Estrenos online: crítica de «El día del fin del mundo», de Ric Roman Waugh (Amazon Prime)

Estrenos online: crítica de «El día del fin del mundo», de Ric Roman Waugh (Amazon Prime)

por - cine, Críticas, Online, Streaming
23 Ene, 2021 01:37 | 1 comentario

Este sólido –y bastante actual– ejemplar de cine catástrofe plantea lo que le sucede a una familia que se ve obligada a abandonar su casa cuando distintas partes de un enorme cometa empiezan a caer sobre la Tierra destruyendo todo a su paso. Con Gerard Butler y Morena Baccarin.

Nadie suponía que el fin del mundo –o algo que se le parece bastante– iba a ser lento y tedioso, ni que nos pasaríamos gran parte del tiempo en casa sentados frente a una computadora mirando curvas y discutiendo en redes sociales. El cine catástrofe nos había acostumbrado a otra cosa. De todas las narrativas distópicas posibles a nadie se le había ocurrido una tan, digamos, contemplativa. Han habido desastres naturales, invasiones extraterrestres y de inteligencias artificiales quedándose o destruyendo el mundo entero. Y hasta las catástrofes virales o bacterianas tenían siempre un elemento de acción y suspenso adosado. El fin del mundo como encierro, rutina y preparación de pan casero está más cerca del cine de autor (Chantal Akerman podría haberla hecho) que de las explosivas películas de acción de Hollywood.

EL DIA DEL FIN DEL MUNDO, realizada obviamente antes de la pandemia pero resignificada por la realidad, tiene un mérito que quizás no se lo habríamos otorgado antes de todo esto: conserva la escala humana de la destrucción. Sí, hay un gigantesco cometa que inesperadamente está viniendo sobre la Tierra con un potencial de destruir la vida tal como la conocemos, pero Waugh elige concentrarse –como sucede en LA GUERRA DE LOS MUNDOS, en la versión de Steven Spielberg– en las vicisitudes y problemas de una familia específica que trata de escapar de lo que parece ser el fin de los tiempos.

Hay otro elemento que, años atrás, al menos a mí me habría resultado entre incómodo y forzado. La película pone muy poco el eje en cuestiones tecnológicas o militares ligadas a la posibilidad de frenar el aparentemente inevitable choque (no hay escenas de políticos ni autoridades militares) y pone toda la capacidad del bien y del mal, del egoísmo y la solidaridad, en las personas. Y muchos de los que encuentran los protagonistas a lo largo de su agitado periplo por salvar sus vidas resultan ser peores aún que la amenaza externa. Su destrucción no es una consecuencia natural de su funcionamiento –como es el caso del cometa– sino la decisión de volverse violentos y peligrosos a costa de su propios vecinos. Con la excusa de la desesperación, EL DIA DEL FIN DEL MUNDO externaliza algo que también se vive actualmente: que cuando una catástrofe llegue quizás la gente que tenemos alrededor no sea tan confiable como pensábamos.


La película está planteada en el formato que se suele llamar de «rematrimonio». Es la historia de una pareja recientemente separada y con un hijo diabético a los que la llegada de las explosiones y escombros encuentran casualmente juntos, en una bonita casa de Atlanta, Georgia. El es John Garrity (Gerard Butler, número puesto para este tipo de relatos de heroísmo de tipo común), un constructor y arquitecto que, poco después de enterarse de la inminente pero en principio tan solo curiosa llegada de estos residuos siderales, recibe un mensaje al celular: ha sido elegido junto a su familia para ir a subirse a un avión militar a cientos de kilómetros de su casa. Y cuando la primera explosión resulta ser mucho más intensa que lo planeado, se dan cuenta que no les queda otra que salir hacia allá, luchando con sus amigos y vecinos que no han recibido el llamado y que le suplican que los lleven, algo que tienen prohibido hacer.

