Series: crítica de «Industry:  Episodios 1-4», de Mickey Down y Konrad Kay (BBC/HBO)

Series: crítica de «Industry: Episodios 1-4», de Mickey Down y Konrad Kay (BBC/HBO)

Esta nueva serie que emite aquí HBO los lunes a la medianoche se centra en las vidas de un grupo de jóvenes que entra a trabajar como pasantes en un banco de inversiones británico, con las presiones y complicadas relaciones personales que son propias de ese brutal trabajo.


El nombre de Lena Dunham no es el primero que uno piensa cuando ve una serie como INDUSTRY. Si no saben que la chica está involucrada en el proyecto seguramente les llame la atención ver su nombre como directora del primer episodio. Pero más allá de las apariencias, hay mucho en común entre el mundo de la creadora de GIRLS con esta serie que más bien parece una cruza de WALL STREET, EL LOBO DE WALL STREET, MAD MEN y SUCCESSION. Es que, por debajo de los negocios por millones de dólares, euros o, en este caso, libras esterlinas, por detrás de las tensiones cotidianas de comprar o vender, de las presiones de jefes y reclamos de poderosos clientes, lo que INDUSTRY cuenta son las vidas privadas de un grupo de jóvenes de veintipico que deben lidiar con esas presiones. Y cada uno lo que hace de manera muy distinta. Dependiendo de su personalidad, sí, pero también de sus orígenes.

INDUSTRY es una serie dura, seca, tensa, filosa. No apuesta a la simpatía ni al humor si bien tiene momentos graciosos y hasta absurdos. El tono es eficiente, veloz, casi mecánico, con algo que hace recordar a ciertos trabajos de Steven Soderbergh. Y hasta cuando los pasantes recién ingresados a Pierpoint –que compiten entre sí por quedarse a trabajar de manera permanente en la empresa– se relajan para irse a beber o a tener sexo o a consumir drogas o hacer todas esas cosas juntas, esa frialdad y tensión siguen estando presente. Nadie se desentiende nunca del todo de los juegos que se juegan a su alrededor porque cuando lo hacen pagan las consecuencias rápidamente.

El ambiente de trabajo en Pierpoint es tóxico de una manera en la que estos tipos de trabajos siempre lo son. Están en un importante banco de inversión (británico, en este caso), juegan con millones que pasan de un lado a otro permanentemente y saben que un error puede costarles carísimo, tanto en pérdidas directas de dinero como en cortarles la posibilidad de quedarse y crecer en la empresa. Y, por el contrario, un acierto puede volverse una experiencia inolvidable, uno de esos éxitos que te pueden cambiar la vida de un momento a otro. «No olvides esta sensación», le dice uno de los jefes a una pasante que consiguió una gran inversión de una importante cliente. «No se volverá a repetir».


Los protagonistas de INDUSTRY son un grupo de jóvenes muy distintos entre sí. Harper (Myha’la Herrold) es la única norteamericana del grupo, una chica ambiciosa y muy trabajadora que no viene de una casa de altos estudios como los otros y que guarda algunos secretos, pero suple esas deficiencias con una gran inteligencia para los negocios (o eso parece, gran parte del tiempo es difícil saber qué es lo que negocian si uno no maneja esos temas) y una forma un tanto despiadada de moverse, algo que fascina a su jefe directo, Eric Tao (Ken Leung), un viejo zorro que conoce todos los trucos.

Los demás la tienen más complicada. Hari (Nabhaan Rizwan), inglés de origen pakistaní, es de esos que se quedan a dormir en la oficina y vive con extrema tensión cada trabajo que le toca hacer. Se ve que quiere triunfar pero uno sabe que la tendrá muy difícil siendo tan inseguro. Yasmin (Marisa Abela) es la hija de una célebre editora literaria y ha empezado en Pierpoint de abajo, más ocupada en traerle café y comida a sus superiores que otra cosa. Pero todo lo sumisa que es en el trabajo cambia en su vida personal, donde va mostrando ser exactamente lo contrario.

Por otro lado están los chicos británicos de colegios prestigiosos. A Gus (David Jonsson) lo vemos más preocupado en ver qué pasa con Yasmin (la perversa relación de seducción permanente que tienen es fascinante de ver) que con el trabajo en sí. Y por otro lado están Robert (Harry Lawtey) y Theo (Will Tudor) que tuvieron una relación en la universidad pero que ahora que Theo está casado con una mujer deben ocultar lo que sintieron, algo que a Robert parece costarle bastante.

Además de los nuevos integrantes de esta suerte de JUEGOS DE HAMBRE del Wall Street británico (los ingleses le dicen, como acá, «the city») están sus jefes, los que ya trabajan en Pierpoint desde hace tiempo. Algunos más amables y colaboradores, otros más brutales y crueles y varios que combinan un poco las dos cosas, son un grupo definitivamente complicado. Al finalizar, trágicamente, el primer episodio queda claro que no es para nada fácil sobrevivir allí adentro si no se tiene nervios de acero. Y ese desenlace será uno de los motores dramáticos de la temporada.


La serie crea tensión a partir de negocios específicos que pueden funcionar o no, millones de dólares (¿o eran libras esterlinas?) que pasan de mano a mano en segundos y pueden darle grandes ganancias a un trader o hacerle perder a un cliente números de siete o más cifras. Pero con el correr de los episodios –y nuestra familiaridad con las peculiaridades de cada uno de los jóvenes– vamos accediendo a sus costados más íntimos. Y ahí se apuesta fuerte también, corriendo riesgos cada noche de distintas maneras.

Harper, hasta ahora lo más parecido a una protagonista que tiene INDUSTRY, juega siempre al límite: con sus secretos personales ligados a sus estudios, con su manera no convencional de acercarse a los clientes, con sus arriesgadas propuestas de inversión, con sus consumos personales. Su viaje, más que ningún otro, parece ser el de la serie. Imposible saber hacia dónde irá, pero parece ser el personaje más «Don Draper» de todos ellos. Y de a poco Yasmin cobra un peso casi tan importante: es su amiga y su roommate pero es una chica completamente distinta que carga con una fuerte presión familiar y que todavía no ha logrado salir del lugar secundario que le han dado en la empresa.

INDUSTRY funciona muy bien si uno no se obsesiona por entender de qué cuernos hablan la mitad del tiempo en el que están negociando acciones. Siglas y números y más siglas y más números que jamás se explican al espectador, lo cual es absolutamente lógico considerando el lugar en el que se producen, se acumulan. Pero lo importante es lo que está en juego, personalmente, en cada operación. Y en ese sentido la serie logra ser muy efectiva para que entendamos esos desafíos. El clima tenso está sostenido además por una selección musical fuertemente influenciada por los sonidos de bandas y artistas electrónicos de distintas vertientes y subgéneros.

Y por el lado personal funciona aún mejor, convirtiéndose en un muestrario (pre-pandémico, claro está) de las vidas privadas de este grupo que, como ya es un clásico en estos mundillos de las altas finanzas, se caracteriza por niveles de consumos caros, sofisticados y peligrosos, algo que muchas veces los deja medio inutilizados para sus funciones al día siguiente. Es una serie fría y ellos no son personajes particularmente simpáticos (Robert se dice admirador de Margaret Thatcher, por ejemplo), pero uno puede entender sus lógicas y sus razonamientos. Por lo menos por ahora. Es imposible saber si terminarán siendo tragados por el sistema o devueltos a la vida convertidos en monstruos.


HBO emite INDUSTRY en América Latina los lunes a la medianoche.



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