Estrenos online: crítica de «My Psychedelic Love Story», de Errol Morris

Estrenos online: crítica de «My Psychedelic Love Story», de Errol Morris

En su nuevo documental, el realizador de «The Fog of War» cuenta la peculiar, fascinante y políticamente controvertida historia de amor entre el gurú del LSD Timothy Leary y la joven aristócrata suizo-británica Joanna Harcourt-Smith.

Cuando vi WORMWOOD se me ocurrió llamarte», le dice Joanna Harcourt-Smith a Errol Morris, en un raro caso de autorreferencia en la obra del director. «¿Y si yo, sin saberlo, también fui agente de la CIA?». La pregunta de Joanna parece extraña pero quizás no lo sea. En aquella serie documental del director de THE THIN BLUE LINE se dejaba en evidencia un programa de esa agencia de espionaje que utilizaba, experimentalmente, el LSD con algunos de sus miembros. Y la mujer, que fue pareja del mítico gurú de aquellas drogas Timothy Leary, fue varias veces acusada por colegas del psicólogo estrella de la psicodelia de ser agente de la CIA y haberlo entregado a las autoridades. Toda su vida Harcourt-Smith se burló de esa absurda condena moral pero ahora empezó a dudar. «¿Y si fui parte de un operativo sin saberlo?».

Ese es uno de los puntos de partida intrigantes de MY PSYCHEDELIC LOVE STORY, documental que de todos modos no investiga a fondo esa posibilidad sino que se dedica a escuchar a Joanna contar su historia de vida junto a Leary, un romance extravagante e internacional que los llevó, durante varias semanas a través de varios países de Europa y que incluyó una serie de aventuras que parecen sacadas de una novela de espionaje en la que se mezclan drogas, banqueros corruptos, políticos nazis, los Rolling Stones, Richard Nixon, la oligarquía y la realeza de la época todos en una loca carrera de ácido entre Europa, Medio Oriente y los Estados Unidos.

Leary es considerado el hombre que empezó a usar, experimentalmente, el LSD en los Estados Unidos, y el que lo hizo famoso. Profesor universitario y psicólogo renombrado de Harvard, armó su grupo de seguidores con quienes fue probando las posibilidades de este ácido que, en los años ’60, no estaba prohibido hasta convertirse en una suerte de gurú de su uso para expandir la mente. Pero en los años ’70 la historia era diferente y Leary pasó de ser un profeta de la contracultura al hombre más buscado por la administración Nixon. Detenido muchas veces, en una de ellas huyó de la cárcel y se fugó a Europa, recalando en Suiza. Allá es donde conoce a Joanna y empieza la controvertida historia de amor y fugas.


Harcourt-Smith era hijastra del financista Arpád Plesch y había sido pareja del traficante de armas Michel Hauchard, el hombre que le dio refugio a Leary en Suiza. La joven y aventurera chica conoció a Timothy y pronto comenzó entre ellos una peculiar historia de amor, sexo, drogas y fugas varias que la mujer narrará a lo largo de los algo extensos 100 minutos que dura la película. Es un cuento que Morris toma sin cuestionar demasiado pero con una suerte de guiño cómplice al espectador: no hay garantías de que lo que Joanna cuenta sea cierto –ni ella está muy segura de recordarlo bien– pero sin dudas es material para una buena historia, una mezcla de trama de espías con novela de Tom Wolfe. Y Morris utiliza textos en la pantalla e imágenes que dan a entender la manera un tanto lúdica en la que se toma todo el cuento.

La historia –que tiene a Harcourt Smith como única entrevistada– llegará en un momento a explicar la posible, aunque muy extraña, conexión entre Joanna y las agencias de inteligencia, ya que Leary estaba siendo perseguido durante sus constantes fugas y terminaría entregándose a las autoridades norteamericanas y yendo a la cárcel, siendo luego también él acusado de haber colaborado con ellos para reducir su sentencia. ¿Habrá sido culpa, sin quererlo, de Joanna? ¿Habrá estado ella involucrada en esa trama involuntariamente? Allen Ginsberg y otros fans de Leary de la época creían que ella era la traidora, algo que ella jamás pensó hasta descubrir los usos políticos que se hacían con el LSD.

Es una tragicómica y bastante bizarra historia de sexo, drogas y rock and roll pero también de espionaje internacional, tráfico de armas, judíos colaboracionistas de nazis, Panteras Negras, poetas contraculturales y otros personajes similares de la época: un recorrido por los caóticos ’70 y una aventura amorosa entre dos personas que consumían ácido todo el tiempo. Joanna es un extravagante personaje con un delirante cuento que transcurrió en la realidad –o eso parece, nadie está completamente seguro de que todo haya sido cierto, ni siquiera ella lo sabe bien– pero con personajes que parecen sacados de la mejor ficción.