Series: crítica de «Maricón perdido», de Bob Pop (TNT y HBO Max)

Series: crítica de «Maricón perdido», de Bob Pop (TNT y HBO Max)

Esta miniserie española de seis episodios es un retrato autobiográfico de Bob Pop, célebre escritor y figura pública que cuenta, en tono de comedia dramática, la historia de su vida y su lucha contra todo tipo de discriminación. Los primeros tres episodios se verán el jueves 22 y los tres restantes el jueves 29, siempre a las 22, por TNT. También estará disponible en HBO Max.


Poco conocido en Argentina, Bob Pop es una suerte de estrella de culto en España. Un escritor, conductor, «bloguero», columnista, crítico de TV, de moda y humorista –entre otras posibles profesiones–cuya carrera ha estado marcada por la defensa de los derechos LGBT+ y por ser una voz crítica y «progresista» en la mayoría de los temas de debate y discusión que se dan en ese país. MARICON PERDIDO marca su «desembarco» en las series de televisión como showrunner y guionista contando, fundamentalmente, la historia de su vida hasta la actualidad.

Interpretado por tres actores a lo largo de distintas etapas de su vida (dos, en realidad, ya que el tercero es él mismo, de hoy 50 años), la serie de seis episodios que debuta el jueves 22 en TNT (a las 22) y en HBO Max es una emotiva y divertida autobiografía centrada fundamentalmente en su lucha contra la homofobia y, hasta cierto punto, contra la gordofobia, ya que el cuerpo de Roberto no entraba en los cánones de belleza convencionales de la época.

La serie, escrita por Pop y dirigida por Alejandro Marin, va y viene entre tres etapas de su vida: su primera adolescencia, sus veinte años y su adultez. Salvo por una breve aparición suya al final de un capítulo, los tres episodios adelantados (son seis en total, de menos de media hora cada uno) se ocupan de las primeras dos etapas, muchas veces yendo y viniendo entre ellas en una misma secuencia, creando paralelos entre situaciones vividas en una y en otra. Y los actores que lo encarnan son Gabriel Sánchez y Carlos González, tan bien caracterizados que por momentos parecen la misma persona.


Cuando lo conocemos, Roberto Enríquez –ese es su nombre original– tiene que lidiar con varios problemas a la vez. Recién empezando a asumirse homosexual en un barrio popular de las afueras de Madrid a mediados de los ’80, le toca enfrentarse a sus compañeros de clase que se burlan permanentemente de él. Y, a la vez, enfrenta similares problemas con otros chicos «pesados» del barrio que hacen lo mismo pero de maneras aún más violentas. En su casa, más allá del cariño de su abuelo, le toca en suerte una madre entre excéntrica e insoportable (Candela Peña), con la que le cuesta entenderse. Y un padre prácticamente ausente, que está filmado de modo muy inteligente para reforzar esa idea.

MARICON PERDIDO presenta de entrada su formato y búsqueda estética, cercana en cierto punto a la reciente serie VENENO y, a la vez, al cine de Pedro Alomodóvar, que aparece haciendo de sí mismo en un episodio. Lo primero que vemos a Roberto hacer es ponerse un vestido de novia y cantar un tema del musical EVITA en una actividad de su clase, la que termina de una manera bastante desagradable y violenta. Mientras canta, sin embargo, el realizador Marin transforma el aula en un teatro y el chico se ve a sí mismo en el escenario, cantando maravillosamente bien y siendo ovacionado por todos. Este recurso con toques musicales separando realidad de imaginación volverá más de una vez a lo largo de la serie, con canciones de Culture Club o David Bowie. Y en un punto será el «ida y vuelta» entre realidad dura y fantasía pop en el que se moverá en esa etapa.

En su mecanismo de idas y vueltas en el tiempo, la serie lo mostrará descubriendo la vida gay de la noche de Madrid a sus 20, enfrentando algunas situaciones complicadas, violentas e incómodas aunque también encontrando compañeros (compañeras, más que nada) de vida e inesperados gestos de solidaridad en el camino. Y si bien varias situaciones que se narran en los primeros episodios de la serie son duros, hay una suerte de resiliencia, de fuerza de espíritu en el personaje, que saca a la serie de cierta lógica cruel y desgastante en la que este tipo de propuestas pueden caer. El miedo, el dolor y la soledad existen en su vida –aparecerán luego algunos problemas de salud–, pero MARICON PERDIDO es una historia curiosamente optimista, ligado más que nada a la personalidad usualmente positiva, amable y risueña del joven Bob.

El riesgo de ir y venir en el tiempo funciona bastante bien y no dificulta la fluidez del relato, al menos durante los tres episodios vistos. Por momentos la serie apunta a un humor un tanto más grueso (digamos que la caracterización de Peña es graciosa pero es también un festín de mohínes y alaridos), pero en general logra funcionar muy bien gracias también a esos espacios de afecto y cariño que Bob va armando con algunas amigas, compañeras de trabajo y su abuelo, que siempre está a su lado y quien es el principal responsable de su interés por la literatura.

Breve, emotiva y cálida –pese a la desgarradora naturaleza de muchos de los acontecimientos que narra–, MARICON PERDIDO es una más que interesante novedad de la cada vez más importante industria española de las series de TV. Con shows como éste, PAQUITA SALAS o VENENO (ambos de la dupla creativa conocida como Los Javis) quizás la veta creativa más original en salir de ese país a lo largo de estos años venga por el lado de las historias y los temas LGBT+. En algún sentido, la herencia de Almodóvar quizás se termine sintiendo más en las series de televisión que en el cine español.