Cannes 2021: crítica de «Ali & Ava», de Clio Barnard (Quincena de Realizadores)

Cannes 2021: crítica de «Ali & Ava», de Clio Barnard (Quincena de Realizadores)

por - cine, Críticas, Festivales
14 Jul, 2021 09:28 | Sin comentarios

Esta historia de amor entre un hombre y una mujer en busca de una segunda oportunidad en sus vidas es una suerte de «Romeo & Julieta» interracial (y madura) en la Inglaterra contemporánea.


La realizadora de THE ARBOR, otra de las representantes británicas en el festival, hace su película más accesible en ALI & AVA, una modernización del llamado kitchen sink británico (Wikipedia lo traduce como «realismo de la clase obrera») a las oleadas inmigratorias de las últimas décadas. Es una película influenciada fuertemente por el cine de realizadores como Ken Loach o Stephen Frears en sus adaptaciones de Hanif Kureishi y lo que cuenta es una suerte de historia de amor a lo Romeo & Julieta solo que entre personas que ya pasaron los cincuenta y que todavía no se han dado del todo por vencidos.

Adeel Akhtar (a quien algunos habrán visto ahora en la serie SWEET TOOTH, de Netflix) es Ali. A diferencia de películas como las basadas en novelas de Kureishi, acá el hombre es el que está más acomodado económicamente en la situación. Su familia tiene propiedades en Bradford y él las recorre cobrando los alquileres correspondientes. Es un tipo amable y querible que raramente tiene problemas con sus inquilinos. Su verdadera pasión, en realidad, es la música. Y en sus ratos libres baja a su sótano y revisa sus discos y su equipamiento de DJ.

Ali es casado «en los papeles» ya que sigue viviendo bajo el mismo techo que su mujer. ¿El motivo? Hacer público un divorcio en su conservadora familia es todo un problema que ninguno parece querer atravesar. En uno de sus recorridos «de cobro», Ali termina alcanzando a una de las hijas de sus inquilinos a la escuela y ahí se topa con Ava (Claire Rushbrook, de SECRETOS Y MENTIRAS), una maestra de la escuela, viuda, con la que el siempre entusiasta hombre se pone a conversar.


Un día lluvioso el hombre se ofrece a llevarla en su auto a su casa que queda en una zona que si fuera Estados Unidos definiríamos claramente como white trash. Acá, digamos, es un clásico barrio de clase obrera británica blanca –conservadora, tradicional, dura– que no mira con buenos ojos a este hombre de clara ascendencia asiática. De a poco, cuando la relación empiece a volverse un poco más seria, lo principal será evitar a Callum, el hijo de Ava, uno de esos bullies ingleses que siempre parece tener encima un par de cervezas de más y ganas de pegarle a alguien.

Fuera de esos temores –y de otros, que irán apareciendo con el correr del film– la relación de Ali y Ava parece casi la de dos adolescentes que se descubren fascinados el uno con el otro, compartiendo historias, anécdotas, gustos musicales y así. Solo que son dos personas con más bagaje –emocional, fundamentalmente– y con familias que quizás no logren entender bien la lógica de esa relación. Ella, además, es bastante mayor que él, lo que le da otro elemento «llamativo» a la pareja.

ALI & AVA, pese a los conflictos dramáticos que van surgiendo a lo largo de su metraje, es una película romántica, optimista, muy humana, casi old fashioned si no fuera por algunas elecciones y decisiones formales de la realizadora. Y si bien el cine de Loach y hasta el de Mike Leigh circulan relativamente cerca de lo que Barnard propone aquí, la realizadora trabaja con otro tipo de ligereza, hasta de liviandad, aún en los momentos potencialmente densos que van apareciendo en el camino.

El uso de la música como gran «conector» entre clases sociales y orígenes étnicos funciona muy bien, especialmente en una escena que pinta para ser peligrosa pero que se altera gracias a los conocimientos como DJ de Ali. Y si bien hay personajes dispuestos a impedir que este romance avance (Callum, fundamentalmente, con toda la fiereza que posee), la película nunca pierde su espíritu de «cuento de hadas realista», un optimismo que emana de los propios personajes y su deseo de tener una nueva oportunidad en sus vidas. No es poco, en estos tiempos amargos.