Estrenos online: crítica de «Nimic», de Yorgos Lanthimos (MUBI)

Estrenos online: crítica de «Nimic», de Yorgos Lanthimos (MUBI)

Este corto del director griego de «Alps» y «La favorita» se centra en un músico (Matt Dillon) que se topa con una extraña mujer que se entromete en su vida. Estreno mundial de MUBI el viernes 27 de noviembre.


En unos pocos minutos, el director griego de DOGTOOTH plantea en NIMIC una suerte de dilema existencial que funciona como relato de suspenso y, a la vez, como un film de misterio sobre la identidad. Solo que, en estas épocas, hablar de identidad es abrir las puertas a otro montón de posibilidades, muchas de las cuales el propio director habilita. La trama no puede ser más simple y es por eso que no mucho se puede adelantar al respecto por ahora (luego lo haré, avisando sobre spoilers).

A lo sumo se puede decir que está filmada en México y que se centra en un músico (interpretado por Matt Dillon) que vive con una familia multiétnica (su mujer parece ser del sur asiático) y que va a ensayar con una orquesta con la que dará un concierto en un importante salón de la ciudad. Al subirse al metro (subte) que lo lleva de regreso a su casa se topa con una extraña mujer. El le pregunta: «¿Tenés hora?«. Ella le responde, repitiendo su frase: «¿Tenés hora?«. Y lo mejor será dejarlo ahí.

NIMIC funciona como un breve cuento fantástico, en el que –como si se tratara de un relato de ciencia ficción de los años ’50– se pone en discusión el tema de la identidad, si somos quienes somos, si usurpamos un cuerpo (o si otro usurpa el nuestro) y cómo se constituye la subjetividad y la identidad. Hay muchas maneras de analizar, o de interpretar, lo que aquí sucede. Se lo puede pensar en términos puramente de relato de suspenso, en términos políticos (cada uno ve el mundo que quiere ver), en términos de género o hasta en relación con cuestiones ligadas a la corrección política. Es tan breve y abierto el relato que da para todo tipo de análisis.


DE AQUI EN ADELANTE HAY SPOILERS

Es difícil seguir adelante sin hablar un poco más de algo que sucede promediando el relato. Luego de repetir lo que él dice en el subte, la chica lo sigue hasta su casa (en el barrio Condesa, de Ciudad de México, o eso parece). El saca la llave y entra. Ella llega después y hace lo mismo, con una llave que, misteriosamente, también tiene. Al entrar les piden a la mujer y a los hijos que decidan quién es quién. Y ellos prefieren no hacerlo, lo cual genera un extraño test en la cama que parece culminar con la decisión de que ella es él. O bien, que ella ocupa de ahora en más el lugar de él.

Pero este supuesto final no es el verdadero ya que cuando ella va a tocar en el concierto con la orquesta lo hace visiblemente mal, pifiando casi todas las notas. Y lo llamativo es que todo el mundo aplaude como si nada raro hubiera sucedido. A él, mientras tanto, sentado en el subte, un hombre negro le hace la misma pregunta por la hora que él le hizo a la mujer, abriendo una suerte de posible loop permanente de confusión (o mezcla o combinación) de identidades que son particularmente distintas, ya que estamos ante un hombre blanco norteamericano, una mujer blanca con acento europeo y otro hombre de origen africano.

Una de las ideas que se me cruzó viendo el film –especialmente a partir de la revelación de que ella toca muy mal el cello– es que NIMIC estaba planteada como una suerte de crítica a la corrección política. Una mujer reemplaza a un hombre y la familia la acepta. Y esa mujer hace lo mismo en el trabajo del tipo y nadie mueve un pelo. Al final, cuando Dillon se ve ante la duda de «aceptar de invitación» del hombre negro en el subte parecería abrirse a otro giro sobre el mismo tema. Pero eso que puede parecer crítica también podría ser visto como una reflexión sobre la fluidez en las identidades, sobre las diferentes maneras en las que ciertas personas son vistas desde afuera y cómo se identifican o reconocen a sí mismas.

No es casual que al iniciarse el cortometraje la mujer de Dillon jamás lo mire (se despierta con un tapaojos puesto) y que, al él regresar a la casa, no sepa si él es quien dice ser o si es ella. ¿Cómo tomar entonces el hecho de que ella es claramente mala tocando y nadie dice nada cuando en el ensayo lo vimos a él hacerlo bien? Hay muchas interpretaciones posibles, lo cierto es que NIMIC –que tiene fotografía del mexicano Diego García– funciona muy bien como continuadora de las búsquedas estéticas y temáticas de sus films previos (especialmente ALPS y THE LOBSTER, con la idea de los personajes que pueden transformarse en animales o los actores que interpretan a personas reales en la ficción dentro de la ficción), incluyendo LA FAVORITA, que también tomaba como eje el tema de la suplantación de una persona por otra en los favores de la enfermiza reina. Y deja abiertos todos sus misterios para seguir siendo analizados en relación al resto de una obra que siempre se caracterizó por su extrañeza y su humor un tanto cruel, pero también por su enrarecida ambigüedad.