Estrenos online: crítica de «Sangre», de Juan Schnitman y «Vicenta», de Darío Doria (Cine.ar)

Estrenos online: crítica de «Sangre», de Juan Schnitman y «Vicenta», de Darío Doria (Cine.ar)

Estos dos títulos se incorporan esta semana a la plataforma Cine.Ar. Se trata del documental «Vicenta», hecho con muñecos; y el thriller erótico-psicológico «Sangre», con Juan Barberini y la actriz de «Game of Thrones», Natalia Tena.

En esta semana por lo menos curiosa en la que se estrenaron en Cine.Ar algo así como doce películas argentinas (muchas de las cuáles recientemente participaron del Festival de Mar del Plata), aquí van críticas de dos de esos títulos que también llegan a la plataforma de estrenos online, una de las cuales también pasó por el festival (VICENTA) mientras que la otra (SANGRE) lo hace en carácter de estreno absoluto en la plataforma. Ambas estarán durante una semana disponibles en forma gratuita.


VICENTA, de Darío Doria. El realizador del documental SALUD RURAL hace un curioso experimento que podría definirse como «documental de animación», usando muñecos para contar las problemáticas derivaciones de un caso de violación seguida de embarazo que tuvo muchísimas complicaciones en el intento de la madre de la chica por conseguir que pudiera abortar. Vicenta es la madre en cuestión. Su hija de 19 años, Laura, con un importante retraso madurativo, fue violada por un tío y quedó embarazada. Lo que la película cuenta son los esfuerzos de la madre por conseguir que le hagan a su hija un aborto legal, y las idas y vueltas de ese proceso que se fue complicando y demorando por motivos que verán en el film.

La historia es muy dura y muy elocuente a la hora de dar a entender la necesidad no solo de que exista una ley sobre el aborto sino también la importancia de que el Estado haga cumplir dichas leyes, ya que el caso de Laura está contemplado por la legislación actual. Pero a Vicenta (una mujer muy humilde y analfabeta que luchó denodadamente por solucionar el problema) no le resultó nada sencillo y, por más que algunos juzgados le dieran la razón, otras fuerzas (médicos, abogados, funcionarios, autoridades religiosas) se ocupaban de demorar la concreción del procedimiento hasta tornarlo imposible y complicar la vida y la salud de la chica.


Pese a una voz en off un tanto solemne de Liliana Herrero que le da a VICENTA un aire por momentos demasiado pomposo, Doria logra transmitir mediante las voces de algunos protagonistas y los noticieros de la época (esto transcurrió a mediados del 2000) la gravedad del problema y el dolor de los protagonistas. Lo que la película deja en claro no solo es la necesidad imperiosa de una ley de aborto legal, seguro y gratuito sino que luego los que sean responsables de ejecutar ese instrumento legal lo hagan y que no aparezcan fuerzas oscuras dedicadas a impedirlo, como pasó en este y seguramente muchísimos más casos.



SANGRE, de Juan Schnitman. La película del director de EL INCENDIO es un relato formalmente inusual dentro del cine argentino, ya que apuesta a un tono y un estilo poco común aquí y al que siento más parecido a ciertas búsquedas del melodrama español (cosas de Juanma Bajo Ulloa, algo de Medem o Almodóvar) y cierto cine europeo de los ’70 y ’80 en lo que respecta a su formato, sus giros narrativos, su musicalización y la presencia de escenas de sexo. Muy distinto al realismo crudo de su film anterior, SANGRE propone algo fuera de lo común, culminando en un relato con algunos puntos y escenas notables pero también con varios problemas.

Fernando (Juan Barberini, con su habitual y efectiva «cara de pocos amigos») se muda a Rosario para trabajar en un barco petrolero en el que no es del todo bienvenido. Es un hombre de pasado misterioso –como corresponde a los marinos– que se enreda a la vez con dos mujeres. Por un lado, con una chica brasileña que conoce en los alrededores del buque, y que se convierte en su pareja, digamos, estable. Y, por otro, mantiene un affaire tormentoso que viene de tiempos anteriores con Gabriela (la actriz británica/española Natalia Tena), una mujer catalana con la que se encuentra a escondidas en furtivos viajes a la ciudad.

Todo esto se irá complicando cada vez más, especialmente cuando aparezca el marido de Melissa, un alemán al que no le cae del todo simpática la presencia del oscuro Fernando. Varias vueltas de tuerca más, mucho sexo y la esperada violencia completan esta especie de experimento de Schnitman en hacer una película con un código más en común con el de cierto cine ochentoso (la cantidad de sexo en escena lo convierte en una suerte de thriller erótico, como los tantos que se hacían en esa época) que promete una potencia emocional que finalmente no termina por producirse del todo. Un poco como sucedía en la también un tanto extraña LA QUIETUD, de Pablo Trapero, vale la búsqueda por escaparse un poco de los parámetros de lo que propone, de un modo a veces redundante, el reciente cine argentino.