada, protagonizada, producida y, en varios episodios, dirigida por Ramy Youssef –y con ya dos temporadas encima–, RAMY es una de esas series que parece existir para probar esa frase hecha que dice «pinta tu aldea y serás universal». Se trata de una comedia dramática muy precisa acerca del mundo que describe –y los personajes que la habitan– y es exactamente esa precisión la que la vuelve accesible. Seguramente gran parte de los espectadores no tengan que pasar por las complejas tribulaciones que debe atravesar Ramy Hassan –el personaje de ficción que Youssef encarna en una serie con muchos elementos autobiográficos– en su vida cotidiana, pero en lo esencial la problemática es central a todos: cómo manejarse en medio de las contradicciones que existen entre el placer y el deber, entre la obligación y el deseo, entre los mandatos familiares y los del mundo exterior. Finalmente, lo que RAMY se y nos pregunta es si existe algo así como una manera de «ser buena persona».

La serie transcurre en el seno de una familia de origen musulmán que vive en Newark, New Jersey. Los padres de Ramy y de su hermana Dena son inmigrantes que llegaron a Estados Unidos desde Egipto pero ellos han nacido allí y, si bien él ronda los treinta y ella los veintipico, viven con sus padres y todo parece indicar que solo se irán de la casa familiar una vez casados. Farouk y Maysa, los padres, no son particularmente religiosos pero sí se los podría definir como «tradicionalistas»: respetan ciertas costumbres y hábitos –otros los tienen adquiridos, heredados familiarmente– y algo similar pasa con Dena, aún menos comprometida con la religión. Ramy es distinto, ya que parece tener un acercamiento más fuerte al Islam. Y suele recurrir a su lado religioso especialmente cuando su vida más «americanizada» se le complica.

No creo que valga la pena contar las diversas situaciones y problemas en los que se mete Ramy a lo largo de estos veinte episodios de alrededor de media hora cada uno en los que se desarrollan las dos temporadas. Pero el eje en general está puesto en los conflictos del protagonista entre sus deseos –especialmente sexuales y en algunos casos románticos– y las limitaciones que la religión le impone y que él intenta asumir como propias. Dos de sus amigos son también musulmanes (uno muy practicante y responsable, el otro un poco más «chanta») y su gran compañero, uno que tiene desde la infancia, es Steve, un muchacho con distrofia muscular, que necesita su ayuda y compañía para muchas cosas, algunas de las cuales entran en conflicto con ciertos mandatos religiosos de Ramy.


La primera temporada sirve para ir presentando los personajes, la situación y el tono que manejará la serie, que tiene elementos cómicos pero que esencialmente plantea conflictos dramáticos muy fuertes. En las dos temporadas, lo que RAMY como serie hace es dedicar una buena parte de sus episodios a los otros personajes, transformando en protagonistas a los que usualmente son secundarios. Su hermana Dena tiene un episodio por temporada, lo mismo que su madre Maysa (encarnada por la gran actriz palestina Hiam Abbas, la misma de SUCCESSION) y hay un episodio centrado en su padre y otro en su tío Naseem, el hermano de Maysa, quizás lo más parecido a un «comic relief» que tiene la serie, un bastante insoportable personaje que ama a Trump, es racista, antisemita, anti-inmigrantes, entre otras cosa que ya descubrirán.

De esa manera, RAMY la serie se diferencia del Ramy personaje, cuyo mayor problema es su egocentrismo. Es la clase de persona que tiende a tomar decisiones en función de sus necesidades sin tener mucho en cuenta lo que les sucede a los demás, lo cual lo lleva a meterse en situaciones incómodas y dolorosas. Uno cree que a lo largo de las dos temporadas, Ramy podrá llegar a algún tipo de aprendizaje a partir de las experiencias vividas y las lecciones del Corán, pero no es tan así. Y Youssef tiene el coraje de interpretarse como un tipo que, más allá de sus en principio honestas intenciones, la mayoría de las veces termina lastimando a gente, incluyéndose a sí mismo.

