Estrenos online: crítica de «Uncle Frank», de Alan Ball (Amazon Prime)

Estrenos online: crítica de «Uncle Frank», de Alan Ball (Amazon Prime)

La película dirigida por el creador de «Six Feet Under» y guionista de «Belleza americana» se centra en la dificultad de un hombre gay, en los años ’70, de enfrentar a su tradicional y conservadora familia sureña.

Muchos, seguramente, tuvieron (o tienen) un tío como Frank. Especialmente en esos años –la película transcurre entre fines de los ’60 y principios de los ’70 pero sus flashbacks se van tres décadas hacia atrás–, el tío soltero (o la tía «solterona», llegado el caso) era casi un personaje habitual en muchas familias. Los chicos no suponían que hubiera nada fuera de lo común en esas situaciones, pero vistas a la distancia las cosas cambian. El «tío Frank» aparecía poco, tenía tensas o incómodas relaciones con otros miembros de la familia y luego sabíamos poco de él. Todo eso parece historia antigua ahora ya que las las cosas han mejorado bastante desde esas épocas. Aunque no por completo, claro.

UNCLE FRANK es, literalmente, la historia de uno de esos casos. Paul Bettany es Frank, el miembro «outsider» de una familia tradicional, de pueblo chico, de South Carolina. Cuando lo conocemos, en 1969, está de visita en la casa familiar para el cumpleaños de su brusco padre (Stephen Root), quien claramente lo ignora o más bien desprecia. Y la familia en general (que integran los talentosos Judy Greer, Margo Martindale y Steve Zahn, entre otros), un tanto más sutilmente que él, lo deja un poco de lado en ciertas conversaciones. Su «aliada» familiar es su sobrina, Betty (Sophia Lillis, una de las revelaciones de SHARP OBJECTS e IT), una chica de 14 años fanática de la lectura que también se siente un poco fuera de lugar en ese ámbito tradicional y conservador y que encuentra un oído interesado en Frank, que la estimula a salir de ahí, ir a estudiar a Nueva York, conocer el mundo.

El bloque principal del film de Alan Ball (creador de SIX FEET UNDER y guionista de BELLEZA AMERICANA) transcurre en 1973, cuando Betty (que ahora se hace llamar «Beth» a instancias de su tío) se va a estudiar a la Universidad de Nueva York, donde Frank es un reconocido profesor de Literatura. Al principio Frank disimula que vive en pareja con un hombre (ella tampoco lo sabe) hasta que una serie de circunstancias la llevan a Beth a descubrir que su tío está en pareja hace años con Wally (Peter Macdissi), un inmigrante de Arabia Saudita que ha atravesado cosas aún peores que Frank en su país, pero que vive de una manera mucho más relajada y abierta que su pareja, quien sigue manteniendo todo bajo estricto secreto.


Los acontecimientos se disparan cuando hay una muerte en la familia y Frank y Beth deben viajar al entierro y funeral en South Carolina. Lo harán en auto, con intenciones de «cumplir con la obligación», pero Wally entiende que lo mejor es acompañarlos (seguirlos, en realidad) ya que sabe que Frank necesitará apoyo ante ese potencialmente incómodo encuentro. Y de ahí en adelante la película se centrará, primero, en el viaje. Y luego en los sucesos más dramáticos que tienen lugar una vez que Frank y Beth (Wally permanece «escondido» en un motel) llegan al pueblo.

A la manera de GREEN BOOK o de otros films en los que el conservadurismo del sur norteamericano es puesto en conflicto con la parte más «progresista» del país de una manera que pueda ser universalmente aceptada por la mayor cantidad de espectadores posibles, Alan Ball crea un drama accesible, que raramente se sale de los lineamientos prestablecidos. Entre otras convenciones, hay un flashback clave a los años adolescentes de Frank que aparece una y otra vez para dejar en claro los orígenes de ciertos traumas personales y familiares, y el costado de «apoyo cómico» que genera Wally con algunas de sus actitudes, anécdotas y comentarios.

Y si bien la narradora de la historia de Beth (Lillis es una actriz a tener muy en cuenta en el futuro), el eje de la historia pasa por las cambiantes, sufrientes y dolorosas situaciones que atraviesa Frank ante la idea de enfrentar a su familia. Y pese a que Ball va generando escenas que no se caracterizan ni por su sutileza ni por su originalidad, gran parte de la responsabilidad de que UNCLE FRANK se mantenga a flote pasa por Bettany, el actor británico que se hizo famoso gracias a su rol como J.A.R.V.I.S. en las películas de Marvel pero que ha trabajado también en films como DOGVILLE, UNA MENTE PELIGROSA y CAPITAN DE MAR Y TIERRA, entre muchas otras. Su actuación ensimismada, nerviosa y doliente, intentando conservar esa «postura masculina» que esas situaciones parecían requerir de quienes seguían en el closet al menos familiarmente, transmite de una manera muy creíble el desgarro y la frustración que atraviesa. Y que crecerá al enterarse de ciertas cosas.


Y eso que al pobre de Bettany le tiran con un cliché tras otro. El citado flashback está narrado en piloto automático y filmado como un aviso publicitario (y cuenta una historia que uno adivina su evolución a los cinco segundos), el personaje de Wally se convierte en uno de esos estereotipos que funcionan más por su rol narrativo que por otra cosa, y algunas situaciones que se producen tanto en Nueva York como en el viaje y al llegar a destino (hay uno ligado al alcoholismo de Frank que aparece de la nada como salido de una enésima versión del guión que intentó intensificar los conflictos del tercer acto) generan un poco ese cringe del que tanto se habla ahora.

Pero UNCLE FRANK logra llegar hasta un final emotivo a partir de la capacidad de Bettany de transmitir el sufrimiento y el dolor del personaje, y a cierta inteligencia de parte de Ball de saber en qué momento frenar la acumulación de conflictos para intentar entregar algún tipo de conclusión un tanto más abarcadora. La película es una mirada honesta a las consecuencias personales que tienen ciertas decisiones familiares (mejor dicho, ciertas figuras paternas tóxicas) en las vidas de sus hijos. Y habla de cómo es necesario no solo la fuerza de voluntad de las personas dañadas sino la posibilidad de contar con un grupo de apoyo para poder romper esa lógica pasada de generación en generación. Ball lo hace de una manera por momentos bastante torpe y en extremo convencional, pero la idea sobrevive a todo eso porque está inscripta en el dolor y el sufrimiento de todos los que tuvieron que atravesar situaciones similares.