Estrenos online/Festivales: crítica de «12 Hour Shift», de Brea Grant (Sitges)

Estrenos online/Festivales: crítica de «12 Hour Shift», de Brea Grant (Sitges)

Esta comedia negra dirigida por la actriz de la serie «Héroes» se centra en un turno nocturno de un hospital en el que se cometen algunas actividades ilegales. Angela Bettis y Chloe Farnworth protagonizan esta comedia estrenada el 2 de octubre en Estados Unidos y que pronto se verá en el Festival de Sitges.

Efectiva comedia negra –o roja, habría que decir, en función de la cantidad de sangre–, 12 HOUR SHIFT es el segundo film como directora de la actriz Brea Grant, a quien algunos recordarán de la serie HEROES. A los 38 años –y con una filmografía de títulos poco destacables y apariciones ocasionales en series de TV–, Grant parece haberse decidido, inteligentemente, a llevar adelante sus propios proyectos, tanto como guionista de películas de otros (ver LUCKY, de Natasha Kermani, film de terror que pasó por SXSW en el que también actúa) como filmando las propias, además de escribir novelas gráficas. A juzgar por los resultados de su «Turno de 12 horas» está claro que estamos ante una directora que conoce y maneja muy bien el territorio.

La película transcurre en 1999 y se desarrolla casi por completo en un hospital de Arkansas. Mandy (Angela Bettis, casi veinte años después de MAY) es una enfermera bastante harta de su trabajo, que abarca turnos de doce horas a los que sobrevive con algunas ayudas químicas. Otra manera en la que Mandy suma a su esfuerzo laboral es mediante un «currito» paralelo: vendiendo riñones de pacientes que mueren o que, bueno, ella misma ayuda a morir con unas dosis de… lavandina. No es el único motivo del 2020 que aparece casualmente en la película (hay un lockdown, un shelter in place y otros clásicos de la actual pandemia) sino que además se centra en la parte oscura del hoy tan celebrado y admirado personal de salud. Es claro que estamos ante una comedia negra y que nadie puede «ofenderse» por la pintura poco edificante de las enfermeras. Y si lo hacen, bueno, deberían revisar su relación con la ficción.

Pero Mandy ni siquiera es la villana de la historia. El verdadero problema es Regina (Chloe Farnworth), una rubia un tanto tonta que la ayuda en la tarea (es su prima y hace el delivery de los riñoncitos en cuestión) pero que no hace más que equivocarse, meterse en problemas y hacer aún más desastres cuando quiere solucionarlos. El conflicto a resolver a lo largo de ese turno nocturno arranca cuando la chica lleva el riñón en cuestión a los traficantes que operan con él y se da cuenta que lo perdió en el camino. En tren de recuperarlo –o, más bien, de conseguir uno para reemplazarlo para que no le saquen el suyo– la chica irá haciendo estragos en el hospital, haciéndose pasar por enfermera y complicando más cosas en la vida de Mandy.


En medio de este divertido caos que empieza a volverse sangriento con el paso de las horas aparece David Arquette en el rol de un convicto internado allí, entre otras potenciales víctimas (o victimarios) de esta chica que intenta conseguir como sea el riñón que debe, mientras Mandy trata de que la cuestión no se descontrole más de lo que ya está. Algo que, claramente, será imposible. Utilizando algún número musical en el medio, jugando una suerte de juego de escondidas a través de los pisos de un hospital que es puesto en lockdown cuando empiezan a morirse algunos de los internados, 12 HOUR SHIFT funciona bastante bien como negro entretenimiento en tiempos en que los hospitales no son vistos como lugares particularmente divertidos.

Nunca lo son, claro, pero ahora están más presentes en el imaginario cotidiano. Y la película de Grant le devuelve a ese escenario ese carácter entre demente y peligroso en el que pueden suceder las cosas más extrañas mientras un paciente está durmiendo y no sabe bien qué le están colocando en el suero. 12 HOUR SHIFT tiene como protagonistas principales a todas mujeres (además de ellas dos, hay otras enfermeras enredando la trama, además de algunas pacientes y familiares), lo cual también es inusual para el género. Cuando la trama, en su última parte, pasa a la acción, se sienten ciertas debilidades (de factura y/o presupuestarias) pero curiosamente eso termina dándole un carácter aún más de relato de terror de Clase B, apropiado para este mes que, al menos cinematográficamente, parece dedicado al tema.