Festivales: crítica de «Falling», de Viggo Mortensen (Toronto/San Sebastián)

Festivales: crítica de «Falling», de Viggo Mortensen (Toronto/San Sebastián)

por - cine, Críticas, Festivales
27 Oct, 2020 10:46 | Sin comentarios

En su opera prima como director, el actor de «El Señor de los Anillos» y «Jauja» encarna a un hijo adulto que debe pasar un tiempo junto a su padre (Lance Henriksen), un anciano con demencia que le hace la vida imposible a él y a su familia.

La complicada relación entre un padre y su hijo es el foco de la opera prima de Viggo Mortensen como realizador. Centrado más que nada en la difícil situación que viven cuando el padre –ya anciano y bastante enfermo– va a pasar un tiempo en la casa de su hijo adulto, FALLING viaja también en el tiempo para ir contando cómo esa tensa relación se fue formando desde el principio. Se trata de un drama familiar que pone en juego las diferencias culturales y generacionales entre dos hombres que son prácticamente opuestos entre sí, una oposición nacida también como reacción a una figura paterna bastante deplorable.

El veterano Lance Henriksen (de la saga ALIEN y muy solicitado actor de reparto en los años ’80 y ’90) encarna a Willis, el octogenario padre de John (Mortensen), un hombre que está volviéndose cada vez más senil y a la vez intolerante. Lo descubrimos maltratando a su hijo –y a todo el mundo– en el avión que lo lleva de la granja cerca de Chicago en la que vive a California, a donde va, mal que le pese, a pasar un tiempo en la casa de John y a encontrar un lugar para vivir cerca de ahí. El anciano es una persona bastante difícil e inmanejable. Pero no por sus problemas de salud en sí, sino por la manera en la que esas dificultades sacan a la luz sin disimulo su complicada personalidad. Se trata de un tipo agresivo, violento, intolerante, misógino, homofóbico, racista y todo lo que pueden imaginar en un anciano norteamericano que seguramente votaría por Donald Trump. Y no es nada fácil lidiar con él, obviamente.

Sin embargo, John parece estar resignado a aceptarlo cómo viene. A través de los flashbacks vemos cómo la relación entre ellos se fue complicando a lo largo de los años empezando por una infancia en apariencia amable y hasta feliz que duró muy poco. Es que Willis reparte virulencia y agresión ante quien se le ponga adelante. Y John es su víctima favorita. Se trata de un piloto de avión gay, amable, dedicado, progre, con una hija adoptiva latina y que vive con su marido, que además es de ascendencia asiática. Casi, se podría decir, su opuesto absoluto. Pero John ya no lo confronta. Sabe que está en sus últimas y aparentemente lo que quiere es que tenga un final lo más tranquilo posible.


Eso, obviamente, será imposible, porque el hombre es el infierno sobre la Tierra y les complica las vidas a todos, en privado y en público. FALLING irá narrando ese difícil presente –que incluirá una visita de su hermana, interpretada por Laura Linney, con sus hijos adolescentes– que se conduce claramente hacia algún tipo de enfrentamiento, mientras que buena parte del relato estará centrado en momentos particularmente incómodos y duros del pasado familiar, especialmente el relacionado con ellos dos. Eos flashbacks aparecen generalmente en los recuerdos (o alucinaciones, o síntomas de demencia) del anciano, que parece haber perdido la noción de lo que es presente, lo que es pasado y lo que no es.

Conociendo buena parte de la filmografía y otros quehaceres artísticos de Mortensen quizás un poco sorprenda que su opera prima sea una película, en cierto punto, tan «tradicional». Viggo ha dicho en más de una ocasión que hay muchos elementos autobiográficos en la historia centrados en la relación con su padre y seguramente es eso lo que lo llevó a trabajar dentro de un género bastante tradicional, al que le ha agregado algunos apuntes curiosos en el montaje o ciertos detalles poéticos desde la fotografía. Y la película en sí es, dentro de esa línea, bastante consistente, especialmente porque durante buena parte de su metraje evita el conflicto predecible y convierte a John y a su familia en un receptáculo de agresiones no respondidas. Es obvio que eso no puede durar, pero la resolución del drama no es de todos modos la esperable. Se trata de conflictos que, a esa altura de las cosas, más que resolverse se toleran y se aceptan desde cierta resignación.

Quizás los polos en los que se ubican los personajes puedan ser un tanto excesivos, casi programáticos, como armados por un guionista para crear opuestos perfectos. Pero también es cierto que ese tipo de relaciones generan fugas que muchas veces funcionan así. De todos modos, tanto Willis como John son un poco más complicados que la suma de sus modismos más visibles. Willis es, sí, violento, agresivo e intolerante, pero el pasado ayudará a entender, al menos un poco, cómo llega a eso. Y algo parecido pasa con John, un tipo que tiene su pasado alcohólico y otros fantasmas en algún placard.


Visualmente la película está a disposición de los actores. Y si bien existe algo que no me termina de convencer respecto a algunas de las escenas jugadas en familia (hay ciertos momentos que me resultan un tanto falsos, casi impostados), es cierto también que de a poco esas dudas van desapareciendo y uno termina metiéndose en el drama que involucra a estos dos personajes, entendiendo a la vez las dificultades que conllevan este tipo de relaciones tóxicas y degradantes.

Mortensen está muy bien en un papel extraño, para el que no parece dar del todo con el physique du rol, pero el centro de atención aquí es Henriksen. Actor de policiales y thrillers violentos, dedicado desde hace años a hacer impersonales películas de acción de esas que nunca llegan a los cines (bah, así era previo a la pandemia; ahora casi ninguna llega a las salas), aquí encuentra el que quizás sea el papel de su vida, el que le permite sacar afuera un lado desagradable, vitriólico y agresivo. Se trata de la clase de padre que uno nunca querría haber tenido pero que, para un actor, es un regalo del cielo.

PD: Si hay referencias a San Lorenzo en la película, no las noté.