Estrenos online: crítica de «Nuevo orden», de Michel Franco (Cinemark Hoyts)

Estrenos online: crítica de «Nuevo orden», de Michel Franco (Cinemark Hoyts)

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11 Dic, 2020 11:44 | comentarios

La nueva película del realizador mexicano, premiada en el Festival de Venecia, se centra en dos familias que quedan en el medio de un enfrentamiento entre militares y manifestantes en la Ciudad de México. Se estrena en la Argentina el 24 de diciembre en el Cinemark Hoyts online.


Las distintas obsesiones y los crecientes niveles de violencia de las anteriores películas de Michel Franco encuentran una suerte de culminación –o corrimiento hacia cuestiones más directamente políticas– en NUEVO ORDEN, film en el que el realizador de DESPUES DE LUCIA lleva su brutal y negrísima visión del mundo a niveles aún más extremos que los previos. En cierto, curioso, modo esa expansión de la violencia la vuelve más difusa y, si se quiere, convencional: las revoluciones, los golpes de estado militares y las situaciones de orden bélico tipo guerra civil se prestan más naturalmente a los excesos de crueldad que pueblan las películas del realizador. Y es por eso que la película quizás sea menos shockeante que lo esperable, aunque seguramente será igual de controvertida.

La película fue recibida en México con otra controversia –probablemente buscada– que se generó a partir de un trailer que daba la impresión que la película se ponía del lado de un grupo de blancos ricachones (el famoso uno por ciento o, como les dicen en México, whitexicans) agredidos y masacrados por lo que parece ser un grupo de militantes populares. Pero no. No va de eso la película. Más bien, lo contrario. Eso no quita que el sistema narrativo sea similar. La película deja en claro de entrada que estamos en medio de lo que parece ser una revolución o un levantamiento popular que –mediante enfrentamientos con la policía que incluyen lanzamientos de pintura verde– está dejando su violenta marca en las calles de la ciudad de México.

La primera y mejor parte de NUEVO ORDEN transcurre durante una lujosa boda en una casa en la zona más cara de la ciudad. Los autos de lujo con sus choferes y su personal de seguridad espera afuera –una postal habitual de la ciudad– mientras adentro un grupo de la «elite económica» del país celebra el casamiento entre Marian (Naian González) y Alan (Darío Yazbek, el medio hermano de Gael García Bernal que es un calco de Pablito Aimar). En la casa de los padres de la chica, empresarios se codean con militares y políticos que, por lo que se deja entrever en algunos comentarios, son claramente corruptos. Y lo único que les preocupa a todos respecto a los disturbios son los cortes de calles que están demorando la llegada de algunos invitados. Y salvo Rebeca (Lisa Owen), la madre de la novia, que advierte un raro líquido verde saliendo de la canilla, a nadie más parece preocuparle la violencia que crece en la ciudad.


Pero los mundos se chocan. Primero cuando aparece Rolando (Eligio Meléndez), un ex empleado de la casa que viene a pedir una ayuda económica porque –como se vio en la violenta escena inicial– a su mujer la botaron del hospital público en el que estaba internada para hacerse una operación y necesita mucho dinero para llevarla a uno privado. La mayor parte de la familia no hace mucho esfuerzo por ayudarlo (a valores actuales el hombre les pide 10.000 dólares y alcanzan a darle menos de 2.000 cuando es obvio, solo por los gordos sobres de regalos recibidos, que en esa casa hay mucho más efectivo) y la única que se dispone a resolver el asunto es Marian. Pero la chica, al no conseguir que le habiliten el cash a tiempo –el dinero fue prontamente escondido en una caja de seguridad a la que no tiene acceso y Rolando se termina yendo– se decide a llevarle el dinero hasta su casa, saliendo hacia allí en coche junto su empleado Cristian (Fernando Cuautle) en medio de la ciudad sitiada.

