Cannes 2021: crítica de «Bruno Reidal», de Vincent Le Port (Semana de la Crítica)

Cannes 2021: crítica de «Bruno Reidal», de Vincent Le Port (Semana de la Crítica)

por - cine, Críticas, Festivales
15 Jul, 2021 06:19 | Sin comentarios

Esta opera prima francesa se centra en el caso real de un adolescente que mató brutalmente a un niño en la Francia de principios de siglo XX. Basado en los diarios de uno de los médicos que lo entrevistó en prisión.


Basado en un caso real que sucedió a principios del siglo XX, la historia que cuenta BRUNO REIDAL es fuerte, incómoda, áspera. La película va directo al grano de entrada mostrando a su adolescente protagonista –cuyo nombre da título al film– matando a un niño en medio del campo de una manera brutal, sádica, cortándole directamente la cabeza. De ahí, el perturbado y perturbador Bruno va directo a las autoridades y se entrega, confesando el crimen. Lo que la película contará, a la manera de una serie de largos flashbacks, será su testimonio ante tres doctores que intentan entender cómo este chico en apariencia serio y trabajador, seminarista religioso, pudo haber cometido un asesinato tan brutal.

Es así que conocemos a Bruno desde pequeño, con su familia pobre y campesina, muchos hermanos y sobrinos. El chico estudia, le va bien en el colegio, pero tiene una vida afectiva nula, con padres poco demostrativos o afectuosos. Un episodio en la niñez será clave: Bruno se topará con un campesino que abusa de él sexualmente, masturbándolo contra su voluntad. Para el chico es una experiencia confusa en la que se mezclan odio y placer. Y lo lleva a convertirse en una suerte de masturbador serial que, en general, se excita con deseos de muerte de otros hombres.

La película seguirá su infancia y adolescencia lidiando con ese problema a través de sus años de estudiante, sus intentos de escapar a las tentaciones estudiando como seminarista religioso pero, sobre todo, poniendo el eje en sus deseos reprimidos por otros hombres –compañeros de él de escuela y seminario– que suele resolver, digamos, manualmente. Pero la violencia sigue allí y tiene también características socio-económicas (los otros están en mejor posición que él) y de baja autoestima, especialmente en lo que respecta a su aspecto físico y su personalidad un poco torturada. A la vez, con sus buenas notas escolares, se siente intelectualmente superior a los demás. Todo este combo solo logra perturbarlo cada día más.


Usando un tono de film de época clásico –algunos plano parecen directamente sacados de pinturas contemporáneas a la historia– pero con una austeridad formal y una negrura que, por momentos, hace recordar a las primeras películas de Bruno Dumont (la cara del protagonista, sin ir más lejos, su evidente incomodidad, traen a la memoria films como LA HUMANIDAD o LA VIDA DE JESUS), BRUNO REIDAL por momentos bordea la provocación gratuita, con algunas escenas gráficas e incómodas que son claramente innecesarias y que no van de la mano con la sutileza que maneja Le Port –un premiado cortometrajista haciendo aquí su opera prima– al mostrar otros aspectos de su vida.

Pero más allá de esos excesos, la historia de Bruno casi podría ser la precuela de tantos casos de criminales o asesinos más recientes –esos que abundan en las series policiales actuales– cuyos instintos violentos se disparan a partir de abusos, deseos reprimidos y otras malas experiencias sexuales. Le Port no lo narra como una investigación policial sino como un relato dramático en primera persona, como la lectura de un diario privado (los doctores le piden a Bruno que escriba su historia ante sus evidentes dificultades para ponerla en palabras) en el que un joven perturbado termina de algún modo «devolviendo» las agresiones recibidas depositándolas en los que son aún más débiles y frágiles que él. No es una pintura simpática ni amable –es, en cierto punto, bastante cruel–, pero la película es convincente en su forma casi clínica, seca y distante, de narrar su historia.