Series: reseña de «Succession Ep. 3.3: The Disruption», de Jesse Armstrong (HBO Max)

Series: reseña de «Succession Ep. 3.3: The Disruption», de Jesse Armstrong (HBO Max)

En el tercer episodio de la nueva temporada Kendall y el resto de su familia (su hermana Shiv, fundamentalmente) se enfrentan ante los medios y el público, con resultados complicados para ambos. SPOILERS!


Una de las particularidades de escribir este tipo de reseñas por episodio de SUCCESSION es que, al volver a verlos, no me queda otra que parar cada minuto o menos, poner pausa, rebobinar y, fundamentalmente, tomar notas. Tengo la impresión que, al final de cuentas, es la mejor forma de ver la serie. Primero se ve el episodio de corrido y se disfruta como una carrera de Fórmula 1: puro nervio, humor, tensión y suspenso. Luego se lo deja madurar un rato y se lo vuelve a ver como quien degusta un plato de alta cocina. Se trata de un festín de detalles, desde el más esperable –que es la colección de frases matadoras– hasta algunos más ocultos. Puede ser un gesto, una mirada, un movimiento físico, cualquier cosa. Todo parece calibrado con la precisión del mejor relojero del mundo. Es ahí, creo yo, que la serie muestra su enorme superioridad respecto al 99 por ciento de la competencia. ¿De qué otra serie podrían volver a ver un episodio dos y hasta tres veces con muy poco tiempo de diferencia? En mi caso, de ninguna.

Revisando mis apuntes (SPOILERS, SPOILERS, SPOILERS!) veo que anoté 30 frases dichas a lo largo del episodio que me parecieron memorables y eso que no me detuve en todas. Es tanto el material que ofrece SUCCESSION por minuto –por segundo, diría– que es la clase de serie que obliga a prestarle atención a cada detalle. La transpiración sobre los labios de Tom cuando cae en la cuenta que es muy probable que vaya preso por las acusaciones contra la compañía. El contenido llanto, mezcla de dolor y furia cuando Shiv («Shiviii!!!») es humillada en su primera aparición pública como presidente de la compañía y luego se da cuenta quién fue el responsable. La manera en la que el periodista que tiene que entrevistar a Roman para publicar una entrevista amable sobre la familia Roy termina dándole las preguntas al tipo pese a haberse negado, previamente, por «cuestiones éticas». La mirada que le clava el de seguridad a Kendall dándole a entender que sus secretos son conocidos por muchos de ellos. Y así podría seguir por toda esta reseña.

El Episodio 3 muestra ya a los bandos separados por completo. Pasaron aparentemente ya unos días del anuncio y del caos inicial, y ahora queda claro que Kendall está por un lado y el resto de la familia por el otro. No hay punto medio posible. ¿Cómo tratan de avanzar? Mediante la opinión pública: usándola, manipulándola, haciéndose ver y tratando de torcer la imagen a su favor. Ken, en plan intenso y combativo, decide salir con los tapones de punta: da una entrevista a un medio grande, va a un talk show televisivo con la intención de maltratar a su familia pero también para hacerse cargo de lo que dicen sobre él y, acaso en la más riesgosa de sus decisiones, va a las oficinas de Waystar, donde sabe que no será bienvenido. De hecho, eso es lo que espera crear: un caos público, videitos subidos a las redes donde se vea cómo lo sacan a la fuerza. Bueno, no todos los planes le salen bien. Algunos sí, pero la mayoría not so much.


El resto de los Roy, mientras tanto, trata de retomar el mando del barco tras la sacudida familiar. Pero no es fácil, fundamentalmente porque la Justicia y el FBI rondan las puertas de la compañía y en cualquier momento pueden hacer su entrada. Pero también porque el personal está bastante molesto con lo que está pasando y requiere algún tipo de explicación. Y no nos olvidemos de Kendall, a quien tratan de combatir con las mismas armas con las que él ataca: a través de los medios, algo que la empresa tiene en cantidad. Hay solo un oído atento al que Logan puede acceder, llegado el caso, y Kendall probablemente no. Sí, las altas esferas, el hombre que maneja la nación. «La ley son personas, las personas son política y yo puedo manejar a las personas», dice Logan en uno de esos juegos de lógica en los que siempre sale ganando el que los inventa. ¿Será por ahí que Waystar tratará de salvarse?

