Festival de Toronto: crítica de «All My Puny Sorrows», de Michael McGowan (Special Presentations)

Festival de Toronto: crítica de «All My Puny Sorrows», de Michael McGowan (Special Presentations)

por - cine, Críticas, Festivales
11 Sep, 2021 06:08 | Sin comentarios

Adaptada de la novela homónima de la escritora Miriam Toews, el film se centra en la relación entre dos hermanas que se reencuentran tras el intento de suicidio de una de ellas. Con Alison Pill y Sarah Gadon.


Un drama duro, personal y de corte literario, ALL MY PUNY SORROWS cuenta la difícil relación de dos hermanas que reconectan a partir del intento de suicidio de una de ellas. Gracias a la excelente actuación de Alison Pill y, en menor medida, de Sarah Gadon, el film adaptado de la novela de 2014 de Miriam Toews logra sobrevivir a una puesta en escena un tanto anticuada y demasiado dependiente del material de origen al punto de tener, por momentos, más de una voz en off al mismo tiempo.

El estilo y el tema quedan en evidencia en la primera escena en la que escuchamos la voz de Pill mientras vemos a un hombre a punto de tirarse adelante de un tren en medio de las vías. Ese hombre es el padre de Yoli (Pill) y de Elf (Gadon), dos hermanas adultas, quien se suicidó cuando ellas atravesaban, respectivamente, su niñez y su adolescencia en un ámbito religioso (eran menonitas). Yoli es ahora una escritora que está trabada a la hora de empezar a escribir su nueva novela y Elf, su hermana mayor, es una aclamada pianista que está claramente deprimida. Es por eso que no sorprende cuando llaman a Yoli por teléfono para decirle que Elf está internada tras un intento de suicidio.

Es así que la chica decide irse a su pueblo natal, en Winnipeg, a ayudarla y acompañarla, dejando en su casa a su rebelde hija adolescente y un divorcio a medio cocinar. Allí se reencontrará también con su madre, Lottie (Mare Winningham), que trata de manejar la situación con una actitud que mezcla dignidad con negación, y una tía que tiene su propia historia de problemas. En un film cuyos diálogos incluyen siempre citas de libros y de autores –en un momento leen a Fernando Pessoa–, gran parte del drama tendrá lugar en el cuarto de la clínica en la que Elf está internada y durante las visitas que le hace su hermana.


El principal inconveniente que tiene Yoli para poder ayudarla es que Elf está convencida de volver a intentar suicidarse. No tiene ganas ni razones para vivir, asegura, y nada de lo que haga su hermanita parece poder sacarla de ese pozo. El realizador McGowan incluirá flashbacks a la niñez de ambas, a la historia del padre y en algunas instancias empezará a incluir algunos sueños, pesadillas o algo que se adivina como la imaginación de la protagonista. Pero el centro sigue siendo el mismo: ¿podrá Yoli convencer a Elf que tiene sentido seguir viviendo? ¿Podrá el propio sistema hospitalario y los terapeutas a cargo manejar la situación? ¿Qué se hace ante un caso así?

Sobria, amarga y bastante triste, ALL MY PUNY SORROWS se mete de lleno en una situación difícil y lo hace sin miedos. Eso, que le da al film un carácter honesto, lo vuelve también un tanto denso, agobiante. Filmado en un invierno en la canadiense Winnipeg en la que el clima ayuda también a darle un tono aún más sombrío a la propuesta, la película funciona más que nada gracias a sus actuaciones. Y en ese sentido, la canadiense Pill –quien se hizo conocida en la serie THE NEWSROOM y a la que hemos visto recientemente en otras como DEVS y THEM— es la que aporta mayores matices, especialmente porque su hermana raramente sale de su estado casi catatónico. Es en esos momentos de conexión, de dudas, de dolores personales y familiares compartidos que esta pequeña y modesta película crece y emociona.