Estrenos/Festivales: crítica de «Quién lo impide», de Jonás Trueba

Estrenos/Festivales: crítica de «Quién lo impide», de Jonás Trueba

Esta mezcla de documental y ficción dirigida por el realizador español de «La virgen de agosto» retrata durante varios años las vidas de un grupo de adolescentes. Presentada en competencia en el Festival de San Sebastián y estrenada en cines en España.


La nueva película del realizador de LA RECONQUISTA y LA VIRGEN DE AGOSTO, premiada en el Festival de San Sebastián y estrenada en cines españoles el pasado 22 de octubre, es acaso la más ambiciosa y, si se quiere, radical de sus propuestas hasta el momento. Filmada a los largo de cinco años, con una duración cercana a las cuatro horas, combinando documental y ficción (muchas veces de manera imperceptible), QUIEN LO IMPIDE consiste en el seguimiento de un grupo de adolescentes cuyas edades–en promedio– van desde sus 15 a sus 20 años. El film, cuyo mecanismo se ha comparado con el de BOYHOOD, se propone en realidad otra cosa muy diferente: capturar una etapa de fuertes cambios en las vidas de los protagonistas, tanto en lo que respecta a lo privado como a lo público, pero sin ningún plan previo, dejándose llevar por las circunstancias, las experiencias y la imaginación.

La película comienza de una manera igualmente inusual: a través de un zoom. En el encuentro virtual, realizado durante la pandemia, Trueba convoca a los participantes de la película (a los principales, porque a lo largo de los años el «elenco» se vuelve bastante grande) para contarles que el film se ha terminado, finalmente. Para ellos, será como rescatar una pieza de museo de sí mismos ya que, en 2016, nadie podía imaginar cómo iba a ser este 2020-2021 que los encuentra a todos alejados entre sí, pero no solo por los caminos distintos de sus vidas sino por la pandemia, asunto que recién vuelve sobre el final del film.

Y es así que Trueba irá hacia atrás, a contar la historia de estos chicos, en varios episodios que se pueden dividir en tres grandes grupos, separados por intervalos de precisos cinco minutos. A grandes rasgos se podría definir al primero y al tercero como de mayor carácter documental, mientras que el segundo funciona más cerca del relato de «autoficción», con los protagonistas participando en situaciones ficcionalizadas en las que hacen versiones de sí mismos. Pero resumirla así no alcanza a explicar las variaciones sobre el sistema que la propia película propone.


El proyecto nace a partir de la conexión que Trueba tuvo con dos de esos chicos (Candela Recio y Pablo Hoyos), a quienes conoció cuando los eligió para hacer unas escenas de su película LA RECONQUISTA, de 2016, en la que encarnaban a las versiones adolescentes de los adultos protagonistas. El director –que dice en la propia película sentirse un adolescente y que, pese a rondar los 40 años, todavía luce como uno– se interesó más en conocer acerca de sus vidas, sus realidades, sus pensamientos y emociones. Y decidió no solo seguirlos y filmarlos, sino convocar a otros jóvenes de su misma edad para ser parte del proceso.

Es así que la primera parte del film funciona como un documental relativamente tradicional, de esos que siguen a grupos de jóvenes en sus vidas, con la cámara un poco como espía de sus encuentros, desencuentros, charlas, conversaciones, discusiones y pensamientos. Si algo diferencia a QUIEN LO IMPIDE –título sacado de una «loureediana» canción de Rafael Berrio, cantautor donostiarra fallecido en 2020, cuya letra inspiró y de algún modo resume algunos de los temas de la película– de un documental convencional, además de la dispersión de sus ejes y acontecimientos, es una curiosa voz en off, tanto del director como de algunos de los protagonistas, que parecen comentar las acciones desde el presente, como lo haría alguien que ve viejos videos suyos y recuerda en voz alta lo que pasaba por su cabeza en esas circunstancias.

