Estrenos online: crítica de «Terminal Sud», de Rabah Ameur-Zaïmeche (Mubi)

Estrenos online: crítica de «Terminal Sud», de Rabah Ameur-Zaïmeche (Mubi)

Esta película del realizador franco-argelino se centra en un doctor que, en un país de Medio Oriente al que nunca se nombra, se ve tironeado por las dos fuerzas políticas que se disputan violentamente el poder. En la plataforma Mubi están disponibles además tres de sus películas anteriores.

A mitad de camino entre una película de denuncia política al estilo Costa Gavras y un drama más metafórico y hasta abstracto sobre la situación en algunos países de Medio Oriente, TERMINAL SUD tiene la particularidad de jamás dar a conocer el nombre del país en el que se desarrolla la historia ni cuáles son las fuerzas que se enfrentan con la intención de controlarlo políticamente mediante la violencia. Un muy buen chiste sobre una marca de teléfonos celulares argelinos («son los mejores en relación precio-calidad… pero tienen un problema», arranca la broma) y la propia nacionalidad del realizador podrían dar a entender que la historia transcurre en Argelia. Pero la intención del director es la opuesta: que ese país pueda ser cualquiera. A tal punto que por momentos es claro que hay escenas filmadas en Francia y uno hasta supone que, indirecta y sutilmente, Zaïmeche podría hasta dar a entender que también estas cosas podrían pasar ahí.

TERMINAL SUD –estrenada mundialmente en el Festival de Locarno 2019– se centra en un doctor (Ramzy Bedia, un comediante aquí cambiando radicalmente de género) que está tironeado en medio de una situación política en la que dos extremos se enfrentan entre sí. Nunca se dan nombres de organizaciones ni nada por el estilo pero parece quedar claro que estamos ante una batalla entre paramilitares y revolucionarios. Y serían estos últimos (o algunos que se hacen pasar por ellos) quienes aparecen de entrada robando las valijas de los pasajeros de un bus. La situación empieza a escalar cuando se hace una denuncia en un medio local y pronto los periodistas de ese diario son secuestrados o baleados.

Nuestro protagonista se involucra directamente en el tema ya que el periodista baleado no solo es su cuñado sino que se muere en su mesa de operaciones. Pero no es un tipo comprometido políticamente. Se enorgullece en hacer su trabajo de médico sin mirar a quien y no se imagina que eso podrá traerle problemas después. Es evidente, también, que no está llevando psicológicamente demasiado bien su tarea ya que está bebiendo de más, algo que empieza a complicar su relación con su mujer y con otras personas. Un cirujano alcohólico no es mucha garantía que digamos…


De a poco irán metiéndolo más y más adentro de los enfrentamientos, casi convertido en una figura simbólica llevada por los vientos políticos del momento. Si el grupo revolucionario necesita un doctor para curar a alguien bien pueden usarlo a él para eso. Y si los paramilitares se enteran que hizo eso, seguramente no le creerán que no es parte de esos grupos que los enfrentan. TERMINAL SUD parece hacerse la pregunta –a veces de manera un tanto obvia y subrayada– de si es posible mantenerse al margen de este tipo de disputas violentas, ya que de todos modos uno u otro se lo terminarán llevando puesto al torturado hombre.

Zaïmeche tampoco pone, ideológicamente, a un grupo por encima del otro. O eso parece. No hay reclamos específicos ni reivindicaciones concretas ni banderas a ser levantadas. En el concepto abstracto que maneja la película son dos bandos enfrentados y no se demuestran simpatías ni preferencias por ninguno de los dos. El eje pasa por el doctor, tironeado por las presiones familiares y su «juramento hipocrático», por un lado, y por las políticas y laborales por el otro, lo cual lo deja en medio de un laberinto sin aparente salida alguna.

La película del director de DERNIER MAQUIS, nacido en Argelina pero radicado en Francia desde que es niño, combina de manera no siempre del todo cómoda esas dos maneras de acercarse al cine político de denuncia. Si bien la tensión que se genera está bien lograda y uno puede sentir las dificultades del personaje para sobrevivir en medio de tantos tironeos, la decisión de que el conflicto sea absolutamente abstracto no siempre favorece a esa forma más dramáticamente clásica del relato. Es que no se trata de una película poética o reflexiva sobre la idea de los conflictos políticos en los países del Norte de Africa en la que ese grado de abstracción podría haber funcionado bien, sino un tipo de thriller que se volvería más tenso y urgente de suceder en un universo un poco más concreto.

En ese sentido, la película tiene algunos puntos en común con TRANSIT, de Christian Petzold, que llevaba una trama de la segunda guerra mundial a la Francia contemporánea creando un raro desfasaje temporal. Pero aquella película tenía referencias más claras respecto a los lados en conflicto, permitiendo identificar a cada uno de ellos. Acá hay una suerte de igualada «teoría de los dos demonios» funcionando todo el tiempo, sin reivindicaciones ni motivaciones, que hacen que la película por momentos funcione en una suerte de vacío político. Al que sí le funciona esa confusión de bandos y uniformes es al protagonista, ya que para él sí parecen ser lo mismo y preferiría estar tan alejado de unos como de otros. El problema es que, juramentos hipocráticos de por medio o no, en algún momento no le quedará otra que lidiar con el mundo real.


Además de TERMINAL SUD (2019) están también disponibles en la videoteca de Mubi tres películas previas del director: WESH WESH, QU’EST CE QUI SE PASSE? (2001), DERNIER MAQUIS (2008) y STORY OF JUDAS (2015)