Estrenos online: crítica de «Bee Gees: How Can You Mend a Broken Heart», de Frank Marshall (HBO)

Estrenos online: crítica de «Bee Gees: How Can You Mend a Broken Heart», de Frank Marshall (HBO)

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18 Dic, 2020 10:45 | comentarios

Este documental recorre la vida musical y personal de los Bee Gees (los hermanos Barry, Robin y Maurice Gibb), una de las bandas más exitosas de la historia de la música pop con una cambiante carrera que se extendió por más de cuatro décadas.


Una banda con muchas vidas (y muchas muertes) tempranas, los Bee Gees representan distintas cosas para distintas generaciones, pero sin duda la imagen que ha quedado más grabada –fue entonces que alcanzaron su mayor éxito comercial– es la de haber sido la banda sonora de la música disco a través de las canciones de la película FIEBRE DEL SABADO POR LA NOCHE y otros temas de sus álbumes de la segunda mitad de los ’70. Pero esa fue la tercera (o quizás la cuarta) encarnación de las muchas que tendrían los hermanos Barry, Robin y Maurice Gibb a lo largo de sus cuatro décadas de carrera. Y este respetuoso, oficial y emotivo documental dirigido por Frank Marshall trata de cubrir de manera bastante íntima las vidas privadas y públicas de una banda que, en ciertos ámbitos, aún hoy sigue sin conseguir el respeto que se merece.

Estamos hablando de un trío de músicos británicos –que vivieron su infancia y adolescencia en Australia pero que volvieron a Inglaterra y consolidaron su carrera allí a mediados de los ’60– cuyo talento para las melodías (y armonías vocales) solo rivalizaban con las de los Beatles o los Beach Boys. Y sus logros musicales, años antes de «Stayin’ Alive», así lo prueban. El documental arranca contando la infancia de los hermanos Gibb (Barry es el mayor, los hoy fallecidos mellizos Robin y Maurice eran tres años menores que él), sus influencias de la música soul y de los grupos vocales hasta llegar a sus primeros éxitos en Gran Bretaña con la salida del extraordinario Bee Gees’ 1st, su primer álbum oficial.

Los que solo conocen a la banda por su etapa disco (me pasó a mí hasta bien entrada la década del ’90) podrían pensar que no son los mismos de «Night Fever». Pero lo son, así como los Fleetwood Mac de los ’60 son los mismos de los ’70 y ’80 aunque suenen totalmente diferentes. Delicioso pop barroco («New York Mining Disaster 1941″, «Holiday» y «Massachussetts», por nombrar solo algunas), melodías soul inolvidables (como «To Love Somebody», compuesta originalmente para Otis Redding) y excelentes baladas («I Started a Joke» y la canción que da título al film) los convirtieron en una banda de mucho éxito en Gran Bretaña entre 1967 y 1969, algo que derivó en peleas internas y una separación que no duró demasiado tiempo ya que a principios de los ’70 ya se habían vuelto a reunir.


Si bien Marshall evitará algunos asuntos espinosos (el disco que hicieron sin Robin o, luego, todo lo relacionado a la lamentable película «Sgt. Pepper»), no teme dar cuenta de algunos de los problemas que plagaron a la banda: egos, alcoholismo, drogas y celos, especialmente entre los dos vocalistas principales, Barry y Robin. No es casual que dos de los más interesantes entrevistados sean Noel Gallagher y Nick Jonas, ambos con experiencia en este tipo de situaciones. «Las voces juntas de dos hermanos es un instrumento que nadie puede comprar», asegura el de Oasis. Tampoco los problemas, es cierto, y ambos lo tienen muy claro. Entre las entrevistas que hay aquí se cuentan las realizadas a Robin y a Maurice a fines de los ’90, una actual a Barry, y comentarios de Eric Clapton (que casualmente terminó siendo muy influyente en el cambio de fortuna de la banda a mediados de los ’70), Chris Martin, Justin Timberlake, Mark Ronson y varios miembros de las distintas bandas y técnicos que los acompañaron durante todas esas décadas.

Pese al entusiasmo de su «descubridor» Robert Stigwood, el regreso de los Bee Gees post separación no fue el esperado y la primera mitad de los ’70 parecía probar que se les había pasado su cuarto de hora, por más que sus melodías fueran girando hacia un rock más cercano al sonido de la época o hacia un pop más radial. El giro más grande lo dará su mudanza a Miami (a instancias de Clapton) y empezar a grabar allí con el productor Arif Mardin (Aretha Franklin, Diana Ross, Hall & Oates y muchos más) incorporando cada vez más elementos de soul, R&B y tecnologías (moog, sintetizadores, etc.) hasta lograr un sonido cercano al de la música disco –entonces en crecimiento más que nada en el under neoyorquino– pero con una mayor carga melódica.

Lo que sigue es historia conocida: el descubrimiento del «falsete» por parte de Gibb, la fama masiva, los conciertos en estadios, los números uno consecutivos («Jive Talkin'», «You Should Be Dancing», «How Deep Is Your Love», «More Than A Woman» y muchos otros), el paralelo éxito de su hermano menor Andy Gibb (también fallecido, a los 30 años) y una conexión con el clima de época que los volvió omnipresentes en las radios de todo el mundo. Eso, tristemente, generó que una reacción en contra no tardara en llegar, «coronándose» con la escandalosa quema de álbumes de música disco en un estadio de beisbol de Chicago que tuvo lugar en 1979 a instancias de un DJ y bajo el lema «Disco Sucks«. Lo cual conduciría a una serie de nuevos problemas y reinvenciones (como compositores para otros artistas y más tarde con un sonido radial más «adulto»), todo eso ligado además a los previsibles problemas internos y de consumos problemáticos.

El documental sigue toda esa evolución, giros y cambios de estilos –con el aporte de muchas simpáticas y hasta reveladoras anécdotas de su manera de trabajar– logrando devolver a los Bee Gees al sitio de privilegio que deberían tener en la historia de la música pop y que, por suerte, ya hace años están teniendo. Una banda que, al menos en la Argentina de fines de los ’70 y principios de los ’80, fue minimizada, ninguneada y maltratada por la intelligentsia del rock (recuerdo que se celebraba aquí la quema de álbumes de música disco como un logro) de una manera tan injusta como brutal. Y no solo porque sus etapas previas probaban que eran mucho más que los creadores de éxitos de la música disco sino precisamente por esos clásicos de fines de los ’70 que han sobrevivido el paso de las décadas mejor que muchas otras canciones de la época.