Festival de Toronto: crítica de «The Survivor», de Barry Levinson (Gala)

Festival de Toronto: crítica de «The Survivor», de Barry Levinson (Gala)

por - cine, Críticas, Festivales
16 Sep, 2021 01:53 | 1 comentario

El nuevo film del veterano realizador de «Rain Man» cuenta la historia de Harry Haft, un sobreviviente judío de Auschwitz que fue boxeador profesional en los Estados Unidos. Con Ben Foster, Vicky Krieps y Danny De Vito.


Una combinación casi matemática de LA LISTA DE SCHINDLER y TORO SALVAJE, pero con muy pocos de los desafíos temáticos y riesgos formales de esos dos clásicos, THE SURVIVOR cuenta una historia que parece armada para el cine, la de un joven judío que sobrevivió al Holocausto a las piñas y terminó recalando en los Estados Unidos, donde se convirtió en un psicológicamente perturbado boxeador profesional. Más allá de las modificaciones que seguramente se le hicieron para darle a su vida la estructura de una trama cinematográfica de corte tradicional, la historia es real.

Cuando lo conocemos, Harry Haft es un boxeador que pelea profesionalmente en los Estados Unidos. Su estilo es el del clásico peleador torturado que da y recibe golpes casi a cara descubierta, de esos que claramente están limpiando culpas o lidiando con problemas psicológicos. Con solo verlo en el ring y observar la manera en la que el director de RAIN MAN pone en escena sus peleas, uno se da cuenta que el clásico de Martin Scorsese de 1980 estuvo en la lista de prioridades cuando se preparó visualmente el film. Y no solo por las escenas pugilísticas: el look de Haft (Ben Foster) en su etapa norteamericana parece copiado del de Robert De Niro en aquella película, varios aumentos de peso incluidos.

Haft, sin embargo, tiene un pasado muy distinto al de Jake La Motta. Nacido en Polonia –su nombre real era Herschel–, el tipo es un sobreviviente de Auschwitz, algo que queda claro por los breves y violentos flashes en blanco y negro que aparecen en su mente y lo distraen mientras boxea. De a poco, y mediante flashbacks ya más largos, sabremos más de su historia allí. En el campo de concentración, Haft boxeaba con otros prisioneros judíos, algo que empezó como un entretenimiento –forzado por los nazis, especialmente por el joven jerarca Schneider (Billy Magnussen)– pero que, con el paso del tiempo y la cada vez más densa situación allí, se convirtió en una cuestión de vida o muerte.


Harry carga ahora con culpas de lo que atravesó allí y sus peleas profesionales son una manera de lidiar con sus pesadillas y traumas. En los Estados Unidos las cosas no le son tan fáciles tampoco porque su éxito como «El sobreviviente de Auschwitz» empieza a ensombrecerse cuando da una entrevista a un periodista (interpretado por Peter Sarsgaard) en la que revela detalles de lo que hizo allí, detalles que no caen muy bien ni a los fans del box ni a la colectividad judía. Y a eso le suma otro dolor, si se quiere, más personal, ya que busca conocer el paradero de Leah, una pareja que tuvo en Polonia y que, supone, también está en Estados Unidos. La que la ayuda a buscarla es Miriam (Vicky Krieps) y en el difícil proceso de acceder a alguna información, ambos empiezan a conocerse mejor.

Levinson va narrando las dos etapas de la vida de Haft mientras el boxeador se prepara para lo que, espera, será la gran pelea de su vida: enfrentar al entonces joven pero ya muy respetado «Rocky» Marciano, un rival claramente superior a él. Entrenando para ese combate, Haft entabla una curiosa amistad con el manager de Marciano, un judío polaco interpretado por Danny DeVito que lo prepara para enfrentar a su propio púgil para que su derrota no sea tan catastrófica como todos predicen. Harry sabe que ganar es muy difícil, pero espera que esa pelea con un rival famoso le permita salir en los diarios y que Leah sepa que él está también ahí.

A lo largo de las más de dos horas que dura THE SURVIVOR, Levinson (y su guionista Justine Juel Gilmerit) le agregará más y más datos y situaciones a la ya de por sí complicada y larga historia. También, como TORO SALVAJE, la película no se construye alrededor de la «pelea importante» contra Marciano sino que sigue y sigue hasta los años ’60, mostrando escenas muy posteriores en la vida de Haft, en las que de alguna manera la película trata de hallar un esperanzador aunque improbable cierre a las partes más torturadas de su vida.

Para Foster se trata de uno de esos trabajos que piden a gritos (acaso exageradamente) una nominación al Oscar. El actor de SIN RASTRO aumenta muchísimo de peso –de la cadavérica delgadez de Auschwitz al cuerpo más rotundo de su mediana edad, pasando por un intermedio que es su etapa de boxeador profesional– y compone a un personaje un tanto parco, con un marcadísimo acento y mezclando palabras en idishe. Se trata de esos trabajos de mucho lucimiento, pero Foster –un actor que por lo general internaliza más de lo que expresa para afuera– lo torna creíble, realista, verdadero. La película lo «exhibe» más de lo que se exhibe él mismo.

THE SURVIVOR no es un gran film –es demasiado convencional, muchos de sus movimientos son previsibles y termina resultando un tanto largo– y quizás la actuación de Foster no pase a la historia un poco por eso. Pero de todos modos se trata de un relato muy humano, honesto y por momentos bastante emotivo, una película que claramente representa algo muy personal para el director de BUENOS DIAS VIETNAM y BUGSY, que cumple 80 años en 2022 y que hacía tiempo que venía dedicándose a biopics televisivas no demasiado relevantes. Una película centrada en la memoria, complicada y conflictiva, llena de culpas y arrepentimientos, de un hombre que vivió toda su vida peleando contra su propia sombra. Como dice el título, un sobreviviente.