Series: reseña de «Patria: Episodios 1-2», de Aitor Gabilondo (HBO)

Series: reseña de «Patria: Episodios 1-2», de Aitor Gabilondo (HBO)

por - Críticas, Estrenos, Series
04 Oct, 2020 06:33 | Sin comentarios

La serie española, adaptada de la exitosa novela de Fernando Aramburu, se centra en las repercusiones en dos familias de los conflictos en el País Vasco. Nota publicada originalmente en La Agenda de Buenos Aires.

Un hombre sale a la calle en un pueblo de Gipuzkoa tras despedirse de su mujer. En el silencio casi absoluto de esa fría y lluviosa mañana, se escucha un disparo seco. La mujer mira por la ventana de su casa y descubre que su marido está tirado en el suelo, ensangrentado, muy posiblemente muerto. Ese asesinato es el punto de partida narrativo de “Patria”, una historia que abarca varias décadas de la historia del País Vasco atravesada por la violencia política. Una historia de familias enfrentadas, de décadas de dolor, bronca, silencio y acusaciones que no parecieran cerrar nunca del todo.

Patria” es el título de la novela de Fernando Aramburu que se convirtió en uno de los mayores fenómenos literarios de los últimos años. Editada en 2016, vendió más de un millón de ejemplares en España (se reeditó decenas de veces) y fue traducida a más de treinta idiomas. A casi cuatro años de su publicación, HBO estrena una serie de ocho episodios basada en el libro que emite todos los lunes desde el 28 de septiembre. Es una historia que trata de llevar el conflicto entre ETA y el estado español a una escala humana, sacándolo de los grandes eventos –conocidos atentados, negociaciones específicas u otros puntos clave de la historia real—para centrarse en las repercusiones de esa época violenta en dos familias que pasan de ser amigas a enfrentarse entre sí. Es abarcadora, sí, pero se ciñe siempre a las relaciones personales, a cómo se ven afectadas por la cultura, y en este caso por la violencia, de la época.

En un formato narrativo clásico, un tanto académico por no decir anticuado, la serie creada por un veterano de la televisión española como es Aitor Gabilondo (Pablo Trapero estuvo involucrado como director al inicio de la producción pero luego fue separado del asunto por “diferencias creativas”) funciona, al igual que la novela, como un relato coral que integra las vidas de la decena de personajes, entre padres e hijos, a quienes ese hecho violento toca de cerca. Y la otra particularidad de la adaptación –que ya está en la novela– es su narración en dos tiempos, que hace eje en el año 2011, cuando ETA anuncia su cese de la actividad armada, y vuelve todo el tiempo a los momentos previos y posteriores al asesinato, ocurrido a mediados de los ’80.


El conflicto central tiene una estructura propia del melodrama. Tras el anuncio de ETA, y décadas después del asesinato de Txato (que era un empresario de la zona forzado a pagar un “impuesto revolucionario” exigido por ETA a los que tenían dinero), su viuda Bittori decide regresar al pueblo y a la casa en la que vivían entonces tras un largo exilio. Rápidamente todos allí se enteran de la vuelta de la mujer, ya anciana y enferma, y la noticia los sacude. Especialmente a Miren, que era una gran amiga de Bittori de aquellos años y cuyo hijo está en la cárcel habiendo sido condenado como uno de los responsables de dicho crimen. La incomodidad, la tensión y las acusaciones cruzadas empezarán a resurgir en una comunidad que pareciera haber decidido esconder todo bajo la alfombra y no remover el pasado. Pero eso ahora parece imposible.

El crimen y el regreso marcarán también fuertemente a los hijos de ambas familias ya que, por distintos motivos y circunstancias, la vida de todos ellos se alteró a partir de aquel crimen, especialmente la de Joxe Mari –el hijo mayor de Miren– quien cumple una larga condena en prisión. Pero los otros también han resultado víctimas indirectas de los sucesos y de la larga división posterior. Es que el asesinado Txato era muy amigo de Joxian –el marido de Miren—y los hijos tenían también muy cercanas relaciones entre sí cuando eran niños y adolescentes. Y la serie funcionará no solo a partir del misterio de qué fue lo que realmente sucedió en el atentado sino en analizar los comportamientos sociales y personales de todos ellos desde entonces y hasta ahora.

De todos modos el tema principal de “Patria” es el de la posibilidad del perdón y de la reconciliación, del difícil balance entre la necesidad de recordar el pasado y la de poder recomponer lazos para empezar a curar heridas. Y ese elemento se hace presente de entrada y va transformándose de a poco en el factor clave de la historia. En ese sentido, más allá de ser una serie (y una novela) centrada en los conflictos del País Vasco, al trabajar su tema de este modo íntimo y personal, su temática se vuelve menos específica, más universal y hasta aplicable a situaciones similares que han tenido lugar en todo el mundo.


Formalmente prolijos –acaso demasiado prolijos–, los dos primeros episodios de la serie avanzan en la presentación de los personajes y del conflicto central, siendo mucho más efectiva en la reconstrucción del clima de época que desde el punto de vista dramático. Usando recursos literarios de manera muy forzada (tanto Bittori como Miren tienden a expresar sus sentimientos en voz alta, una a la foto o a la tumba de su marido fallecido, y la otra a una figura de Cristo en la iglesia), las escenas que transcurren en 2011 no terminan de funcionar del todo bien. El conflicto generado por el regreso de la mujer, las miradas esquivas, los silencios incómodos y el clima nervioso que se vive en el pueblo son todos elementos potencialmente atractivos como generadores de situaciones dramáticas, pero los recursos utilizados hasta el momento para lograrlas no están a la altura del desafío.

Patria” funciona mejor, de manera más potente desde lo visual (menos académica, más nerviosa) y más intensa desde la impetuosidad de los personajes jóvenes –los hijos de ambas familias—en las escenas que tienen lugar en el pasado. Lo curioso del asunto es que quizás en esa etapa los elementos dramáticos sean menos ricos en lo que respecta a su potencial complejidad sociológica, pero narrativamente son más efectivos. Ese es uno de los habituales problemas de las adaptaciones literarias: las acciones suelen ser mucho más sencillas de traducir a imágenes que los conflictos que están silenciados o interiorizados. Quizás con el correr de la serie –y con la fractura de esos silencios pueblerinos que empieza a notarse, de a poco, al final del segundo episodio–, “Patria” pueda integrar mejor su costado literario a su factura audiovisual. Por ahora es una serie muy deudora de su fuente, excesivamente respetuosa y hasta temerosa de tomar riesgos. Si no logra soltarse e independizarse un poco del texto de Aramburu, la serie de HBO no logrará ser mucho más que una cuidada ilustración de la novela.


Nota publicada originalmente en La Agenda de Buenos Aires. Por acá.


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