Series: reseña de «Fargo: Temporada 4 – Episodios 1-2», de Noah Hawley (OnDIRECTV)

Series: reseña de «Fargo: Temporada 4 – Episodios 1-2», de Noah Hawley (OnDIRECTV)

La nueva temporada de la serie inspirada en la película de los hermanos Coen se centra en conflictos mafiosos y raciales que tienen lugar en Kansas City en los años ’50. Con Chris Rock, Jason Schwartzman, Jessie Buckley y Ben Whishaw.

A lo largo de cuatro temporadas –o, al menos, de tres y lo que ya se vio de la cuarta–, FARGO ha logrado convertirse en un producto propio y distinguible, que toma algunos elementos de la película original (más que nada cierto tono, la excentricidad de algunos personajes y accesos de brusca violencia) pero que ya ha abandonado no solo la zona de Minnesota/North Dakota sino casi toda relación con los personajes de la propia serie. Se sabe que tarde o temprano aparecerán conexiones quizás menores entre personajes de una temporada con los de otra, pero el eje no pasa por ahí.

Esta temporada parece poner el acento de manera fuerte en asuntos raciales. O, por decirlo de otro modo, en lo que se da por llamar el «racismo sistémico» (o institucional) en los Estados Unidos. En la original prehistoria de los cambios en la mafia de Kansas City, Missouri, donde transcurre la temporada, Noah Hawley nos introduce en ese recorrido migratorio, contando cómo entre 1920 y 1950 distintas comunidades (la judía primero, la irlandesa después, para de ahí pasar a la italiana y luego a la afroamericana) fueron peleando por el control del crimen organizado como forma de establecer una base económica fuera de los circuitos oficiales de poder. Y cuando una minoría lograba «asimilarse» en la comunidad, el control pasaba –no sin peleas previas– a la siguiente.

Ese lazo intercomunitario Hawley lo representa a través de los hijos. Los pactos que los inmigrantes solían hacer ante situaciones de potencial conflicto incluían «entregar» la tenencia de un hijo a la comunidad rival como intento de asegurarse que no habría una masacre entre unos y otros. Se trata de un recurso que no alcanzará para mantener la paz y que, tarde o temprano, llevará igualmente al caos, poniendo muchas veces a los mismos chicos a lidiar con fidelidades cruzadas. Eso queda más que claro en ese repaso de la historia del crimen organizado de Kansas que ocupa los primeros veinte minutos del episodio 1 y que deparará en que un personaje se llame Rabino Milligan (Ben Whishaw) y que sea parte… de la mafia italiana.


La serie se centra, en principio, en el conflicto entre la organización criminal italiana que controla el lugar y la afroamericana que viene creciendo y tiene intenciones de quedarse con una cierta porción de poder, especialmente a partir de la extraña muerte del capo de los Fadda. Pero el enfrentamiento entre ellos –que tienen a Jason Schwartzman y a Chris Rock como sus respectivos líderes, más algunos secundarios de peso que seguramente tendrán roles claves en la historia– es solo una de las capas de este entramado socioeconómico y racial. Es que ambos se enfrentan también con la «sociedad blanca» (políticos, empresarios, policías, médicos y hospitales) que los viven marginando, utilizando y menospreciando.

En paralelo a los conflictos entre los Fadda y los Cannon, FARGO 4 se centrará en otra serie de personajes que también funcionan por los mismos carriles y que hasta ahora se han cruzado solo ocasionalmente con los otros, aunque de maneras decisivas. Oraetta Mayflower (Jessie Buckley, la protagonista de PIENSO EN EL FINAL, encarnando aquí al típico personaje excéntrico y en este caso bastante peligroso que viene de Minnesota) es una enfermera del hospital público de la ciudad, que parece muy educada y amable pero acaso esconda a una sociópata criminal. Frente a su casa vive la familia Smutny, que maneja una funeraria y tiene la rara particularidad –para esa época– de ser mixta: padre blanco y madre negra. La hija de ambos, Ethelrida (E’myri Crutchfield), de facciones aún más oscuras que su propia madre, es la que relata e interpreta los hechos y la que establece una relación potencialmente problemática con la extravagante enfermera.

Planteada como está, la serie parece apuntar a que los conflictos se desarrollarán –a veces de un modo un tanto subrayado– dentro de este universo de enfrentamientos raciales en los que los supremacistas blancos van generando una suerte de derrame de odio que luego se extiende entre las propias minorías. En solo dos episodios ya hubo por lo menos cuatro escenas violentísimas con un enorme caudal de muertos y algunas más discretas en cantidades de sangre pero igualmente perturbadoras. Y si bien tiene elementos cómicos (negrísimos, pero cómicos al fin, como uno que involucra un impresionante flatulencia), por ahora la temporada parece registrar en una zona más dramática que las anteriores.


Tampoco, al menos hasta el momento, Hawley ha dado lugar a momentos de fantasía o casi delirio (¿recuerdan los ovnis?) que aparecían en temporadas anteriores. Lo que sí sigue haciendo es incorporar algunos personajes rocambolescos, varias selecciones musicales inesperadas y recursos de montaje (dividir la pantalla en dos o tres barras horizontales con distintos eventos uno abajo del otro) muy poco usuales. Se puede decir que, de todas las temporadas vistas, esta parece al menos hasta ahora la más «clásica» de todas: un drama gangsteril de los años ’50 en una zona fuertemente racista de los Estados Unidos.

De todos modos, algunas escenas, ciertos diálogos y, especialmente, algunos personajes, dejan entrever que tarde o temprano la temporada abandonará ese clasicismo a lo EL PADRINO o EL IRLANDES para adentrarse en zonas un tanto más extrañas y potencialmente insólitas. Lo cierto es que, así como está planteada en sus primeros dos episodios, resulta un retorno más que bienvenido. En medio de tantas nuevas series olvidables e intercambiables, se aprecia muchísimo el regreso de un show pensado, escrito y ejecutado con la mano firme y los conceptos claros (narrativos, estéticos y, aparentemente, también políticos) de quienes hacen FARGO.


La cuarta temporada de FARGO podrá verse en Argentina (y en varios países más de América Latina) a través del canal OnDIRECTV. El 11 de octubre se emitirán los dos primeros episodios.