Cannes 2021: crítica de «Marinheiro das montanhas», de Karim Aïnouz (Special Screenings)

Cannes 2021: crítica de «Marinheiro das montanhas», de Karim Aïnouz (Special Screenings)

por - cine, Críticas, Festivales
10 Jul, 2021 03:40 | Sin comentarios

Este documental del realizador de «Madame Satã» lo muestra volviendo a Argelia, al pueblo en el que nació su padre, para recuperar la complicada historia de su familia.


En MARINHEIRO DAS MONTANHAS, el realizador brasileño de padre argelino retorna a la tierra en la que nació su porgenitor, Majid, para recuperar su historia, conocer el lugar y saber más acerca de sus orígenes. Es un momento quizás clásico en la vida de cualquier persona que llega a cierta edad: la necesidad de saber más del pasado, de la historia familiar. Y más aún en casos como los de Aïnouz en los que los viajes, los desencuentros, las desapariciones y los misterios han ido oscureciendo buena parte de su propia historia.

La película puede ser vista –y en cierto sentido está estructurada– como un diario de viaje. No hay (o no parece haber) equipo de filmación. Es el director, cámara en mano, capturando sus experiencias que empiezan cuando arriba a Argel, lidia con las miradas raras y hasta sospechas en aduanas y aeropuertos para ir, de a poco, sintiéndose cada vez más «como en casa» en tanto va adentrándose en las particularidades y costumbres locales, conociendo gente y dando espacio a sus testimonios a cámara. Todos ellos, claro, intrigados además por su situación e historia familiar.

En paralelo al viaje que Karim emprende al pequeño pueblo de la región de Cabilia que es oriundo su padre y en el que todavía viven algunos familiares distantes que desconocen su existencia, MARINHEIRO… contará la historia de su Majid, de su madre Iracema (fallecida en 2015 y al que el realizador se dirige desde la narración, a modo de carta), de cómo se conocieron mientras estudiaban en los Estados Unidos, de los viajes de él, los desencuentros, el paso a Brasil y otras circunstancias específicas que es mejor dejar que el espectador descubra por sí mismo. Lo cierto es que se trata de una serie de peripecias raras (que remedan, en algún sentido, los desencuentros geográficos y los intercambios epistolares de LA VIDA INVISIBLE DE EURÍDICE GUSMÃO, su anterior y premiado film) que marcaron a fuego la vida del realizador de MADAME SATÃ.


Con una voz en off que recuerda y analiza, que pregunta y se hace preguntas, que investiga en la realidad social argelina actual –hay protestas en ese momento en el país, capturadas por el realizador en el documental NARDJES A.— así como la del pasado –la guerra con Francia es un hecho importante, hasta clave, en la historia familiar–, la película va ganando en calidez y emoción cuando Karim llega al pueblo en el que muchos llevan su apellido y en el que es recibido como uno más de la familia, por más que solo algunos pocos (los más ancianos) recuerden a su padre, que marchó de allí hace bastante más de medio siglo.

Las limitaciones «técnicas» del tipo de rodaje no molestan ni incomodan. Al contrario, capturan a la perfección lo que es, en definitiva, una experiencia. Y lo que separa a MARINHEIRO DAS MONTANHAS de los incontables documentales biográficos que investigan o recuperan la relación de cineastas con sus historias familiares, es que la de Aïnouz es tan personal como universal, se entrecruza con temas importantes de la historia del siglo XX (y de sus consecuencias en el XXI) y no se trata solo de onanismo cinematográfico o de terapia pública. Un poco como sucede con los documentales autobiográficos de Andrés Di Tella –que también hacen ese cruce entre lo personal y lo histórico/político–, este film brasileño demuestra a la vez que «el cine del yo» y «el cine del otro» (o «el cine del mundo») no tienen porqué ser asuntos separados.