Clásicos online: crítica de «Xiao Wu/Pickpocket», de Jia Zhangke (MUBI)

Clásicos online: crítica de «Xiao Wu/Pickpocket», de Jia Zhangke (MUBI)

Dentro del ciclo «Primeras películas primero» que programa MUBI se exhibe la extraordinaria opera prima del realizador chino, de 1998, centrada en las desventuras de un carterista en el pequeño pueblo de Fengyang.


De la excelente serie «Primeras películas primero» que presenta MUBI –y que incluye operas primas de Angela Schanelec, Denis Villeneuve, Nuri Bilge Ceylan y Lina Wertmüller, entre otros– sin dudas XIAO WU/PICKPOCKET es la más reconocida de todas, una de las pocas que logró mostrar ya a un autor formado aún cuando, al hacerla, Jia Zhangke rondaba los 26 años. En ella aparecen casi todos los motivos que se irán reiterando en las siguientes dos décadas de su carrera, por más cambios formales y de producción que se adviertan. En la historia de un carterista de Fengyang –la ciudad natal de Jia– aparecen ideas que serán explotadas más en profundidad en sus siguientes films: la combinación entre realismo y género, el análisis de la llegada de la «modernidad» a lugares de la China que parecían detenidos en el tiempo, el uso específico de la música y el sonido ambiente, la capacidad de observación sin hacer, estrictamente, un cine «contemplativo» y la aparición de la provincia de Shanxi –con su polvoriento y desvencijado aspecto en ciertas áreas– y los rostros de sus habitantes en el panorama del cine chino e internacional.

Rodada en 16mm. y con un presupuesto que no superó los 50 mil dólares, XIAO WU (que se ve en MUBI en una restauración del 2020) tuvo su debut en la Berlinale 1998 y se proyectó en la Argentina en el primer BAFICI, en 1999, en la Sala Lugones, en presencia del entonces desconocido realizador. El protagonista –cuyo nombre da título al film– es un joven de Fengyang que se gana la vida robando billeteras y trabajando con un grupo de colegas «descuidistas» que toman dinero aquí y allá ante la creciente preocupación de las autoridades locales que ya están alertadas de su presencia. Además de esa persecución policial a Xiao (interpretado por Wang Hongwei, actor repetido en varios films de Jia, en ocasiones haciendo este mismo papel) le molesta que su viejo compañero de aventuras, Xiao Yong, hoy convertido en un pequeño empresario local, no lo haya invitado a su boda ya que lo considera una persona con mala reputación.

Ese será el primer eje narrativo de un film que, claramente, se divide en tres partes bastante distintas entre sí. La primera concluirá con una tensa conversación entre los dos viejos amigos y luego Jia llevará a su protagonista a vivir una suerte de aventura romántica con Mei Mei (Hao Hongjian), una prostituta que trabaja en un karaoke cercano. Pese a cierta frialdad y distancia inicial de Xiao hacia ella, pronto ambos recorrerán la ciudad, pasarán un tiempo juntos e irán logrando, de a poco, una cierta intimidad.


Luego de concluida esa etapa –ya verán de qué manera–, Xiao irá a visitar a su familia, la que vive en una difícil situación económica y con la que no tiene buena relación ya que ellos tampoco aceptan su manera de ganarse el dinero y no quieren saber demasiado de su «hijo rebelde». En el tiempo que pasa allí –quizás el más «documental» y contemplativo del film–, Xiao irá tensando la relación con su madre y su padre pese al esfuerzo del resto de los familiares por «calmar las aguas».

A lo largo de 112 minutos, Xiao Wu se irá sintiendo marginado, perseguido, ninguneado y hasta maltratado por personas a las que consideraba cercanas o que en algún momento fueron importantes en su vida. El paso de China de una economía de subsistencia (en «negro», digamos) a otra de características, al menos para afuera, más «legales» lo ha convertido en un paria en varios ámbitos: con los amigos, con las mujeres, con la familia y con a las autoridades que antes hacían la vista gorda a sus actividades. Y el hombre parece sentirse cada vez más solo y, a la vez, observado por un sistema y una comunidad que prefieren negar el pasado y lo que trae consigo en pos de un futuro que imaginan más promisorio.

Algunos analistas del cine de Jia han considerado que la película tiene distintos modos narrativos en cada una de las etapas. Yo creo que exageran. Que hay un solo «modelo» y que es propio de su cine y en él se combinan todas las referencias usualmente citadas para describir su estilo: las citas a Robert Bresson ya desde el título, el neorrealismo italiano, el policial negro (especialmente en su modelo francés, tanto en su faceta Melville como la godardiana), el nuevo cine taiwanés (Hou Hsiao-hsien es una presencia clave) y otras influencias más sueltas que arman algo que solo puede ser considerado como suyo propio.

LO QUE SIGUE PUEDE SER CONSIDERADO «SPOILER»

Tras las tres «etapas» narrativas en el viaje de Xiao Wu, el carterista es detenido por la policía y apresado. A juzgar por el fervor con el que las autoridades estaban buscando a estos ladronzuelos, es muy probable que la condena que le toque sea importante. Encadenado a un poste mientras espera que un policía lo venga a buscar, en cuclillas, Xiao observa cómo de a poco se empieza a juntar gente alrededor suyo a mirarlo. Uno sabe –por los rostros, por la manera en la que está encuadrada la escena– que no son extras sino verdaderos habitantes de Fengyang que se han detenido a ver las cámaras y a este hombre allí apresado. En el más efectivo de todos los momentos de corte semi-documental que tiene el film, allí la película deja en claro de manera sutil pero muy potente la posición de Xiao frente a sus coterráneos: no solo es un rebelde y un marginal sino que ha pasado a ser una figura icónica de un mundo que quieren ver desaparecer pero que se resiste a desaparecer y una asordinada crítica a un sistema de vigilancia y delación que se sigue sosteniendo hasta la actualidad.


Jia deja entrever que los delitos de Xiao son menores al lado de operaciones más del tipo contrabando de su ex amigo Xiao Yong, pero él está «incluido» dentro de un sistema legal que se considera limpio mientras que Xiao Wu carga consigo la condena de la delincuencia en un sentido más tradicional. Algo parecido sucede entre él y Mei Mei –cuyo trabajo tiene una fachada legal también– y, de algún modo, lo mismo sucede entre Xiao y los otros miembros de su familia. Jia Zhangke no juzga las actividades de su protagonista pero deja entrever que, en el contexto en el que se mueve, sus crímenes son menores y probablemente sean castigados de una manera desproporcionada.

FIN DE ZONA DE SPOILERS

Con varias escenas «musicales» (de karaoke o solitarias, algunas con música diegética) que luego seguirían apareciendo a lo largo de su extensa carrera, el director de ASH IS PUREST WHITE también genera aquí un segundo sistema de significación que funciona a partir del sonido, especialmente de las radios, televisiones y los anuncios públicos que se escuchan todo el tiempo y que revelan no solo la preocupación oficial por la delincuencia sino la demolición de manzanas enteras de la ciudad vieja para hacer nuevas construcciones, la manera en la que su viejo amigo ya ha sido «blanqueado» dentro del sistema (la TV local lo entrevista por su boda) y hasta información contextual como el traspaso de Hong Kong de nuevo a China, que sucedió en 1997. Si bien ese dato no es necesariamente importante en la trama de XIAO WU, sí es clave para entender el mundo en el que se mueven los personajes y el país. Una China que pretende ser nueva y un personaje que no parece ser capaz de llegar sano y salvo a la «Tierra Prometida».