John vive con su ex esposa Allison (Morena Baccarin, la actriz de origen brasileño de HOMELAND a la que siempre vi como muy parecida a Gal Gadot) y su pequeño hijo Nathan (Roger Floyd). Y los tres marchan hacia la base militar en la que los subirán a un avión para llevarlos a un destino desconocido. Pero las cosas no salen tan bien como lo planeado. La base es un caos de gente, Nathan dejó la insulina en el coche, John va a buscarla y los pierde de vista, solo para enterarse después que por la condición médica del chico no les permitirán subir al avión en cuestión. Tampoco tendría mucho sentido subirse, ya que el perímetro militar colapsó y todo terminó en un explosivo y violento caos. En resumen: se quedaron sin vuelo, sin escape y con el padre separado de su ex y su hijo. El único punto de encuentro posible es la casa del padre de Allison y cada uno debe encontrar la manera de llegar hasta ahí.

EL DIA DEL FIN DEL MUNDO transcurre en apenas unos días y pone su eje, fundamentalmente, en una sola familia. Hay dos misterios que rondan la narración. El primero: ¿por qué los eligieron a ellos y dejaron a tantos otros a merced de las inminentes explosiones? El segundo: ¿a qué se refieren con «Groenlandia«, el lugar que le da a la película su título original? Todo parece indicar que los militares saben algo que los demás no: que una enorme parte del cometa caerá muy pronto sobre Europa o el Norte de Africa causando lo que se llama un «evento de extinción masivo» comparable al que acabó con los dinosaurios millones de años atrás y que hará lo propio con los habitantes del planeta hoy.

Es raro, decía al principio, ver una película catástrofe en estas circunstancias. Y si bien la pandemia que nos rodea tiene características muy diferentes –en lo que respecta a la idea de quietud versus movimiento y a la extensión de sus tiempos de acción–, la película pone gran parte del peso en algo que se parece a una guerra civil entre las personas que intentan salvarse como sea y los que entienden que el otro no es alguien al que hay que pisar y pasar por arriba. Esa lógica –que de alguna u otra manera se vio replicada este año, especialmente en Estados Unidos– le da a la película una urgencia y una verdad que quizás no tenga su más impactante e improbable (al menos, según dicen, por millones de años) trama. Los eventos son muy distintos, pero los comportamientos no tanto. En EL DIA DEL FIN DEL MUNDO, sin embargo y por suerte, se evitan las peleas por redes sociales ya que las bolas de fuego que atraviesan el cielo son más que evidentes y visibles que el coronavirus. De todos modos no me extrañaría que algún chiflado de la ficción suponga que son todos efectos especiales. Bueno, en realidad lo son… cinematográficamente hablando.

La película de 2020 no redescubre la formula para este tipo de propuestas de cine catástrofe pero le toca estrenarse en un momento en el que los espectadores están muy sensibles a la idea de que todo lo conocido pueda desaparecer de una manera impensada y angustiante. Algunos verán esa urgencia y actualidad como un gancho importante de la película, algo que los invita a verla y enervarse con lo que sucede de una manera en la que quizás no lo habrían hecho años atrás. Para otros, quizás, la cercanía simbólica entre la catástrofe real y la cinematográfica acaso sea muy difícil de tolerar y prefieran pasar de largo.

Lo cierto es que Waugh (director de PRESIDENTE BAJO FUEGO, la tercera película de la saga que también protagoniza el escocés Butler) creó un producto sólido, humano y bastante más atractivo y creíble que otras películas del género que apuestan por la grandilocuencia y el desembarco de extras y efectos especiales. Aquí hay algunas escenas de caos y descontrol, pero –sacando provecho de las limitaciones presupuestarias– el director logró convertir el problema en una solución y elegir poner el eje en el costado íntimo y en la pelea por la supervivencia. Hay, obviamente, unas cuántas casualidades imposibles y salvaciones de último segundo, pero son inevitables como parte de una propuesta que fue hecha pensando en el apocalipsis como entretenimiento de fin de semana y no como una realidad inminente. De haberla pensado tal como la estamos viviendo, bueno, la trama consistiría en interminables conversaciones por zoom que deberían haber sido emails.