Estrenos: crítica de «Wrath of Man», de Guy Ritchie

Estrenos: crítica de «Wrath of Man», de Guy Ritchie

La nueva película del realizador de «Snatch» lo reúne con Jason Statham para contar la historia de un hombre con un secreto plan de venganza que se mueve entre bandas criminales y de seguridad de Los Angeles. Estrenada en España como «Despierta la furia» y en América Latina (donde los cines están abiertos) como «Justicia implacable».


La primera escena de WRATH OF MAN lleva implícitas dos declaraciones a la vez. Viniendo de Guy Ritchie, realizador conocido por intentar cualquier pirueta audiovisual que circule por su imaginación, es una manera de decir que esta película será distinta, más seca, contenida y menos rimbombante que otras. La otra tiene que ver con la propia lógica de esta remake de un poco conocido thriller francés de 2004 (LE CONVOYEUR, de Nicolas Boukhrief) que va revelando detalles de su enredada trama a cuentagotas y siempre cambiando en función del punto de vista.

La escena consiste en el ataque a un camión blindado de la compañía Fortico Securities que carga mucho dinero. Filmado en un solo plano desde la parte de atrás, observamos los sucesos desde ese limitado punto de vista, casi como capturado por una cámara de seguridad de adentro del vehículo. Mientras escuchamos la conversación asustada de los choferes vemos a un grupo de personas frenar el coche, romper sus puertas, generar una explosión, matar a sus ocupantes y quedarse con las bolsas. Eso sí, en el medio logramos advertir a través del parabrisas que algún tipo de incidente inesperado tuvo lugar afuera.

De ahí en adelante la película irá para atrás y para adelante en el tiempo para ir revelando una serie de hechos que se conectan, esencialmente, con ese robo. Meses después vemos a un tal H (Jason Statham, aún más seco, serio y reconcentrado que de costumbre) incorporarse a Fortico. No parece ser ni un gran conductor ni un gran tirador, pero es lo suficientemente bueno –y tiene experiencia en seguridad– como para pasar el examen. Y su jefe directo, Bullet (Holt McCallany, de MINDHUNTER), lo recibe amablemente y le presenta a sus nuevos compañeros de trabajo, una banda un tanto extravagante de sujetos que no le dan la mejor bienvenida.


Pero al comenzar con sus recorridos, H prueba ser todo un especialista en detener este tipo de robos, liquidando ladrones y, en un caso, literalmente haciéndolos huir con tal solo mostrarles la cara. Pero más que celebrarlo, sus colegas de trabajo (incluyendo a Josh Hartnett) sospechan de él. ¿Qué hay detrás de este tipo malhumorado y taciturno que funciona por las calles de Los Angeles como si fuera un superhéroe? ¿Es realmente quién dice ser? El dueño de Fortico está feliz con su contratación pero sus «hazañas» hacen sospechar hasta a la policía.

Es obvio que H no es quién dice ser y que sus motivos no son, simplemente, hacer bien su trabajo. Y la película irá pelando de a poco las capas de ese misterio, de una manera muy cara al cine de Ritchie –y de Quentin Tarantino y de buena parte de los thrillers de los ’90– que es la de ir y venir en el tiempo narrativo. Es así que JUSTICIA IMPLACABLE/DESPIERTA LA FURIA (título latinoamericano y español, respectivamente) volverá a un pasado previo al ataque inicial, volverá al presente, irá luego aún más atrás pero con otros puntos de vista y volverá a la actualidad también desde ahí. Pero todo esto –de vuelta, curiosamente para el usualmente grandilocuente Ritchie– realizado con bastante claridad y economía de recursos, sin demasiados «gestos técnicos» como dirían los comentaristas de fútbol.

Uno de los mejores ejemplos de esa manera de combinar pasado y presente está en la forma en la que edita un par de escenas de acción en tiempos paralelos entre la preparación y el resultado. Como corresponde a toda película que incluye planificaciones de robos, WRATH OF MAN tiene algunas escenas en las que se vuelve necesario explicar los procedimientos de alguno de estos eventos. Y la manera de hacerlo de Ritchie, si no del todo original, al menos es muy creativa y permite evitar la rutinaria «exposición» de los planes.

La trama en cierto momento se volverá un tanto enredada de más –se podría evitar algún giro, digamos– pero todo procede de una manera muy eficiente y, dentro del planteo, bastante lógica. Y más allá de una escena un tanto más «superproducida» (un montaje musicalizado con un áspero remix de un clásico tema de Johnny Cash), Ritchie se mantiene dentro de las reglas del policial urbano más callejero, claramente inspirado en HEAT/FUEGO CONTRA FUEGO, tanto en el universo que describe como los ambientes que retrata, especialmente las zonas portuarias y más «desangeladas» de Los Angeles.


Si bien Ritchie siempre fue un realizador inspirado en los clásicos del cine negro (aquí la referencia más clara, para mí, es THE KILLING, de Stanley Kubrick), su estilo cinematográfico siempre estuvo teñido por una tendencia al show off. Eso, que parecía simpático y hasta relevante en los ’90, una década de supuesta reinvención del cine negro en plan hipster a la que le aportó films como LOCK, STOCK AND TWO SMOKING BARRELS y SNATCH, entre otros, se empezó a volver manierista y totalmente irrelevante en las últimas décadas con superproducciones ampulosas y llenas de efectitos como la saga de Sherlock Holmes o esa cosa espantosa sobre el Rey Arturo.

Al regresar con Statham –actor que surgió en sus películas y con el que no trabajaba desde REVOLVER, de 2005– da la sensación también de que Ritchie intenta de algún modo volver a los orígenes con una película que debe haber sido hecha con muchísimo menos presupuesto que sus últimas seis. El modelo lo ameritaba también. En este thriller de ladrones y agentes de seguridad californianos casi no hay lugar para el humor ni la ironía. De hecho, la actuación de Scott Eastwood (en un papel que se revelará promediando el film) pareciera otorgarle un linaje de contención y ejecución al propio realizador. Claro que Ritchie está lejísimos del registro del gran Clint –o el de Michael Mann, o el de David Fincher–, pero acá hace su máximo esfuerzo por mantenerse en un tono acorde a la dimensión de los personajes y su universo.

WRATH OF MAN tiene un espíritu de revenge movie de Clase B de antaño, hasta con algunas actuaciones y diálogos que rozan lo risible. Pero eso raramente molesta ya que la propuesta pasa por otro lado, especialmente su planificación visual. Ritchie tampoco se dedica a apilar escenas de acción una tras otra. Más bien se podría decir que tras la inicial y una en la que Statham sorprende con sus habilidades para liquidar a una banda de maleantes sin casi pestañear, gran parte de la película se va en desentrañar no solo quién es H y cuál es su motivación sino toda la estructura del hampa en la que los personajes se mueven, haciendo aparecer a grupo tras grupo de personajes: policías, una banda de criminales, otra banda de criminales y así.

La última media hora sí estará dedicada a desarrollar una gran escena de acción y suspenso. Pero no será pura parafernalia y efectos sino que consistirá en la complicada ejecución de un plan en apariencia perfecto que no saldrá, obviamente, del todo bien. Usando la mayor economía de recursos posible dentro de un estilo «robo que se descontrola» a la HEAT o hasta THE DARK KNIGHT, Ritchie prueba que, cuando quiere, puede narrar visualmente de forma seca, efectiva y coherente satisfaciendo al espectador aún más que cuando lanza un arsenal de fuegos de artificio. En esta película no los precisa. En realidad, no los precisa en ninguna. Quizás esta sea una lección de que menos (o un poco menos en su caso) siempre es más.