Estrenos: crítica de «Hermosa venganza», de Emerald Fennell

Estrenos: crítica de «Hermosa venganza», de Emerald Fennell

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31 Mar, 2021 04:54 | comentarios

Entre la comedia negra, el drama psicológico y el relato de suspenso, la opera prima de la realizadora británica se centra en una mujer que decide vengarse de quienes le arruinaron la vida. Con una gran actuación de Carey Mulligan y un gran elenco que incluye a Adam Brody, Alison Brie, Laverne Cox, Christopher Mintz-Plasse, Alfred Molina y Molly Shannon. Nominada a cinco premios Oscar incluyendo mejor película, dirección y actriz.


El tono que pretende la directora británica Emerald Fennell en su opera prima, HERMOSA VENGANZA (PROMISING YOUNG WOMAN en el original), es inusual e inteligente, de una audacia que quizás a muchos termine incomodando o fastidiando. La realizadora –que fue showrunner de la segunda temporada de KILLING EVE— trata de hacer aquí algo que se parece mucho a la búsqueda de esa serie o de otras como I MAY DESTROY YOU: una historia que funcione entre la comedia negra, el drama psicológico y la fantasía de venganza femenina en un mundo peligroso dominado por la crueldad de los hombres. Y se puede decir que lo consigue aunque seguramente habrá espectadores que sientan que Fennell se pasó un poco de rosca. O bien, que le faltó el tacto y la experiencia suficiente para combinar humor, suspenso y un tema que es dramático y doloroso como la violencia de género.

Estamos en un territorio propio de cineastas como Paul Verhoeven (rasgos de ELLEN se pueden encontrar aquí) o que al menos apunta a una mezcla entre la áspera sensibilidad del director holandés y algún/a realizador/a un tanto más «políticamente correcto» a la hora de acercarse a temas tan inquietantes como el que se trata aquí. PROMISING YOUNG WOMAN narra la historia de Cassie (Carey Mulligan), una chica de 30 años a la que conocemos completamente borracha y tirada en un sillón en un club nocturno. Mientras la observan, varios hombres comentan, de la manera más brutal y desagradable posible, qué es lo harían con ella. Hasta que uno se acerca, se ofrece a ayudarla y a acompañarla a su casa. En el viaje en taxi no le cuesta mucho convencerla (tomando en cuenta el estado en el que está) de ir a tomar un trago a su casa. Pero al llegar allí, darle de beber y comenzar a abusar sexualmente de la chica, se topará con una sorpresa. Cassie le ha tendido una trampa para dejarlo en evidencia.

Una «joven promisoria» que abandonó años atrás su carrera de medicina por una situación violenta que iremos descubriendo de a poco, Cassie ahora atiende en un café, vive con sus padres y, a juzgar por el cuadernito en el que anota nombres de hombres y fechas, lo que acabamos de ver es un plan al que se dedica a conciencia y hace tiempo. ¿El objetivo? Desenmascarar potenciales abusadores, especialmente aquellos que se consideran «buenos chicos» y no se ven a sí mismo como tales, pero que ante una situación de ese tipo no dudarían en actuar de la peor manera posible. Es claro que la chica no la está pasando bien, pero por el tono que usa la realizadora en muchas de las escenas que vemos, su plan vengador resulta más gracioso –negrísimo y arriesgado, pero cómico al fin–que lo dramático que uno imagina que puede llegar a ser.


En el café en el que trabaja, Cassie se encuentra con Jack (el comediante y director de EIGHT GRADE Bo Burnham), un ex compañero de estudios que se sorprende de verla trabajando allí. Tras algunas confusiones –y la esperable desconfianza de la chica–, ambos comienzan lo que parece ser una relación más o menos estable. Pero Cassie no puede (o no quiere) abandonar del todo su plan de vida, especialmente cuando empieza a entrar en contacto con muchas de las personas específicas que, años atrás, miraron para otro lado cuando un evento violento de este tipo tuvo lugar en la universidad a la que ella y varios más iban. Buena parte del gran elenco –que incluye a Adam Brody, Alison Brie, Laverne Cox, Christopher Mintz-Plasse, Alfred Molina y Molly Shannon– interpreta a algunas de las «víctimas» de las distintas revanchas de Cassie.

HERMOSA VENGANZA se maneja en un territorio casi límite entre lo que algunos podrán considerar una efectiva trama de venganza feminista –a Quentin Tarantino no le molestarían para nada algunas de las escenas y situaciones que se ven acá– y los que la verán como una banalización de un tema mucho más serio y grave. Es cierto que a Fennell, quizás por su poca experiencia, a veces le falta algo de sutileza para saber cómo operar en esa delicada línea entre la comedia, el suspenso, el drama y el terror (su banda sonora está plagada de éxitos pop y su diseño de producción es colorido y estilizado aunque cosas terribles estén sucediendo), lo que hace que el espectador no siempre sepa cómo posicionarse ante lo que se le cuenta. Pero eso es parte del atractivo de esta película, que puede ser políticamente correcta e incorrecta a la vez y que enreda de una manera inteligente y audaz ideas que a veces se presentan de un modo muy lineal como la del «empoderamiento femenino».

Cassie es una mujer que ha sufrido y ha visto sufrir, que parece no poder salir de una especie de desorden post-traumático que le impide seguir adelante con su vida personal y profesional. Muchos de sus actos pueden ser éticamente «complicados», pero la idea que los rige no se pone en duda: que todos los hombres –y también muchas mujeres– prefieren barrer bajo la alfombra este tipo de episodios y seguir con sus vidas como si nada hubiese sucedido. Y la chica (interpretada por Mulligan casi como una mujer vampiro que no sabe bien cómo lidiar con sus complicadas pulsiones) no solo no puede soportarlo sino que está dispuesta a batallar contra un sistema de negación que le permite a muchos verse a sí mismos como alejados de este tipo de comportamientos. Negar los hechos más sombríos de la realidad y desentenderse de la responsabilidad individual que permite que esos hechos se perpetúen es algo que, se nota bastante últimamente, está mucho más extendido de lo que imaginábamos. Y HERMOSA VENGANZA es un cachetazo directo, brusco pero efectivo, al rostro del «yo no tuve nada que ver«.