BAFICI 2021: crítica de «Tommaso», de Abel Ferrara

BAFICI 2021: crítica de «Tommaso», de Abel Ferrara

Esta película del realizador de «Un maldito policía», de 2019, es una historia con tintes autobiográficos centrada en un cineasta que, tras dejar las drogas y el alcohol, intenta reencauzar su vida en familia.


A mitad de camino entre la autobiografía y la ficción, entre la terapia personal y la película que se hace mientras se espera el dinero para hacer otra más grande, TOMMASO es un film de los más tranquilos y reposados para los standards de un cineasta como Abel Ferrara. No esperen un pacífico análisis de sus años de sobriedad y vida familiar en Italia pero considerando los habituales excesos del realizador de MALDITO POLICIA, esta podría considerarse una película calma, casi relajada. La palabra clave ahí es «casi»…

Lo anterior no es del todo mentira. TOMMASO sí es un film sobre sus años de sobriedad y vida familiar en Italia, solo que uno que muestra una vida no exenta de problemas. Willem Dafoe encarna a un alter-ego del realizador llamado «Tommaso» mientras que la esposa y la pequeña hija de Ferrara (Christina Chiriac y Anna Ferrara) interpretan a su mujer Nikki y a su pequeña hija Deedee, a la que todo el tiempo llaman «la bebé». Tommaso es un realizador norteamericano que se ha afincado en Roma y que está trabajando en el guión de su próximo film (la película que planifica es claramente SIBERIA, que se estrenó en 2020, un año después que ésta) mientras espera el dinero para poder hacerla. Sobrio hace seis años, tiene una vida normal: toma clases de italiano, da clases de actuación, hace las compras, se bebe su cafecito en el bar de la esquina de su casa céntrica, pasa el tiempo en familia, cocina, bromea y juega con ellos. ¿Qué puede salir mal?

Siendo una película del realizador de EL REY DE NUEVA YORK todos sabemos que esta paz interior (el hombre hace algún tipo de yoga y tiene reuniones muy provechosas en Alcohólicos Anónimos) no va a durar mucho. Y los primeros indicios de los problemas que se vienen aparece cuando Tommaso ve –o cree ver– a su mujer besándose con un tipo mientras él está en los juegos de la plaza con «la bebé». No le dice nada a Nikki pero es claro que ahí sus planetas se desequilibran. De a poco empieza a tener más visiones extrañas y pronto aparecen peleas por distintos temas entre ellos. Por lo que dice Tommaso en sus reuniones de AA es evidente que se siente perdido y que ha entrado en una espiral de dudas de la que claramente alguien saldrá herido.


Filmada íntegramente en una vacía Roma veraniega (el departamento en el que viven es el del propio Ferrara) y con un muy bajo presupuesto, TOMMASO se arma en base a viñetas, escenas que van mostrando cómo de a poco el hombre empieza a perder la paz y el control, y cómo se va encaminando a problemas mayores. Tommaso tiene lo que parecen ser muy realistas sueños eróticos con mujeres a las que cruza cotidianamente y a varias de ellas intenta conquistar en algunos de los ámbitos en los que se mueve. Su niña parece prestarle cada vez menos atención. Y sus celos y broncas cotidianas con Nikki van en constante crecimiento. La sobriedad puede ser un gran logro para él, pero no es la panacea que lo cura de todos los problemas. Muchos, de hecho, siempre estuvieron ahí, seguramente ocultos bajo el alcohol y las drogas.

Incómoda autobiografía, otro de los sinceramientos emocionales a corazón abierto a los que el director nos tiene acostumbrados, TOMMASO permite a la vez mostrar una faceta más realista y cotidiana de Ferrara, tanto en lo personal como en su obra. Cuando Dafoe –intenso, como siempre– cuenta una anécdota de su pasado filmando una película en Miami uno puede sentir que está «interpretando» algo contado por el propio director. La conexión entre ambos –el actor ya trabajó en seis películas a las órdenes de Abel– es tan clara y evidente que uno puede sentir casi como si fueran una misma persona, un proceso de transmutación personal y creativa que es fascinante.

Los excesos típicos de la obra de Ferrara aquí se sienten un poco ajenos y descolocados dentro del contexto más realista del relato. En su siguiente SIBERIA serán muchísimos más pero el tono de esa película se prestará más a incluir escenas de ese tipo. Acá, en general, sobran, incomodan, nunca logran ser tan verdaderos como parecen serlo las experiencias cotidianas de Tommaso y familia en un verano en Roma en el que el pequeño edificio de felicidad que parecían haber construido empieza a derrumbarse.