Cannes 2021: crítica de «Let it Be Morning», de Eran Kolirin (Un Certain Regard)

Cannes 2021: crítica de «Let it Be Morning», de Eran Kolirin (Un Certain Regard)

por - cine, Críticas, Festivales
11 Jul, 2021 08:59 | Sin comentarios

Este drama se centra en lo que le sucede a un ciudadano israelí de origen palestino que no puede volver a Jerusalem cuando bloquean la frontera.


Algo tan simple como ir a la boda de su hermano se puede convertir en un problema muy serio para Sami y su familia. Es que el hombre, ciudadano israelí de origen palestino, ha cruzado la frontera amurallada para ir al casamiento en cuestión y, cuando decide emprender el regreso a Jerusalem, donde vive, se encuentra en medio de la noche con que la ruta de regreso está bloqueada.

No hay forma de convencer a los soldados de que les permitan cruzar. Ni en ese momento ni la mañana siguiente cuando ya son varios los que se han quedado varados sin poder regresar. Y ni siquiera conociendo personalmente a algunos de los soldados apostados en el lugar. Pero de a poco la cosa se va poniendo más violenta y agresiva entre los locales y los soldados, lo cual implica que todavía más restricciones serán tomadas (cortes de luz, por ejemplo) y algunas balas disuasivas serán lanzadas.

Sami y su mujer, al principio, se muestran indiferentes a la situación social general. Solo quieren regresar a su casa porque tienen trabajos que hacer, lugares a los que ir y otras cosas pendientes que se revelarán más adelante. Pero eso empezará a cambiar también cuando las restricciones se vuelven más duras, la ciudad quedé casi en cuarentena (militar, no pandémica) y Sami, por más «amigo» que quiera hacerse de los soldados que custodian el paso (y que son los únicos que tienen acceso a la señal telefónica), no logre atravesar la frontera.


Para él y su familia es un cambio cultural fuerte ya que Sami es de los que creen en lidiar civilizadamente con los israelíes y es visto por algunos locales casi como un creído, un traidor. Y convengamos que responde un poco al estereotipo. Es así que, de a poco, instigado también por las circunstancias ya mencionadas y la tensión creciente reaparece en él un espíritu nacionalista que lo lleva a reconocer una parte suya que parecía tener olvidada.

En paralelo Kolirin presenta también conflictos internos entre Sami y su mujer, entre él y sus jefes en Israel, así como entre la población local palestina, problemas que van desde rivalidades internas respecto al control político del lugar a diferencias en torno a cómo manejar la situación de los supuestos «rebeldes» que estarían escondiendo ahí, pasando por conflictos de clase (Sami y su familia son vistos por algunos vecinos como ricachones que desconocen la realidad local ya que solo vienen de visita) y otros problemas que el hombre, estando afuera, prácticamente desconocía.

Dentro de un formato de drama accesible, comercial, con momentos de humor pese a la seriedad de la situación que se va agravando, el director de LA VISITA DE LA BANDA y EL ENEMIGO INTERIOR adapta la novela de 2005 de Sayed Kashua, escrita en la época de la construcción de la barrera física entre los dos países. Es un film que, como los anteriores del realizador, no se caracteriza por la sutileza (y mucho menos por la elegancia de las siempre funcionales imágenes), que corre el riesgo de banalizar situaciones que son mucho más complicadas, pero que permite entender ese cambio que se produce en el protagonista al tener que experimental en carne propia cómo se vive «del otro lado de las vías». Aún con sus clichés y desarrollo dramático un tanto obvio, LET IT BE MORNING funciona como efectiva critica de una situación política irresoluble.