Estrenos online: crítica de «Summer of Soul», de Questlove

Estrenos online: crítica de «Summer of Soul», de Questlove

Este documental dirigido por el líder de The Roots rescata del olvido un poco conocido festival de música negra que tuvo lugar en Harlem en 1969, al mismo tiempo que Woodstock, y en el que participaron Stevie Wonder, Sly Stone, B.B. King y Nina Simone, entre muchos otros artistas. Se verá en Star+.


El contraste es muy fuerte. Vistos con apenas unos días de diferencia –como lo hice yo–, documentales como SUMMER OF SOUL y WOODSTOCK ’99 no pueden ser más distintos uno del otro. El que se centra en el intento de reeditar comercialmente la magia del concierto original de Woodstock, el de 1969, es prácticamente una invitación al caos, al descontrol, a la desorganización y al desmadre. Un festival con muy poco de fiesta y con mucho de descarga de adrenalina y violencia.

SUMMER OF SOUL es todo lo opuesto. Dirigido por Ahmir (Questlove) Thompson –el baterista y líder de The Roots, DJ, podcaster y una enciclopedia viva de la música, entre muchas otras cosas–, a partir de material recopilado de las grabaciones de los conciertos originales de 1969, es un film-concierto como celebración, como fiesta, como puro derroche de energía positiva, de evento comunitario. Premiado en el Festival de Sundance, se ha convertido rápidamente en un nuevo clásico del género.

Lo curioso, si se quiere, es que el Woodstock del ’99 existió en un tiempo de prosperidad económica y relativa calma política –especialmente si se toma en cuenta las dos décadas posteriores, desde los atentados a las Torres Gemelas hasta ahora– mientras que el show de músicos afroamericanos en Harlem se hizo en un clima de violencia política, guerra de Vietnam, racismo desatado y todo el caos imaginable de 1969, cuando la idealizada década del ’60 estaba empezando a mostrar la hilacha. ¿Difícil entenderlo? Tal vez. Pero sin dudas es interesante pensarlo.


SUMMER OF SOUL rescata, fundamentalmente, un festival de música y cultura que tuvo lugar en el Mount Morris Park de Harlem (hoy llamado Marcus Garvey Park) a lo largo de seis domingos consecutivos del verano boreal de 1969. Fue paralelo al original Woodstock pero no tuvo la misma trascendencia histórica. Hay motivos precisos y otros más simbólicos. El primero, que las cintas quedaron encajonadas, guardadas, perdidas y solo mucho después recuperadas y editadas. Y, el otro, claramente racial: a ningún productor le motivó demasiado hacer un documental con esas 40 horas de material filmado a cinco cámaras como sí se hizo con Woodstock. Y no olvidemos que la película sobre ese festival –más que el festival mismo– fue la que perpetuó el mito.

En el film de Questlove se habla del contexto político y racial de la época –el propio director dice que apuntó más a eso luego del furor del Black Lives Matter de 2020–, se cuentan algunos detalles del detrás de la escena de la producción, pero más que nada se deja a los artistas hacer lo suyo sobre el escenario. Y es una excelente decisión que revela que el director es fundamentalmente un músico, fan y melómano. Y si bien casi todos los participantes comentan, en off, algunos detalles del show que dieron y lo que les pasaba entonces, casi todo lo que vemos y oímos es lo que hacen en escena.

¿El line-up? Stevie Wonder, Sly & the Family Stone, Nina Simone, B.B. King, The Staple Singers, Mahalia Jackson, Gladys Knight & the Pips, Max Roach, Ray Barreto, The Fifth Dimension y David Ruffin (de The Temptations), entre otros. El documental tiene una parte dedicada al gospel, otra al blues, al jazz y a la música latina, otra al soul clásico y una al más psicodélico y moderno que entonces despegaba con artistas como Sly Stone. Y el placer está en los shows en sí, algo que su relación con el contexto social de la época y el valor histórico solo refuerza pero no reemplaza.

El entonces muy joven Wonder (que recién se despegaba del mote de artista de Motown tradicional para tomar un camino más personal que llegaría con todo en los ’70) impresiona con sus ya conocidas habilidades multiples como cantante y tecladista, lo mismo que Ray Barreto y su enérgico grupo de música afrolatina. Pasa algo similar con el gospel, en especial en el dúo entre Mavis Staples y la mítica Jackson, con el show del inimitable Sly con temas que se volverían clásicos y, al final, en la desafiante performance de la gran Nina Simone.

Hay también testimonios de espectadores que estuvieron ahí y cumplieron un sueño –uno dice que le cambió la vida–, padres, hijos, familias, un mix de razas con predominancia negra y latina. El Harlem Cultural Festival de 1969 fue un evento épico que la historia olvidó, dejó de lado para siempre y fue rescatado por un dedicado divulgador de la música negra que ha sabido mostrar el espectáculo en sí habilitando además lecturas que permiten entender los motivos y razones de ese olvido.

Si bien la música afroamericana no ha sido por lo general olvidada ni marginada dentro de la cultura estadounidense, se prefería entonces ubicarla en un lugar «safe»: un entretenimiento familiar, seguro y tranquilo. Y si bien eso es en buena parte lo que se escucha en SUMMER OF SOUL, hay artistas como Nina Simone y Sly Stone, y un contexto político y racial –los Panteras Negras hacían la seguridad, Martin Luther King había sido asesinado un año antes, disturbios y saqueos se sucedían en varias ciudades– que dan a entender que había tensión bajo la superficie.

A diferencia de los chicos blancos del Woodstock ’99 que rompieron todo por motivos indescifrables –calor, agua, agotamiento, mala organización, peores drogas, algunos shows que apostaban al bardo y poco más–, los participantes de estos shows tenían motivos más reales y profundos para sembrar el caos, pero no lo hicieron. Transformaron a un evento comunitario en una fiesta. Y dejaron que la música los transporte, al menos por unas horas, a un lugar mejor.