Lo que se desarma más aún que en el episodio anterior es la relación entre los hermanos, específicamente entre Kendall y Shiv. Entre ellos siempre parece haber un respeto mutuo que seguramente se ha quebrado mil veces pero que, de algún modo, sobrevive. En el fondo, los dos son víctimas del mismo tiránico patriarca. Pero acá se tirarán con todo, se lanzarán dardos públicos tratando de humillar al otro frente al mundo. ¿Podrán volver a hablarse después de tamañas agresiones? Seguramente. Cuando hay dinero de por medio (fortunas, en este caso) todos pueden cambiar de barco en medio de cualquier tormenta. Roman y Connor, mientras tanto, prefieren tomar distancia de la golpiza frontal, aún a sabiendas de que eso les puede costar caro con el patriarca que quiere gente fiel y dispuesta a todo.

El que juega sus fichas inteligentemente es Tom, el marido de Shiv. A partir de sus consultas legales llega a la conclusión de que si alguien deberá ir a la cárcel será él y decide ofrecerse como «chivo expiatorio». Previa consulta con su mujer, claro, va a ver a Logan y le dice que está dispuesto a sacrificarse por la empresa. El viejo lo mira y, como buen ajedrecista que está siempre dos o tres movidas adelante de los demás, reconoce su buena jugada. Ambos saben que, de haber condena, seguramente será breve y cómoda. Y, si no la hay, ese gesto será ampliamente recompensado. Eso, de todos modos, no logrará evitar que Tom entre en pánico ante la perspectiva de pasar un tiempo tras las rejas. Pero pánico en serio, uno que le durará varios episodios…

Y así, amigos, cierra este tercer combate. En cierto punto es un episodio que funciona, literalmente, como un round de boxeo: los rivales se estudian, se agreden cada vez más, se defienden, se escapan, se evitan y, justo cuando está por sonar la campana, empiezan a lanzarse todos los golpes juntos con la expectativa de asestar el nocaut perfecto. Vean, sino, los últimos minutos de nuevo: tremendo golpe de Kendall a Shiv en la «asamblea» de la empresa (será difícil volver a escuchar «Rape Me«, de Nirvana, sin pensar en esa escena), brutal devolución de gentilezas de la hermana con su carta pública dejando en evidencia los problemas personales de Ken (que lo deja, de hecho, tirado ante las cuerdas) y aparición casi milagrosa, cual campana salvadora, del FBI entrando como una turba en Waystar. ¿Querían guerra? Acá hay guerra.

Por último, un breve recordatorio de algunas de las frases dichas en este episodio que son, sencillamente, exquisitas. Salvo alguna en castellano, las pondré en el original en inglés porque algunas pierden toda la gracia en la traducción o son, directamente, intraducibles. De todos modos le va a faltar lo principal: los actores, los personajes, diciéndolas. Eso, más que ninguna otra cosa, es el secreto de SUCCESSION. Está escrita como una perfecta pieza para una orquesta de 15-20 personas, pero son los intérpretes los que la convierten en una melodía sublime. Desde el «don’t fucking hover«, del fastidiado Logan a Gerri al juego de «Good tweet, bad tweet» de Ken y los suyos, pasando por Roman reaccionando al slogan «We get it» y de ahí yendo a Connor, inusualmente inspirado, lanzando un «It’s a greeting card from Hell, a Times New Roman firing squad«, en referencia a la carta pública de Shiv. Y así, muchísimas más: Roman pidiéndole al periodista «less questy questions«, el «Fuck the Patriarchy!» fuera de lugar de Ken, las bromas que la conductora del talk show hace sobre él y eso de «está masturbando a su amigo invisible» que, ¿quién dice?, puede transformarse en una de esas frases que quedan para siempre.