Festival de Toronto: crítica de «The Inheritance», de Ephraim Asili

Festival de Toronto: crítica de «The Inheritance», de Ephraim Asili

por - cine, Críticas, Festivales
15 Sep, 2020 08:40 | Sin comentarios

De carácter ensayístico y experimental, esta opera prima presentada en la sección Wavelengths se centra en lo que sucede dentro una comuna afroamericana que recoge experiencias políticas y artísticas del pasado y las recupera para el presente y el futuro.

Sin dudas la película más desafiante y original de las vistas hasta ahora en el Festival de Toronto –está en la sección Wavelengths, dedicada a ese tipo de cine, después de todo–, THE INHERITANCE es un film que lidia con el presente y el pasado tanto en lo que respecta a sus temas como a su forma. O, por decirlo de otro modo, que analiza cómo el pasado afecta social, política y estéticamente al presente. Es la historia de una comuna de activistas afroamericanos que se agrupan en una casa en Filadelfia heredada por uno de ellos de parte de su abuela, que también fue militante y participó de un similar movimiento en los ’70.

La película, que juega también por ese lado de «la herencia» al combinar formalmente un estilo de clara inspiración godardiana (especialmente LA CHINOISE, referencia que se admite de entrada ya que el póster de esa película preside sobre todos los eventos desde una pared) con otros más ligados a autores afroamericanos como Charles Burnett y Spike Lee, comienza con las formas más evidentes de esa transmisión de saber: los discos, revistas y libros que la abuela de Julian (Eric Lockley) le ha dejado y que incluyen raros álbumes de jazz, discursos políticos grabados, libros de poesía y teoría política y varias colecciones de revistas de la época.

Julian lleva a su novia Gwen (Nozipho Mclean) a la casa y pronto empieza a reunir allí a personas cercanas, amigos y compañeros militantes. Casi una decena de personas se muda ahí: músicos, poetas y artistas que, además de defender las imaginables causas políticas desde una perspectiva marxista, se dedican a hacer una suerte de conservación y difusión cultural de esa herencia recibida, además de producir la suya propia. En un film que no avanza narrativamente de maneras tradicionales –lo suyo son los debates, las lecturas de poemas, interpretaciones musicales, más conversaciones y la cotidianidad de esa militancia– lo que Asilim intenta es pintar un universo vivo, que late y que intenta dejar su marca en la historia.


La película utiliza muchos recursos que le hemos visto usar a Spike Lee, como las imágenes tipo inserts que resaltan libros y discos, solo que aquí ese tipo de composición no busca ser leída de manera tan literal como a veces sucede en los films del director de DA 5 BLOODS –en los que por momentos se transforman en una Wikipedia afroamericana– sino que tratan de iniciar un diálogo que solo puede completarse con lecturas más complejas y abarcadoras.

El centro (los centros, en realidad) narrativo de la película pasa por varios frentes. Por un lado, por las tensiones internas de la comuna, muchas de las cuales las dispara Rich, un viejo amigo de Julian no tan politizado que no termina de sentirse del todo cómodo dentro del grupo y tiene problemas con Gwen. Por otro lado, por la conexión que esta nueva comunidad tiene con la historia afroamericana, especialmente con MOVE, una verdadera agrupación social, cultural y política que existió verdaderamente en los años ’70 y ’80.

La película irá yendo y viniendo a través de esos ejes temáticos, con los protagonistas leyendo (a cámara) partes de clásicos libros políticos o textos sobre la experiencia afroamericana. A la vez, los militantes de los ’70 (reales) se harán presentes para contar sus historias, leer poemas y ser parte de los momentos musicales y de danza que se generan en esa casa que toma por nombre House of Ubuntu, en honor al filosófico concepto africano que puede traducirse como lealtad o unidad y que representa la lucha por «el bien común».

De carácter ensayístico, experimental, por momentos performativo, el film de Asili funciona como un ejercicio formal que pone en discusión y actualiza la influencia de esos hitos heredados a través de una nueva generación que pueda ser capaz de retomarlos y reinterpretarlos. THE INHERITANCE es más que un catálogo de objetos y de eventos del pasado presentados al espectador a la manera de un museo sino que la intención del film es generar nuevos significados para esa herencia, que aparece por momentos en imágenes de archivo, como los ligados a la campaña política de Stacy Chisholm en los años ’70 y a los enfrentamientos raciales de la época.

Lo mismo pasa con las influencias cinematográficas a las que la película recurre. Está el Godard más político en la puesta en escena, el carácter performático del cine de Straub-Huillet, la relectura brechtiana/marxista de los modos de representación institucional de los años ’70 y todo el bagaje del cine afroamericano que es parte integral de la experiencia. Pero más allá de las referencias directamente citadas, THE INHERITANCE funciona allí también como un mixtape (¿otro BLACK POWER MIXTAPE?) de citas, teorías e influencias desde la puesta en práctica. La herencia transformada en experiencia.