Clásicos online: crítica de «El Padrino Coda: La muerte de Michael Corleone», de Francis Ford Coppola (Apple TV)

Clásicos online: crítica de «El Padrino Coda: La muerte de Michael Corleone», de Francis Ford Coppola (Apple TV)

Esta nueva versión de «El Padrino III» es más breve que la original y tiene algunas diferencias importantes al principio y al final. Acá, los detalles.

Francis Ford Coppola tiene, quizás como ningún otro realizador que yo conozca, el hábito de retocar varias veces sus películas una vez que ya se han estrenado. APOCALYPSE NOW tiene varias versiones (cambios entre su paso por el Festival de Cannes y el estreno, pocos días después del estreno, antes de ir a video y luego las versiones REDUX y CORTE FINAL, cuyas diferencias expliqué acá), COTTON CLUB tuvo una nueva versión el año pasado llamada ENCORE (sobre la que no llegué a escribir) y ahora llega la última iteración de EL PADRINO.

La trilogía de Coppola basada originalmente en la novela de Mario Puzo tuvo sus dos primeras películas (de 1972 y 1974) estrenadas normalmente en cines. Para 1977 el director había armado una versión que juntaba las dos como una suerte de miniserie. Pero no era simplemente una «pegatina» sino que las ordenaba cronológicamente –ya que EL PADRINO II tiene un flashback a los inicios de la vida de Vito Corleone–, además de agregarle 75 minutos de escenas cortadas de ambas películas. Esa versión conjunta de la «Saga» tuvo varias duraciones y un regreso a la estructura episódica (para la edición en VHS y DVD y luego en HBO) y, tras el estreno en 1990 de EL PADRINO III, se armó otra que la incorporaba también. Y esta película de 1990 tenía ya dos versiones: la de cine y la de video, que dura unos 6 minutos más. Es, realmente, un trabajo para fanáticos seguir las idas y vueltas de Coppola con sus materiales.

El último de sus retoques se dedica exclusivamente a EL PADRINO III y crea una nueva versión llamada EL PADRINO CODA: LA MUERTE DE MICHAEL CORLEONE. Acaso la principal diferencia que tiene con la versión que se puede ver hoy en Netflix es más de imagen que de otra cosa. Además de la lujosa remasterización, en CODA desaparece cierto tono «dorado» de la luz, un tinte nostálgico que bañaba toda la película y que le daba la apariencia de transcurrir más en los ’40 y los ’50 que en 1979 que es la fecha de los hechos que se narran. Esta versión comparada con la anterior tiene un aspecto más sucio, propio de los años que narra, especialmente en las escenas que transcurren en Estados Unidos, ya que lo segmentos sicilianos son más luminosos. Pero el cambio se nota y genera una apreciación distinta del film.


PARA LOS QUE NO VIERON «EL PADRINO III» DE ACA AL FINAL HAY SPOILERS

La película dura aproximadamente once minutos menos que la de video hogareño (cinco menos que la original de cine) y tiene dos cambios realmente importantes y varios menores. El primero tiene que ver con la organización de la primera parte del film. EL PADRINO III se iniciaba con un repaso en imágenes de la muerte de Fredo Corleone (ocurrida en la segunda parte) y de la abandonada casa en Lake Tahoe para ir luego a una ceremonia religiosa que se hacía en homenaje a Michael (Al Pacino). De ahí se pasaba a la fiesta posterior en la que, como ya es casi una tradición en las películas de la saga, se presentaban varios de los principales conflictos del film: la rivalidad entre Vincent Mancini (Andy García) y Joey Zasa (Joe Mantegna), el incipiente romance de Vincent con Mary Corleone (Sofía Coppola), la reaparición de Kay (Diane Keaton) muy peleada con su ex marido y la imposibilidad de Michael de poder retirarse del todo de la trama mafiosa de la que venía tratando de escapar para consolidarse como un empresario respetable.

Eso seguía –casi a los 40 minutos de película– con el planteo del negocio con el Vaticano (la compra de parte de Michael de su agencia de bienes raíces, llamada Immobiliare) que traería a luz el asunto principal del film. En CODA, Coppola da vuelta esa estructura, sacándole el aspecto nostálgico y privilegiando el ritmo narrativo. Ese diálogo entre Michael y el arzobispo abre ahora la película, adelantando el conflicto central. Ya no están ni los flashbacks a EL PADRINO II y, aún más importante, toda la ceremonia religiosa en la iglesia neoyorquina ha desaparecido. De la negociación (que en la película inicial se veía y parecía suceder después) ahora pasamos directamente a la ceremonia familiar, que también está ligeramente acortada al comienzo.

