Estrenos online: crítica de «Yendo con todo: la lucha por la democracia», de Liz Garbus y Lisa Cortés (Amazon Prime)

Estrenos online: crítica de «Yendo con todo: la lucha por la democracia», de Liz Garbus y Lisa Cortés (Amazon Prime)

Este documental cuenta cómo a lo largo de la historia se ha tratado de suprimir el derecho a votar en los Estados Unidos haciendo que cada vez sea más complicado poder hacerlo. Un documental urgente que prende la alarma sobre lo que puede suceder en las inminentes elecciones a presidente y que intenta ser un llamado a que la gente se registre para votar.

Las películas «oportunas» suelen ser miradas con desconfianza. Al menos por la crítica, quien rápidamente sospecha que si una película se estrena en el momento adecuado para causar impacto –más tratándose de un documental– seguramente no fue realizada con el cuidado y la seriedad necesarios. Se asume que tiempo y oportunidad no funcionan necesariamente de la mano. Y si bien es cierto que hay muchísimos films que permiten sostener esa teoría (muchos de los que salen rápidamente para explotar comercialmente un tema del que se habla), hay otros que funcionan igualmente bien.

Quizás haya que pensar que el tema, la fecha y el potencial problema estaban anunciados con tanto tiempo que no hizo falta más que calcular esta cita de entrada y planificar el estreno para ahora. YENDO CON TODO (no del todo efectiva traducción del original «All In«) es una película pensada para salir ahora ya que pone sobre la mesa un tema urgente: la supresión de votantes a los largo de la historia de los Estados Unidos. A un mes y medio de las nuevas elecciones y con un presidente que ya ha dejado en claro que no teme usar trucos por lo menos discutibles para ganarla –o para no reconocer una muy posible derrota–, es un tema que hace falta darlo a conocer.

La película va y viene en el tiempo por este hábito un tanto periodístico que tiene el documental estadounidense que puede explicarse, básicamente, como «temor a que el público se aburra». Y es por eso que, en lugar de contar cronológicamente las mil historias ligadas a las limitaciones y complicaciones para ejercer el voto en los Estados Unidos, Garbus y Cortés «actualizan» esa historia con el otro eje narrativo que es la elección a gobernador en Georgia en 2018, que prácticamente termina en caos por este tipo de problemas.


Si bien Estados Unidos se considera a sí mismo algo así como el ejemplo mundial de la democracia, su sistema electoral es complicadísimo y parece estar pensado para que la gente no vote. La película deja en claro lo que todos sabemos: menor cantidad de votantes, mayores posibilidades de que el establishment (los republicanos, digamos) continúe en el poder. Y las evidencias están a la vista. A lo largo de la historia las minorías étnicas, los pobres, los ex presidiarios (y ni hablar de las mujeres, pero esto fue mundial) y, en general, todo aquel votante que pueda torcer la balanza hacia otro lado ha tratado de ser disuadido, de mil modos, de votar.

Al comenzar con el «experimento democrático», los esclavos no votaban pero, un tiempo después de liberados, empezaron a hacerlo. Hasta que un cambio en las leyes sureñas sirvió para dificultar esa posibilidad, obligando a los votantes afroamericanos a exámenes de lectura o un impuesto impagable, entre otras dificultades. Al día de hoy, los ex presidiarios siguen sin poder votar, lo que comprende a una enorme cantidad de gente, con alta proporción de personas de color. En la década del ’60, tras muchas luchas, se pasó el Voting Rights Act que fue eliminando algunas de esas medidas centenarias, pero eso no alcanzó ya que las trabas específicas que se les siguieron poniendo, especialmente a los votantes de menores recursos, continúan y se fueron acrecentando a partir de una decisión absurda de la Corte Suprema en 2013. No vale la pena contar las trabas que existen. Es mejor que las descubran viendo la película. Pero son tantas y tan específicas que realmente parece una broma estar hablando de una democracia sólida y funcional.

En Estados Unidos el voto no solo no es obligatorio sino que hay que registrarse para votar. Pero eso es lo más sencillo. Los problemas empiezan después y cada estado (especialmente los de mayoría republicana) tiene los trucos más insólitos para impedir que la gente vote. Desde los más básicos –personas registradas que no aparecen, documentos que no funcionan, máquinas caídas, cada vez menos lugares de votación y así– hasta algunos diabólicamente complejos. Hay uno en particular –que incluye el envío por correo de una confirmación de domicilio que debe ser devuelta– que es casi maquiavélico. Si a eso se le suman los miedos instalados ahora por Trump de que los votos por correo son sospechados de ser «fraguables», quién sabe cómo terminará ese asunto.

El documental funciona como un llamado a la gente a ocuparse del temita este de votar antes de que sea demasiado tarde y estén cinco horas haciendo cola en medio de una pandemia para llegar al lugar de votación y enterarse que, por algún ridículo detalle, no pueden hacerlo. Las evidencias son bastante contundentes de que esto es posible. Y el caso de Georgia 2018, en el que la candidata a gobernadora del Partido Demócrata Stacey Abrams –casi la protagonista del documental, una mujer de la que seguramente escucharemos hablar mucho más– fue víctima directa de las mil trampas que se le pueden hacer al sistema, es una prueba de que todo parece armado para otra situación similar en noviembre. Especialmente si, como todo parece indicar, la diferencia de votos entre los candidatos no va a ser muy grande.

YENDO CON TODO es un llamado a votar. Más claramente, es un llamado a votar contra Trump. No hay mucha sutileza ni elegancia ni opiniones en contra de lo que aquí se explica, salvo para ridiculizarlas. El documental no lo dice directamente, pero –considerando la cadena de héroes y villanos que se muestran– no hay dudas que esa es su intención. A lo largo de la historia fueron los republicanos los que entendieron que dificultar el acceso a votar era una manera de tener más posibilidades de gobernar. A tal punto lo hicieron carne que consiguieron convencer a buena parte de la gente de que votar no tenía sentido alguno ya que hoy son muchos los que piensan que ningún político podrá hacer algo para mejorar sus vidas. Y si se analiza lo que ha cambiado demográficamente los Estados Unidos, no hay dudas que en noviembre intentarán hacerlo con aún más fuerza. Cuanto menos gente vote, más chances habrá de que todo siga igual. O peor.