Festival de Toronto: crítica de «Fireball: Visitors from Darker Worlds», de Werner Herzog y Clive Oppenheimer

Festival de Toronto: crítica de «Fireball: Visitors from Darker Worlds», de Werner Herzog y Clive Oppenheimer

En este fascinante documental de exploración, el realizador alemán investiga sobre los meteoritos que han dejado sus impactantes huellas sobre la Tierra a lo largo de su historia. Una colección de observaciones científicas, místicas y profundas pero también muy humanas y graciosas. Se verá por AppleTV+

Se ha dicho decenas de veces, pero vale la pena repetirlo una vez más. Para todo admirador del cine de Werner Herzog no hay mejor bienvenida a uno de sus documentales que escuchar su voz en inglés con su característico y espeso acento alemán. De algún modo, a lo largo de los años, esa voz empezó a representar algo así como la seguridad de saber que estamos en buenas manos. En FIREBALL, otro de sus recorridos internacionales a la manera de un James Bond científico, el maestro alemán –en colaboración con el especialista Clive Oppenheimer– investiga el tema de los meteoritos que han caído a la Tierra, de los más grandes a los más peculiares, viajando por el mundo y filmando las conversaciones que Oppenheimer tiene con los especialistas de todo tipo que se relacionan con el tema, incluyendo a algunos personajes bastante curiosos, como le gustan al director.

La fascinante manera en la que Herzog se acerca a este tipo de fenómenos y personajes lo hacen único como cineasta ya que logra tomarse todo con extrema seriedad y a la vez con un humor y liviandad que son bienvenidos. Dos escenas de FIREBALL resumen a la perfección ese sistema. En una isla ubicada entre Australia y Papúa/Nueva Guinea, en la que este tipo de fenómenos tiene características místico-religiosas, a Herzog le arman un baile ritual folclórico y el director logra filmarlo con cariño sin dejar de contar y mostrar que hace 50 años que nadie hacía ese baile y que lo prepararon y ensayaron solo porque el equipo de rodaje llegó hasta ese olvidado paraje. Y en la zona del famoso cráter de Chicxulub, el meteorito que supuestamente acabó con los dinosaurios sobre la Tierra, no puede evitar mostrar lo decadente que se ha vuelto ese resort turístico e incluso detenerse en los perros abandonados (y muertos) del lugar.

Y hay muchos ejemplos más así, pero no estamos ante un registro paródico ni mucho menos. Es la manera en la que el realizador de GRIZZLY MAN –entre muchísimas otras– encuentra para dejarse llevar por las místicas conexiones que realizan los entrevistados del film sin perder de vista el carácter obsesivo de muchos de estos personajes, lo que los torna humanos. Cuando un grupo de científicos coreanos en la Antártida salta, llora, grita y se emociona al toparse con un meteorito apenas más grande que una pelota de fútbol uno no puede más que alegrarse por ellos, por más excesivo que le pueda parecer a uno el festejo.


Así la película va pasando de grandes eventos de este tipo –el de Mérida, un enorme cráter en Australia, otro en la India sobre el que se han construido templos y así– a científicos e investigadores que analizan distintos fenómenos específicos ligados al tema. Y la película logra ir de los grandes temas –de la desaparición de los dinosaurios a la posibilidad de que los seres humanos existan solo a partir del «polvo de estrellas» pasando por la idea de que la Piedra Negra de la Meca islámica tenga como origen a un meteorito– a los particulares y específicos de cada situación: un coleccionista de micrometeoritos que es también músico de jazz, una que investigan la relación de los mayas con estos fenómenos en relación a la muerte, unos científicos alemanes cuya especialidad supera mi capacidad de descripción, dos hawaianos que hacen guardia 24 horas al día para ver movimientos preocupantes en el espacio y un religioso que es también astrónomo y que, cuando le preguntan qué haría si ve por el telescopio que un meteorito se acerca a la Tierra, contesta: «Rezar».

De entrada Herzog hace uno de sus típicos planteos ampulosos y grandilocuentes que suenan igualmente creíbles: posiblemente más temprano que tarde uno de estos meteoritos enormes caerá sobre la Tierra y acabará con la vida tal como lo conocemos. Habiendo atravesado ya meses de una inimaginable pandemia, uno puede empezar a creer no solo que eso es posible sino que seguramente la bola caerá sobre nosotros en muy poco tiempo. E imagino que, mientras todos corremos desesperados tratando de ponernos a resguardo de una muerte segura, Herzog seguirá con la cámara encendida filmándolo todo hasta que el fin del mundo se lo lleve puesto.


La película será estrenada por AppleTV+