De ahí en adelante los cambios serán bastante menores, detalles, pequeños cortes y diferencias de montaje hasta llegar a un final en el que, pese a tener un cambio chico y breve, deja una resolución es muy diferente. Vayamos primero con los cambios a lo largo de la película. Es diferente en detalles la escena del anuncio de la compra ante los inversores y lo mismo pasa con un posterior encuentro entre Michael y Mary, que está brevemente reducido. Similar será el corte de una conversación en el auto entre Michael y Don Altobello (Eli Wallach) y algo parecido sucederá en un encuentro entre Vincent y Mary. Muchas escenas fueron «peinadas» ligeramente, cortando inicios y finales, algo que se ve bastante en las que está Sofía Coppola, cuya actuación fue muy criticada en su momento y, convengamos, es (y sigue siendo) floja.

Hay recortes similares y una reorganización del montaje de la escena del ataque de Zasa a los capos mafiosos reunidos en un hotel, seguido por un sutil cambio en la escena en la que Michael se desvanece (tras aquello de «Just when I thought I was out…) en la que se escucha a su hermana Connie (Talia Shire) decir claramente que es por culpa de la diabetes. Una breve escena en una iglesia con Vincent, Connie y Al Neri en la que se escucha claramente planear el atentado a Joey Zasa desapareció también, lo mismo que una visita de Don Altobello al hospital donde está internado Michael. La ausencia de estas dos escenas reduce poco más de dos minutos la duración total del film.


Ya en Sicilia se cortará el final de una escena entre Altobello, Vincent y el capo italiano Don Luchessi y algo similar pasará con la escena en la que Altobello contrata a los hombres que atentarán contra Michael en la presentación de la opera, en la que vuelan unos comentarios sobre la buena clidad del aceite de oliva en Sicilia. Más largo e interesante es el recorte del monólogo que Michael hace ante el cadáver de Don Tommasino, donde desaparece su «autocrítica» (que va por el lado de «¿Por qué a mí me temían y a usted lo amaban?«) casi por completo.

Y así llegamos al final. Los cambios allí incluyen una mayor cantidad de sangre (agregada digitalmente, entiendo) en el asesinato de Lucchesi con sus propios anteojos por parte de Al y un montaje ligeramente diferente y más breve en la escena de las escaleras del teatro donde termina muriendo Mary por error. Sobre el final, la película original hacía un flashback en el que fundía la vejez de Michael con distintos momentos de bailes en celebraciones de la saga (con Mary, con Kay y con su esposa italiana Apollonia) y acá eso ahora se reduce solo al baile con Mary.

Y «la broma» del cierre –«broma» en relación al título de esta versión– es que Michael no muere. O no se lo ve morir en cámara, ya que un plano de su cara es el último del film, que de ahí va a un cartel que dice «Cuando los sicilianos te desean ‘Cent’anni’, significa ‘para una larga vida’. Y un siciliano nunca olvida». En la versión original se veía a Michael desvanecerse y caer de su silla mientras unos perros circulaban alrededor del desolado lugar.


Más allá del «minuto a minuto», la pregunta a responder es: ¿es mejor esta versión? ¿Tuvo sentido haberla hecho? Creo que no. Más bien creo que, salvo lo del color y la remasterización, es un error conceptual importante. Tratar de acelerar o hacer más breve y efectiva una película que ya tiene treinta años y que claramente existe gracias a su lazo con las anteriores me parece una idea absurda. En CODA Coppola trata de desenganchar la tercera parte de algunas de las referencias con la historia y creo que eso le quita gravedad y profundidad a los hechos.

El principio con las imágenes de Fredo (y del lugar de Lake Tahoe en el que murió, ahora abandonado) eran fuertes y emotivas, mientras que la ceremonia religiosa hacía eco con otras similares de las anteriores películas, introduciendo conflictos allí también. Y la muerte de Michael era uno de los mejores momentos de la saga. Sacar la primera secuencia de montaje para generar una película menos nostálgica y que empiece de golpe con la acción pura y dura es, para mí, una mala elección. Respecto al final, puedo entender la idea de Coppola de que para Michael es una peor condena seguir viviendo (los Cent’anni) que morir, pero me parece que robarle a la saga la escena de la muerte no justifica el cambio. Los cortes del grueso del, digamos, segundo acto de la película, son menos relevantes. Se le han quitado algunas reiteraciones y subrayados, pero no modifican demasiado nada importante, ya que los cinco o seis minutos menos de esa sección no alteran mucho el resultado o el impacto final del film.

Con todo, EL PADRINO CODA parece más nacida de la necesidad de Coppola de hacer algo durante la pandemia que una relectura de la película en sí, que sigue siendo por momentos fascinante y en otros fallida. De hecho, si se piensa que lo mejor de la película pasa más por su contacto con el pasado que por la acción propia del episodio (ni Andy García ni Joe Mantegna entraron al canon de la saga y ni hablar de los dos minutos de «fama» de la desperdiciada Bridget Fonda), elegir prestarle más atención a la acción en sí del episodio parece casi lo contrario a la lógica. EL PADRINO III, con sus problemas y debilidades, estaba bien así como estaba y esta versión debería quedar como un capricho de un director extraordinario que no parece saber soltar.