Estrenos online: crítica de «Shithouse», de Cooper Raiff

Estrenos online: crítica de «Shithouse», de Cooper Raiff

Esta muy buena opera prima dirigida, editada y protagonizada por el realizador se centra en el encuentro de una noche (y las posteriores consecuencias) de dos estudiantes universitarios que toma caminos inesperados. Ganadora de la competencia del festival South By Southwest.


La comedia romántica universitaria es un género que ha sido llevado a dos extremos muy distintos entre sí. El más claramente cómico (la línea OLD SCHOOL, ANIMAL HOUSE, digamos) o, si se quiere, uno más hipster en el que pueden ubicarse las películas de Richard Linklater (DAZED AND CONFUSED, EVERYBODY WANTS SOME) o algunos ejemplos del llamado mumblecore (Jay Duplass es uno de los productores aquí) que, transcurran o no estrictamente en el marco de universidades, trabajan líneas temáticas similares: los romances, encuentros y desencuentros entre personas de esa edad. SHITHOUSE tiene un título que se asemeja más al de las primeras películas pero, en su tono, se parece más a las segundas.

Si bien el título puede hacer suponer que nos encontraremos aquí con algo cercano a la comedia escatológica de veinteañeros borrachos en alguna universidad, SHITHOUSE tiene bastante poco que ver con eso. O, por decirlo de otra manera, parte de una situación de ese tipo pero rápidamente deriva hacia otro lado. Dirigida, escrita, editada y protagonizada por Cooper Raiff, de tan solo 23 años, la película que ganó el Gran Premio del Festival South By Southwest (que este año se realizó de modo virtual) fue hecha con un modestísimo presupuesto y transcurre, en su mayoría, a lo largo de poco más de 48 horas.

Es la historia de Alex, un chico de 19 años de Texas que se ha ido a estudiar a una universidad en Los Angeles. Es un joven tímido, que no se siente del todo cómodo con el ambiente fiestero y descontrolado de sus compañeros de estudio y que claramente extraña a su familia, compuesta por una madre (Amy Landecker, de TRANSPARENT) y una hermana que lo adoran. Sin amigos (su roommate es el rey de las fiestas, simpático pero agotador) Alex prefiere pasar el día hablando con su madre, viendo viejos videos familiares o directamente teniendo conversaciones imaginarias con un animalito de peluche que «duerme» en su cama. Lo raro del personaje es el choque entre su aspecto (bastante normal y, de hecho, evidentemente mayor que los 19 que supuestamente tiene) y su actitud que pasa de tierna y amable a casi infantil. Uno de sus llamativos hábitos es su facilidad para llorar porque, bueno, porque extraña a su mamá. Algo que, convengamos, no parece ser muy común en esas circunstancias.


Forzado por la famosa «presión de los pares», Alex termina yendo a una fiesta en la famosa «Shithouse» (el título es el nombre de una fraternidad) y no tarda en sentirse incómodo y deseando huir. Tiene un par de conversaciones con dos chicas, pero ambas –por motivos diferentes– no terminan demasiado bien y Alex decide que es tiempo de escapar de allí y volverse a su dormitorio. Al regresar se topa con Maggie (Dylan Gelula, de UNBREAKABLE KIMMY SCHIDT), una de las chicas que vio en la fiesta –a la que conocía de antes– y terminan yéndose a tomar algo al cuarto de ella. A diferencia del más torpe y tímido Alex, Maggie es una chica más decidida y frontal. Y la noche entre ambos, al mejor estilo de las películas de Linklater, se hará larga, alcoholizada y los llevará por varios lugares emocionales y físicos manteniendo en todo momento conversaciones bastante personales.

El problema se presentará al amanecer del otro día ya que, rompiendo por suerte con ciertas tradiciones de este tipo de películas, él parece estar más interesado en seguir la historia mientras que ella –pese a toda la aparente intimidad conseguida la noche previa– se ve que lo ha tomado todo como una aventura pasajera sin intención alguna de continuarla. De allí en adelante SHITHOUSE se centrará en la incomodidad del día después, en los torpes intentos de él de reconectar y la por momentos hasta brusca manera de ella de evitarlo.

Si bien la película tiene algo de ANTES DEL AMANECER en su estructura, funciona de una manera bastante menos estilizada y poética, tanto desde el punto de vista formal como por las conversaciones –más cotidianas y sin ningún tipo de notorio interés por impresionar intelectualmente al otro– que tienen entre los protagonistas. De hecho, Alex no parece tener problema alguno en mostrarle a Maggie sus facetas menos «cool». Ella, en cambio, parece funcionar un poco más según las reglas universitarias, generando una intimidad fugaz y alcoholizada que rápidamente se rompe con la salida del sol al día siguiente.


Quizás SHITHOUSE no tenga ninguna de las particularidades que hicieron de aquellas películas de Linklater films de culto (más allá de unas canciones de (Sandy) Alex G, Waxahatchee y Girlpool, su coeficiente indie es bastante medido) pero lo que pierde en originalidad o en referencias lo gana en sinceridad, en la manera en la que se acerca sin demasiadas vueltas a lidiar con los sentimientos de sus protagonistas. Salvo su coda –que se siente un poco forzada, considerando las circunstancias que la rodean–, la opera prima de Raiff casi no tiene momentos falsos o fuera de lugar.

Más allá de sus limitaciones técnicas y de presupuesto, es claro que se trata de un cineasta (y un bastante buen actor también) talentoso y promisorio que sabe acercarse al mundo que refleja en su película de una manera emocionalmente honesta, vulnerable y abierta, sin ampararse nunca en la habitual ironía y sarcasmo que bien podrían ser marcas generacionales. Una comedia romántica que lleva la torpe sinceridad de su protagonista como bandera y que los fans de películas como ADVENTURELAND y THE SPECTACULAR NOW seguramente disfrutarán.