Festivales: crítica de «Si c’était de l’amour», de Patric Chiha (FestiFreak)

Festivales: crítica de «Si c’était de l’amour», de Patric Chiha (FestiFreak)

En el Festival Internacional de Cine Independiente de La Plata se exhibe esta fascinante película que documenta los ensayos y el detrás de escena de la pieza de danza «Crowd», de Gisele Vienne.

Debe haber pocas cosas más cinematográficas que un cuerpo bailando. Ante el lente de la cámara de Patric Chiha, los bailarines de la pieza «Crowd», de Gisele Vienne, se mueven como criaturas que existen por fuera del concepto de tiempo y del espacio. Al comenzar la película, que describe los ensayos, el detrás de escena y parte de la presentación de ese espectáculo de danza, la docena o más de bailarines presentes parecen pertenecer a una misteriosa secta. Sus movimientos exceden la lógica gravitacional y el escenario funciona como un no-espacio por el que se mueven, gráciles.

El truco pronto será revelado con la aparición del teatro en el que están y la directora dando indicaciones específicas. Sí, lo que vimos al principio no era ni cámara lenta ni un uso curioso de la velocidad de los cuadros por segundo. Vienne les pide a los actores ese tipo de movimientos ralentizados. Están en lo que parece ser una rave un tanto destartalada y fuerzan una especie de cámara lenta que se quiebra, bruscamente, de un momento a otro. La coreógrafa da indicaciones y los movimientos cambian, se modifican, se van cohesionando, respirando mejor entre sí. El espectáculo va cobrando forma.

SI C’ETAIT DE L’AMOUR va a ir combinando escenas del espectáculo en sí con otras de indicaciones de la directora e irá incorporando cada vez más al detrás de escena de los bailarines que conversarán casualmente, hablarán entre sí de sus vidas privadas, de sus personajes (la pieza tiene una trama narrativa y cada uno de ellos tiene un rol específico muy claramente determinado) y hasta analizarán los sentimientos, motivos y razones de esos personajes en la ficción de la danza. Sus particulares necesidades y deseos durante esa fiesta.


Pero lo que impactará, más que nada, es la plasticidad de las imágenes. Chiha logra captar con precisión momentos específicos de la pieza, detenerse en determinadas figuras expresándose corporalmente y dejando ver con lujo de detalles hasta los movimientos musculares de muchos de ellos. La pieza y la película son una celebración que –como las fiestas rave que escenifican– van pasando de lo más festivo a lo caótico y de ahí a lo melancólico, romántico o doloroso, según cada historia. La música acompaña muy bien ese consistente giro tonal que tiene la pieza y captura a la perfección las sensaciones de una larga noche que dejan a los personajes física y mentalmente exhaustos.

Hay momentos específicos que son verdaderamente eléctricos en el film de Chiha, especialmente en su primera mitad, más centrada en la danza en sí y no tanto en las conversaciones entre los bailarines que, si bien son ricas a la hora de entender más la pieza y conocerlos mejor, no tienen la potencia visual de las partes más estrictamente coreográficas. El vaivén entre cuerpos que se buscan y se repelen, el rápido paso de un movimiento físico muy lento a otro muy brusco, el giro de la dulzura romántica a la tensión sexual. Son todos momentos de gracia audiovisual que quedan grabados tras ver esta magnífica experiencia cinematográfica.