Cannes 2021: crítica de «La Civil», de Teodora Ana Mihai (Un Certain Regard)

Cannes 2021: crítica de «La Civil», de Teodora Ana Mihai (Un Certain Regard)

por - cine, Críticas, Festivales
09 Jul, 2021 02:18 | Sin comentarios

Esta película realizada en México por una directora rumana cuenta la historia de una mujer a la que le secuestran a su hija adolescente e inicia una peligrosa cruzada para encontrarla.


A juzgar por la gran mayoría de las películas mexicanas que se ven en festivales internacionales –especialmente en la sección oficial de Cannes– al espectador no le queda otra opción que pensar que se trata de un país terrible, inviable, lleno de gente espantosa, egoísta, cruel. El infierno sobre la Tierra. La realidad del país puede ser dura, de eso no hay dudas y no vamos a discutirlo acá, pero si uno solo toma en consideración el cine que se ve internacionalmente, no parece haber otra cosa que narcos asesinos, policías, militares y políticos corruptos y violentos y, a juzgar por lo que se ve en LA CIVIL, tarde o temprano hasta las personas de a pie se vuelven mentirosos, delatores, criminales, justicieros a mano propia o varias combinaciones de esas cosas.

LA CIVIL cuenta una historia que, en cierto punto, no tiene muchas diferencias con los thrillers de revancha de Liam Neeson o similares. Aquí la protagonista es Cielo, una madre que vive en un pueblo pequeño del estado de Tamaulipas, donde todos parecen conocerse entre sí. A la mujer le secuestran a su hija adolescente tras la primera escena del film. La mujer intenta negociar con los supuestos –y muy jóvenes– secuestradores, pero pierde el dinero y ni rastros de la chica. Su búsqueda e investigación personal no logra tampoco avanzar: se topa con burocracias, amenazas, el silencio del pueblo entero y una suerte de resignación policíaca.

A partir de contactarse con un grupo militar, Cielo se vuelve una especie de «vengadora» sin descanso, perdiendo de a poco los límites (y los estribos) en la desesperada búsqueda de su hija. No es la típica «madre coraje» que hace marchas y denuncias públicas. No. Se parece más a una suerte de parapolicial, de esos que piensan que la única forma de hacer justicia es por mano propia. Y, a juzgar por lo que se ve en la película de la rumana radicada en Bélgica Teodora Ana Mihai, mucha otra opción no parece tener ya que, claramente, nadie parece querer o poder ayudarla.


Repito algo que digo muchas veces cuando me toca escribir sobre este tipo de películas (no me parece nada casual, de hecho, que la coproduzca Michel Franco, especialista en este tipo de «formatos»): nadie pone en duda que estas cosas suceden y que el tipo de violencia que se muestra aquí es algo quizás cotidiano en varios estados del país. El problema es la forma de hacerlo, lo mecánico y previsible de los procedimientos narrativos y el concepto de explotación de esa misma violencia como «entretenimiento para personas preocupadas», especialmente europeos.

Eficientemente narrada y filmada con elegancia y ritmo más allá de sus 140 minutos de duración, LA CIVIL es otro ejemplar del más ubicuo cine de la crueldad contemporánea, una cadena de desgracias y miserias, una panorámica de personajes siniestros, detestables o completamente aturdidos por la violencia que los rodea y que terminan también ejerciendo, una película que no da respiro y no provoca otra sensación que la de indignación. Un sentimiento al uso que, generalmente, no conduce a mucho más que a un escándalo pasajero (algo así como «¡qué terrible todo!«) del espectador casual. Y que, así como viene, se va…

PD. La canción pop/radial «comprometida» que acompaña los créditos es casi una prueba de todo lo que acabo de escribir.