Estrenos online: crítica de «Songs My Brothers Taught Me», de Chloé Zhao (MUBI)

Estrenos online: crítica de «Songs My Brothers Taught Me», de Chloé Zhao (MUBI)

La opera prima de la realizadora de «Nomadland», de 2015, llega a la plataforma de streaming MUBI. Narra la historia de dos hermanos que viven en una reservación sioux de Dakota del Sur.


La opera prima de la realizadora china radicada en Estados Unidos y hoy candidata firme a quedarse con el Oscar a mejor dirección por su tercera película, NOMADLAND, refleja muchas de las obsesiones que se repetirán en sus siguientes films. Su mirada sobre las clases trabajadoras rurales o migrantes, su combinación de documental y ficción –y de actores profesionales con no profesionales–, su gusto por los espacios abiertos y en especial al amanecer o al anochecer ya existen aquí en una manera que se iría modificando y perfeccionando tanto en THE RIDER como en la película de inminente estreno local.

SONGS MY BROTHERS TAUGHT ME –que pasó por Sundance y la Quincena de Realizadores de Cannes en 2015– funciona en el mismo universo que THE RIDER: en la reservación de la tribu Lakota Sioux en Dakota del Sur, con sus caballos, sus toros, sus rodeos, cowboys e indios, un lugar en el que la directora pasó varios años viviendo, conociendo personajes y recogiendo sus historias. A diferencia de ese film de 2017 acá el eje está puesto en dos hermanos, John y Jashaun Winters, que viven con su madre, Aurelia, en la reservación. Apenas comienza la película se enteran que su padre ha muerto y se reúnen ahí con muchos de sus medios hermanos ya que el hombre tenía varias mujeres y decenas de hijos con todas ellas.

Pese a casi no conocerlo, ambos se afligen por esa muerte. Para John es una excusa más en su plan de irse de la reservación. Un adolescente de unos 17 años, John está en pareja con una chica que se irá a Los Angeles a estudiar a la universidad y piensa seguirla e irse también para allá. Otro de los motivos para querer irse está en su cada vez más complicado trabajo, que es comerciar con bebidas alcohólicas que están prohibidas en la reservación históricamente y que él adquiere en un pueblo cercano y las vende. Es que hay otras bandas, más organizadas, que le han dejado en claro que no se debe meter con ellos en ese negocio.


La melancólica Jashaun, en tanto, entabla una relación amistosa con Travis, un tatuador y adicto en recuperación de la reservación a quien ayuda en su trabajo, metiéndose también en algunos problemas por eso. Hay un tercer hermano, mayor que ambos, que está en la cárcel y que dice preferir estar ahí que con su madre, que también tiene sus problemas con el alcohol y malas elecciones de pareja. La película incluye a varios personajes más de la tribu, desde los que se dedican al rodeo, al boxeo o trabajan reparando autos en la zona. Es una comunidad muy integrada, con tradiciones y costumbres afianzadas, pero también con muchos problemas de desocupación, violencia doméstica y el ya citado tema del alcohol.

Pese a tener un formato relativamente clásico, Zhao se muestra más interesada en la descripción del lugar, las costumbres, algunos personajes y situaciones que en los ritmos tradicionales de un guión estructurado. Quizás la historia de John es la que más funciona en términos convencionales. Su recorrido podría verse como el de un coming of age de alguien que trata de encontrar su lugar en el mundo sin saber si ese lugar está en su problemática comunidad o en el más misterioso e idealizado afuera. La más pequeña, de apenas once años, parece más contenida y hasta satisfecha con estar ahí, con su mundo, su gente y su cultura. Al menos hasta ese momento.

SONGS MY BROTHERS TAUGHT ME está filmada en escenarios naturales de la reservación Pine Ridge, con sus habitantes en algunos casos interpretando roles parecidos a como son ellos mismos en la vida real. Como en sus otros films, Zhao posee una impronta documental a la hora de acercarse a su territorio –similar, en alguna manera, a lo que hace el italiano Roberto Minervini–, solo que en su caso hay un mayor gusto por cierta estilización del lenguaje cinematográfico, ya que la cámara de Joshua James Richards tiende a enamorarse de esos amplios espacios naturales, especialmente a la hora de la puesta de sol, algo que se verá aún más en sus siguientes películas.

Si a esa combinación se le suma algunos momentos en los que se usa la voz en off –son pocos, más que nada al principio y al final, casi a modo de apertura y cierre del cuento–, por momentos se nota claramente la deuda que SONGS… tiene con el cine de Terrence Malick, especialmente el de la década del ’70 donde el realizador de BADLANDS todavía mantenía una estructura narrativa más cercana a lo tradicional. De hecho, la zona en la que Zhao filma es muy cercana (el Parque Nacional Badlands, en Dakota del Sur) a la de aquel clásico film de 1973.

Con el correr de los films, Zhao fue soltando cada vez más la conexión con los esquemas narrativos más clásicos, ya que tanto THE RIDER como NOMADLAND tienen una estructura aún más episódica y observacional que este film. Pero la raíz de todo esta acá. En los habitantes olvidados y marginales de los Estados Unidos –su clase trabajadora y sus pueblos originarios con sus familias rotas y sus sueños quebrados– que, pese a todos sus problemas e inconvenientes, luchan por mantener un sentido de comunidad, de pertenencia, de hermandad, sea biológica o no. Saben que, finalmente, se tienen el uno al otro.