La segunda parte –que incluirá un viaje de egresados a Granada– es la que asume más características ficcionales o en la que más se cuelan elementos propios de una trama, con historias de descubrimiento amoroso por parte de los nominales protagonistas. Digo «nominales» porque, en un punto, se trata de una película coral en la que son más de una docena de chicos los que participan de modo relativamente protagónico en las distintas etapas del film. De hecho, el aparentemente más tímido Pablo, va cediendo protagonismo a otros que son quizás más locuaces, mientras que Candela –por el contrario– es lo más parecido que la película tiene a una protagonista con un arco narrativo más o menos clásico. La cantidad de personajes que entran, salen y vuelven a entrar y a salir de la historia (el propio trailer dice que son 200 los participantes) acaso sea uno de los pocos problemas de QUIEN LO IMPIDE ya que, durante un buen tiempo, cuesta identificarlos con precisión.

De todos modos se trata de un problema menor ya que la película no apunta a ese tipo de desarrollo «psicologista» en el que vemos a uno u otro atravesar y superar algún conflicto específico. No hay casi escenas en sus casas ni se ven a sus padres. Casi todo lo que vemos es público: plazas, colegio, marchas, fiestas, viajes. La coralidad del film funciona orgánicamente: es un grupo heterogéneo que vive historias, sale, se reúne, se divierte, tiene peleas, discusiones y otros asuntos, digamos, más o menos normales en todas las adolescencias. En su tercera parte la película retoma un carácter más documental y encuentra a los chicos, ya luego de terminada la escuela, enfrentándose a esa zona misteriosa a la que podríamos definir como «el principio del resto de sus vidas».

En paralelo a todo esto, QUIEN LO IMPIDE presenta un panorama de la situación política y económica de España durante esos años (2016-2020, aproximadamente) siempre desde las experiencias de los chicos, que van a marchas, que votan y que discuten sobre algunas cuestiones políticas. Hay varias escenas en las que los escuchamos debatir sobre los desafíos que les presenta el futuro en un país que, creen ellos, no funciona como debería. Y cada una de estas conversaciones sirve para conocer las variables del pensamiento de una generación. Bueno, al menos la representada aquí por una docena de adolescentes. De vuelta: Trueba no busca que identifiquemos a cada personaje con una idea o una situación. Todos estos debates funcionan casi a modo asamblea: importa más de qué se habla que quién es el que lo dice y porqué.

Más allá de una extensión que puede ser un tanto demandante –la película tuvo exhibiciones públicas previas de a partes, a modo work in progress mientras se iba filmando, y su formato fue siempre mutante–, QUIEN LO IMPIDE resulta una pintura generosa y sincera de un grupo de jóvenes que se debate entre vivir el presente y pensar en el futuro (o poder hacer las dos cosas a la vez), mientras la historia los atraviesa y, a partir de la pandemia, se los lleva puestos. Quizás lo más relevante –algo, de hecho, que se discute en cámara– es que los protagonistas quieren decidir ellos cómo ser vistos en el cine, lejos del excesivo «drama» que muchas veces se les adosa a sus historias de vida. Y Trueba intenta respetar ese todo, digamos, naturalista.

La coda del film, ligada a la llegada del Covid-19, es más que relevante para darle un especulativo cierre a la historia y tiene ciertos puntos en común con FUTURA, el documental que tres realizadores italianos realizaron antes y durante la pandemia. Al ver ellos mismos imágenes de la película desde este presente 20/21, muchas de las cosas previas parecen «menores, poco importantes», dirá Candela, quien es la que parece más preocupada por saber cuánto habrán cambiado y/o cambiarán sus vidas a partir de lo que sucedió (bah, lo que aún está sucediendo). No hay balances ni reflexiones finales porque nadie sabe realmente cómo terminará esta historia y cuáles serán sus consecuencias a largo plazo. La película es, apenas, un intento de capturar esos cambios. Los de la adolescencia, sí, pero también esos otros que aparecieron cuando menos lo imaginaban.