Estrenos online: crítica de «Ammonite», de Francis Lee

Estrenos online: crítica de «Ammonite», de Francis Lee

El drama de época del director británico de «God’s Own Country» se centra en una complicada historia de amor entre dos mujeres en la Inglaterra del siglo XIX. Protagonizado por Kate Winslet y Saoirse Ronan.


Pocos meses después de PORTRAIT OF A LADY ON FIRE (o un año o dos, quién sabe, el tiempo se ha vuelto elástico últimamente) llega otra película que narra una relación entre dos mujeres en una época inusual para el cine (el siglo XIX acá) y en un paraje alejado de casi todo. La nueva película del británico Francis Lee, cuyo debut GOD’S OWN COUNTRY había sido una de las revelaciones de los últimos años (ver crítica acá), cuenta una historia con varios puntos de contacto con la anterior: un romance entre personas del mismo sexo (mujeres aquí, hombres allá) en un territorio tan áspero como alejado de la sociedad.

Hay, sí, una pequeña gran diferencia. Aquel era un film independiente de bajo presupuesto y elenco de actores poco conocidos, mientras que aquí Lee cuenta con Kate Winslet (en uno de sus mejores trabajos en mucho tiempo) y Saoirse Ronan como protagonistas. Kate encarna a Mary Anning, una mujer famosa por buscar y encontrar antiguos fósiles cerca del mar (las «amonitas» que descubre eran un tipo de calamar que existió hace millones de años) que vive junto a su anciana madre Molly (Gemma Jones) en Lyme Regis, un paraje costero bastante alejado de Londres, a mediados del siglo XIX.

Su vida parece bastante rutinaria y un tanto amarga. Sin embargo todo empieza a cambiar cuando recibe la visita de Roderick Murchison (James McArdle), un paleontólogo admirador suyo que quiere conocerla y ver cómo trabaja. Mary acepta a regañadientes –por presión de su madre y necesidad de dinero–, pero es claro que la mujer no está buscando compañía alguna. Al hombre la acompaña su esposa Charlotte (Ronan), una mujer tímida y silenciosa que, sabremos después, está atravesando algún tipo de depresión y le cuesta hasta levantarse de la cama. Cuando Roderick tiene que volverse a Londres decide dejar a su mujer allí a pasar unas semanas para ver si la tranquilidad, el mar, el viento o algún milagro opera sobre ella. Y le pide a Mary que, en la medida de lo posible, trate de hacerle compañía. El resto, ya pueden imaginar hacia dónde se irá yendo.


Contado en lo estrictamente narrativo, AMMONITE parece un drama de época convencional, pero poco tiene que ver con eso. Lee es un narrador seco, distante (británico) y prefiere abordar la historia con recursos más propios del cine-arte que del «producto comercial de calidad» en el que suelen envolverse estas historias. Es así que durante más de media película lo que se ve es un lento y bastante cauto acercamiento entre las mujeres, que van sintiéndose cada vez más cómodas juntas. Pero eso no es algo que podamos adivinar a través de sus emociones o sus palabras. Por lo general Lee opta por el silencio y cierta opacidad a la hora de que sus protagonistas se expresen. Charlotte, por su depresión y malestar. Y Mary porque es una mujer de pocas palabras y gesto recio que parece haber cerrado la puerta a sus emociones.

Hasta que las hormonas explotan, claro, y todo lo que las chicas no expresaron en palabras lo empiezan a hacer con el cuerpo, las manos, las miradas, la piel. AMMONITE es una historia de amor compleja, de dos mujeres distintas que se cruzan en un lugar alejado de todo y que tienen que lidiar por un lado con las emociones que las invaden –y que no saben o no pueden expresar del todo bien– y con la dificultad de sostener una relación de ese tipo. Si bien Lee tiene la inteligencia de no plantear la historia como una «de amor prohibido» (uno sabe que no sería nada sencillo mantener una historia así, pero la película está tan enfocada en ellas dos que no lo hace evidente ni pone el acento ahí), es obvio que no se trata de una historia de amor con demasiadas opciones de tener un final feliz.

En un marco tan limitado en el que los elementos naturales son los que priman (las piedras, el viento, la arena, el barro, las mareas), gran parte del drama de AMMONITE pasa por sus dos protagonistas. Y si bien Ronan está muy bien en el rol de Charlotte, una mujer con un matrimonio tortuoso (su marido abusa verbalmente de ella todo el tiempo y casi sin darse cuenta) que empieza a salir de la zona oscura emocional que atraviesa al conocer a Mary, la que deslumbra es Winslet en la piel de un personaje hosco, de poquísimas palabras y una todavía menor capacidad de expresar sus sentimientos que se descubre (o redescubre, todo parece indicar que no es su primera pareja mujer) fascinada por esta chica mucho más joven que ella.

La actriz de TITANIC logra capturar las tensiones, la liberación y las dudas de Mary con la mirada, con las manos, con la manera en la que su rostro se afloja por primera vez en mucho tiempo a partir de su contacto físico (y emocional) con Charlotte. En un par de francas y muy potentes escenas de sexo (que, entiendo yo, no son «explotativas»), Lee logra que los personajes expresen físicamente todo lo que no pueden o no saben decirse. Todo el melodrama que el director evita en la puesta en escena y en la manera en la que su historia se desarrolla aparece con fuerza en el juego físico entre las protagonistas. Es allí donde ellas verdaderamente «hablan» entre sí y expresan sus deseos, sus miedos, su dolor y su ilusión de poder cambiar algo de su amargo presente. Quizás ese mundo no esté preparado para una historia de amor de ese tipo, pero sin dudas la cámara lo está.