Estrenos online: crítica de “Mamá, mamá, mamá”, de Sol Berruezo Pichon-Riviere (Puentes de Cine)

Estrenos online: crítica de “Mamá, mamá, mamá”, de Sol Berruezo Pichon-Riviere (Puentes de Cine)

Esta ópera prima que debutó en la Berlinale es una de las más interesantes entre las realizadas en los últimos años. Cuenta la manera en la que una familia atraviesa y trata de superar una tragedia.


Esta sensible y visualmente muy bella opera prima se inspira bastante en el universo desarrollado a partir de LA CIENAGA, de Lucrecia Martel (y muchas otras películas argentinas que trabajaron temas y escenarios similares) para narrar las experiencias de un grupo de niñas que atraviesa un par de días, emociones, miedos y confusiones en una casa campestre. Suerte de coming of age, la película se inicia con una tragedia mostrada de modo muy sutil: la muerte de una niña que se ahoga en la pileta de una casa. Un tiempo después –no queda claro cuánto– lo que vemos es a Cleo, la hermana mayor de la niña fallecida, junto a sus tres primas y la madre de ellas pasando un tiempo en esa misma casa. También está su madre que, visiblemente afectada por lo que sucedió, raramente sale de su cuarto.

La película de Berruezo transmite las confusas sensaciones que atraviesa Cleo, que enfrenta cuestiones personales como la primera menstruación o el descubrimiento de su sexualidad junto a sus primas y ante la evidente ausencia materna. MAMA, MAMA, MAMA ocupa sus 65 minutos de relato –es una película que podría ser más larga para más efectivamente desarrollar algunas líneas narrativas que quedan tan solo esbozadas– en relatar esos juegos infantiles en los que se incorporan ciertos miedos, fantasías y pequeñas aventuras que se vuelven problemáticas en función de lo recientemente sucedido allí.

La película no solo se centra en Cleo. Sus tres primas (una mayor que ella, otra de su edad y una más pequeña) atraviesan sus propios asuntos, lo mismo que la tía (Vera Fogwill), que debe hacerse cargo como puede de todas ante la depresión de su hermana. Pronto llegará más gente (la abuela, una empleada doméstica y su hija) y se irá generando, a su modo, una suerte de sensación de sororidad, un grupo de apoyo mutuo para atravesar las dificultades del crecimiento, del duelo y de la ausencia. Con un notable ojo para las composiciones formales y una puesta en escena elegante –en la que aparecen flashbacks o sueños en diferentes formatos fílmicos–, la realizadora debuta con una película más que promisoria, que trabaja esas referencias a otras cineastas como otra suerte de sororidad. En este caso, cinematográfica.