En la segunda temporada el peso de la religión es aún mayor ya que Ramy, para superar una complicada situación amorosa de la temporada anterior, decide que la mejor manera de hacerlo es ser aprendiz de un sheik sufí (magistralmente encarnado por Mahershala Ali), lo cual lo lleva a vivir de manera aún más complicada y tortuosa los choques entre su fe y el mundo exterior. Ramy trata de vivir su vida de acuerdo a rigurosos preceptos (jamás toma alcohol ni drogas, por ejemplo), pero suele salir con sus amigos y tener relaciones con mujeres, lo cual pareciera formar parte de cierta forma sexista de abordar la religión. Y eso, en algún momento, hará eclosión. Lo mismo que sus fallidos intentos por ser «solidario» que suelen tener que ver más con satisfacer su propio ego que con realmente ayudar a otros.

RAMY es tremendamente precisa respecto a los rituales religiosos del Islam. Y lo hace sin necesidad de «traducirlos» para un público no conocedor. La serie va y viene del inglés al árabe de una manera muy natural y el espectador entra sin problemas en ese creíble sistema de funcionamiento familiar y de relaciones. Si bien tiene sus episodios ligados a escenas de discriminación, el centro de la serie no pasa por ahí. Sí, hay muchas situaciones incómodas que él y su familia deben vivir (un episodio es un flashback a su infancia cuando fue el atentado a las Torres Gemelas, otro se centra en la madre tratando de sacar la ciudadanía estadounidense), pero el eje no está puesto ahí. Está en las dificultades de Ramy para lidiar con esos dos polos que parecen tironearlo hacia lugares opuestos entre sí. Y su torpeza a la hora de manejarse.

Formalmente la serie tiene un registro urbano, callejero, de granulosidad fílmica (o al menos de imitación de look celuloide) que me hace recordar a series como LOUIE, que también lidiaba con asuntos similares si bien en una persona de otra generación. También se la puede comparar con otra serie que transcurría en la misma zona como LOS SOPRANO. Y si bien a primera instancia no parecen tener nada que ver los problemas que tienen y el mundo en el que viven unos y otros, el conflicto central de Tony Soprano y de Ramy Hassan es bastante similar: el turbulento viaje de ambos, lleno de piedras en el camino, para convertirse en buenas personas. En tipos justos, decentes, generosos, honestos. Uno lo hará mediante la terapia y el otro a partir de la religión, pero es claro que ambos necesitan resolver asuntos que no les permiten vivir sus vidas de manera plena.

RAMY es, finalmente, una serie que puede ser muy divertida en un momento, muy emotiva en el siguiente y tremendamente triste un poco después. Y los guionistas y directores manejan por lo general muy bien esas transiciones. Es cierto que, en algunos momentos, la necesidad de alivianar situaciones con chistes o enredos se siente un poco forzada (especialmente en función del realismo al que la serie apunta), pero es algo habitual en este tipo de shows que tranquilamente podrían ser dramas hechos y derechos. De todos modos, el humor no molesta. Al contrario, sirve para conectarnos mejor con los personajes, entendiendo que aún los momentos más densos y graves que les toca vivir están teñidos de circunstancias absurdas y ridículas. Y que ellos mismos se ríen de tener que atravesarlas.

Es una gran serie RAMY, un descubrimiento de esos que últimamente hay pocos entre cientos de series de TV cada vez más preformatedas. En algún punto se la puede comparar con I MAY DESTROY YOU, otra serie sorprendente y alejada de todo formato convencional, que también logra llegar lejos pintando un mundo muy específico, teniendo protagonistas con aristas muy complicadas y no limitándose a seguir las rutas ya trazadas. Es más que recomendable.


Al momento no hay ningún canal o plataforma de streaming que de RAMY legalmente en Argentina, ya que Hulu no funciona todavía aquí. Así que, al menos por ahora y desde acá, no hay otra forma de verla que buscándola por internet.



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