Festivales: crítica de «Mes chers espions», de Vladimir Léon (Valdivia)

Festivales: crítica de «Mes chers espions», de Vladimir Léon (Valdivia)

Este documental, elegido como la mejor película del Festival de Valdivia, muestra al realizador y a su hermano (el también cineasta Pierre Léon) viajando de Francia a Rusia para tratar de reconstruir la historia de su familia y su conexión con el espionaje internacional.


La memoria se va alterando con el tiempo, volviendo relato. Las familias van recortando y reorganizando, omitiendo y reforzando historias. Un par de generaciones después lo que tenemos es una suerte de cuento armado a partir de ausencias, dudas y silencios. Si ese pasado está ligado a experiencias conflictivas –no solo íntimas sino sociales, como puede ser una guerra, una revolución o la vida bajo un gobierno totalitario–, esas ausencias crecen, se transforman en misterios. Y descifrar cuál fue la verdadera historia se vuelve un guión de película de aventuras que existe, la mayor parte de las veces, en las cabezas de quienes las heredan.

Es fácil pensar en la historia de la familia de uno cuando se ve MES CHERS ESPIONS, especialmente si esta tuvo alguna relación con la Segunda Guerra en Europa del Este. No voy a explayarme aquí sobre mi familia, pero por algún motivo mientras veía la película no podía dejar de pensar en un producto audiovisual que, estética y narrativamente, nada tiene que ver con esta película de Vladimir Léon. Me refiero a la serie THE AMERICANS. Si vieron esa serie sabrán que se centraba en un matrimonio de espías rusos que vivía en los Estados Unidos y funcionaban, con sus dos hijos, como una familia norteamericana convencional. Sin «spoilear» la serie para los que no la hayan visto, es inevitable preguntarse si este film no podría ser comparable a la hipotética experiencia de Henry –el más pequeño de la familia de esa serie, que no sabía nada de lo que pasaba– tratando de descubrir muchas décadas después de los hechos (podría ser ahora mismo, generacionalmente hablando) qué era lo que realmente hacían sus padres en los años ’70 y ’80.

Vladimir y su hermano Pierre (el reconocido realizador de DEUX, REMI, DEUX, entre otros films) realizan una búsqueda quizás comparable a esa, tratando de saber más acerca de la conexión de sus abuelos y su madre con la Unión Soviética, a partir del material que encuentra Vladimir en una valija con cartas, fotos y objetos de su madre, Svletana. Una familia rusa que se fue a vivir a Francia para regresar a la URSS en 1948 seguramente tiene historias y secretos que quedaron en algún lugar entre ambas naciones. Y lo que cuenta el film es el viaje de los hermanos a la Rusia actual con el objetivo de saber más de la historia de sus abuelos y de su madre en relación a su pasado como espías o doble agentes.


MES CHERS ESPIONS, de todos modos, no se desarrolla como un relato de investigación clásico sino más bien como una suerte de retrato familiar, una recorrida de estos hermanos por distintos lugares de Rusia en el que vivieron sus familiares, conversaciones con historiadores, periodistas, especialistas en la época, recorridas y, como detalle no menor, un aparente desvío para hablar de la Rusia actual de Putin con jóvenes intelectuales. El giro puede parecer caprichoso, pero no lo es. Su intención es trazar una línea de silencios y de mentiras, de autocensura y de negación que existió bajo Stalin y bajo Brezhnev y que sigue existiendo actualmente, más allá de sus diferencias específicas.

Al ser los propios miembros de la familia los que hacen este viaje de descubrimiento y, especialmente, siendo los protagonistas dos hombres maduros con experiencia y no jóvenes que recién están descubriendo cómo funciona el mundo, MES CHERS ESPIONS traza una continuidad histórica entre las épocas, las vivencias y la historia personal. Si bien la película no profundiza en las vidas de los hermanos, es claro por la dedicación y la emoción que los embarga en más de un momento que para ellos este viaje de redescubrimiento de la historia familiar tiene un peso, una carga distinta al que pudo haber tenido de haber sido hecho veinte o treinta años atrás.

Es que la historia se resignifica con el tiempo pero también con la propia experiencia del que investiga. Y la película de Vladimir Léon –de los hermanos Léon habría que decir– se hace de una trama secreta y bastante imprecisa para reconstituir lazos y afectos. Algunos viejos videos familiares lo dejan en evidencia. Más que un trabajo de reconstrucción histórica o de investigación sociopolítica, MES CHERS ESPIONS es un acto de amor.