Y mientras ambos recorren la ciudad llena de cortes y plagada de enfrentamientos entre las autoridades y los manifestantes, lo que parece ser un grupo de estos últimos (la relación entre este grupo violento y el color verde no es una metáfora feliz para ser leída estos días acá) se cuela en la fiesta, robando a mansalva, destrozando la casa y masacrando a buena parte de los invitados. A Marian no le va mucho mejor en su salida solidaria ya que se termina quedando sin poder moverse de la casa de Rolando para ir al hospital en cuestión. Finalmente la viene a rescatar un grupo de militares que no parece tener las nobles intenciones de llevarla sana y salva a su casa. O acaso no sean verdaderamente militares.

El de NUEVO ORDEN es un mundo brutalizado, de «perro come perro», en el que las fuerzas del orden manejan un nivel de violencia descomunal pero también lo hacen quienes se oponen a ellos, si bien los reales fines políticos de estos grupos no son jamás explicitados por el director. La familia protagónica –a la hora de coordinar el rescate cobra más y más presencia Daniel (Diego Boneta), hermano mayor de Marian– es un catálogo de maldades y persistentes agresiones, especialmente con su personal, mientras trata que las autoridades actúen, como sea, para resolver el problema. En tanto, Cristian, su madre y Rolando (y, a su manera, también Marian) parecen atrapados entre los previsibles dos extremos ya que del otro lado parece haber una fuerza revolucionaria –o quizás no– igualmente cruenta con ellos. Dicho de otro modo: no hay duda que los más solidarios y generosos sufrirán las consecuencias de sus actos, una suerte de tesis que se ha mantenido constante a lo largo de la carrera del director.

Franco juega con la confusión del reconocimiento de quién es quién en este combate entre revolucionarios y fuerzas del orden. Y si bien eso empieza a hacerse más claro después de cierto punto, lo que no cambia es la forma de visualizar sus actos. A diferencia de otros films en los que la crueldad se manifestaba desde lo individual como forma de disturbio psicológico, aquí el director de LAS HIJAS DE ABRIL lo lleva al ámbito de lo político con mayúsculas. En ese sentido, la tesis del director puede no ser errada –son los poderosos y los militares los que tienen las cartas de triunfo en estos casos de casi guerra civil– pero la manera en la que las relaciones políticas solo se piensan desde el manejo de la fuerza y la violencia va más allá de la elección de unos u otros como villanos. Es una mirada que no puede pensar un mundo (o un país) desde otros parámetros que no sean los de la completa y total deshumanización del otro, aún de parte de los sojuzgados. Y eso es algo que, más allá de que uno pueda o no acordar con el confuso punto de vista político del director, termina siendo agobiante y desolador.


Pero, insisto, NUEVO ORDEN es menos shockeante de lo que parece ya que han habido varios movimientos sociales destrozados por fuerzas militares en enfrentamientos que han terminado en caos, con muertos por doquier. Y lo que sucede aquí incluye eso, aunque lo supera con ciertos «localismos» inesperados que duplican el nivel de brutalidad. En ese sentido, más allá de algunos trucos de guión y el shock de la masacre brutal de la boda, la película no se escapa de una mirada políticamente correcta sobre lo que sucede en México. Y la sutileza que se podría advertir en la primera parte del film (la de la boda), en la que los códigos específicos de superioridad de clase se ponían en funcionamiento en muchas actitudes y circunstancias pequeñas y cotidianas, da paso a transformarse en una más subrayada violencia política masiva y generalizada.

La tesis puede ser cierta (México es un país cargado de permanentes micro-agresiones a las clases bajas que habitualmente son soportadas de manera entre sumisa y estoica por quienes las reciben), pero NUEVO ORDEN no echa demasiado luz sobre ese tema, solo lo refleja y lo lleva a la enésima potencia. De hecho, una película sobre una revuelta popular masiva y violenta que acabe de un plumazo con tantos siglos de privilegio y maltratos podría ser más provocativa y hasta audaz. Pero no pasa por ahí la búsqueda del realizador. Puede que sea su película más ambiciosa en lo presupuestario y también en lo formal –tiene escenas de acción, grandes desmanes y enfrentamientos callejeros que destrozan clásicos escenarios de la ciudad–, pero su lógica no ha cambiado demasiado. Sigue siendo un mundo sin alma en el que cualquier gesto de humanidad o solidaridad es castigado de la peor manera posible.