Series: crítica de «Dr. Brain», de Kim Jee-woon (Apple TV+)

Series: crítica de «Dr. Brain», de Kim Jee-woon (Apple TV+)

Esta serie de suspenso coreana que marca el desembarco de Apple Tv en ese país es un complejo pero fascinante estudio de un hombre perturbado que investiga qué pasó con su hijo usando métodos científicos no convencionales. Del director de «The Good, the Bad and the Weird» y «A Tale of Two Sisters».


Esta superproducción coreana, que saldrá a la luz estos días como la carta de presentación de Apple TV+ en Corea del Sur, tiene todas las características esperables en una buena ficción de ese país: compleja, cambiante, ambiciosa, por momentos enredada y muchas veces sorprendente. Es que DR. BRAIN, basada en un webtoon creado por Hongjacga, tiene detrás de cámara –como director, coguionista y showrunner– nada menos que a Kim Jee-woon, a quien los cinéfilos que siguen el cine de ese país conocerán por extraordinarias películas como THE GOOD, THE BAD AND THE WEIRD; A TALE OF TWO SISTERS, THE FOUL KING, A BITTERSWEET LIFE, I SAW THE DEVIL y THE AGE OF SHADOWS, entre otras, incluyendo un breve paso por los Estados Unidos en donde dirigió a Arnold Schwarzenegger en THE LAST STAND. Si solo tomamos solo el cine comercial y de género de ese país, se me ocurre que solo está por debajo de Bong Joon-ho y, quizás, de Park Chan-wook en términos de reputación, talento y cantidad de buenas películas.

Ahora que las series coreanas –apenas unos años después del éxito global de PARASITE— han despertado la atención de todo el mundo gracias a EL JUEGO DEL CALAMAR seguramente habrá mucha expectativa respecto a DR. BRAIN. En principio, la serie está más cerca de las complejas mezclas genéricas del audiovisual coreano que de la estructura más simple y directa de aquella serie. Si un film coreano convencional suele tener varias subtramas y cambios de género a lo largo de de sus poco más de dos horas de duración, imaginen que una serie que ronda las seis horas casi obliga a tener un Excel para no perderse nada. Pero los creadores, quizás a sabiendas del rompecabezas que es la trama de la serie, se tomaron el trabajo de tratar de ser muy claros con la historia, aún a riesgo de repetirse o que sus personajes expliquen lo que sucede más de una vez.

El asunto es más o menos así. Conocemos a Sewon (interpretado, de adulto, por Lee Sun-kyun, el ricachón dueño de la casa de PARASITOS) como un niño a quien podríamos considerar dentro del espectro autista. Frío, gélido, desprovisto al menos visiblemente de emociones, pero dueño de una memoria sorprendente, el chico atraviesa una situación muy traumática cuando su madre es arrollada en la calle por un auto y muere. Sewon ve todo y no parece reaccionar de modo alguno. Ya de grande, Sewon es un científico reputado dedicado a la investigación cerebral cuya personalidad no ha cambiado demasiado: no tiene amigos, no conecta con sus compañeros, parece obsesionado solo con su trabajo y se comunica mínimamente con los demás. Tiene, sí, una esposa y un hijo, aunque también ahí le cuesta mucho poder demostrar su afecto. Y su hijo tiene una personalidad bastante parecida a la suya también.


Las cosas toman un giro gravísimo cuando su hijo muere en un accidente un tanto misterioso y su mujer queda en coma tras un intento de suicidio. Sewon, de vuelta, más que doblegarse por el dolor prefiere dedicarse a investigar qué sucedió. Y para eso experimenta con un desarrollo científico en el que está trabajando en su empresa, una suerte de aparato de escaneo mental que sirve para traspasar las memorias de alguien que muere a una persona viva. Sewon no tiene problemas en ofrecerse él mismo como parte del experimento –necesitan muertos recientes para que el cerebro siga funcionando– y al hacerlo se topa con un par de sorpresas. Por un lado, que los recuerdos de la persona desconocida cuya memoria incorporó incluyen imágenes de su familia. Y, por otro, que además de los recuerdos, lo que se le pega también son algunas costumbres y actitudes de las personas escaneadas.

Lo segundo –que no se desarrolla tanto– genera algunas raras situaciones, ya que Sewon empieza a actuar de una manera muy diferente a la que acostumbra, algo que llama la atención a todos los que lo rodean. Pero lo esencial aquí es que esa «sincronización» de recuerdos lo empieza a llevar a investigar qué pudo haber pasado con su hijo, ya que no está convencido de su muerte. Es por eso que intenta hacer el mismo procedimiento con varias personas más, incluyendo algunos vivos y también con otro tipo de criaturas. Es un método de investigación poco convencional, digamos, pero que a él más o menos le funciona. Lo de «más o menos» tiene que ver con que los recuerdos son fragmentados, poco claros e incluyen algunas cosas que podrían definirse como «paranormales». En sus búsquedas descubre que hay una niña que asegura que su hijo sigue vivo, por más que lo hayan enterrado.

Pero si creían que con eso tenían suficiente, no es así. A Sewon lo consideran sospechoso de la muerte de un hombre que él no conocía pero que tenía, aparentemente, un affaire con su mujer. Es así que la policía lo empieza a perseguir a él. Y la niña en cuestión –la que asegura que su hijo vive– no solo es hija de este hombre asesinado sino que también es, como se lo define en la propia serie, «una niña especial»: no habla, se comunica con la gente solo con dibujos y también parece recordar exactamente todo lo que vio, solo que su única manera de «expresarlo» es con un lápiz y un papel. Pero la niña no aparece por ningún lado y para desenterrar todos los misterios acumulados hay que empezar por encontrarla.

Esto que resumí es tan solo una parte de lo que pasa no en toda la serie sino en los primeros dos primeros episodios de los seis que la integran. ¿Complicado? Si, bastante, y quizás ni siquiera lo conté del todo bien. Pero de todos modos, gracias a la creatividad visual de Kim y su equipo, y a la constante marcha propulsiva de los acontecimientos (investigaciones, persecuciones, descubrimientos, y así), DR. BRAIN funciona muy bien y seguramente será apasionante para los que están (estamos) acostumbrados a estos modelos narrativos coreanos que se expanden al infinito y cambian todo el tiempo. Acá hay lugar, además de todo lo mencionado, para cuestiones fantásticas, ya que los «sincros» mentales que hace Sewon muchas veces lo llevan a vivir aventuras sobrenaturales: ve sueños y pesadillas de los muertos, mezcla realidad y fantasía y así…

El concepto central de DR. BRAIN –un investigador que usa los recuerdos de las víctimas o victimarios de algún crimen o accidente para tratar de descifrar qué pasó– es lo suficientemente fuerte para sostener las decenas de piezas que componen el relato. No me sorprendería, de hecho, que las desventuras del Doctor Cerebro tuvieran varias temporadas en las cuales el tipo tiene que investigar casos específicos. Esta primera funciona como historia de origen, mostrando el «nacimiento», si se quiere, de esta curiosa criatura cuyo cerebro es una coctelera de información y de personalidades varias. Y todavía hay tiempo para seguir acumulando muchas más. Hasta que le explote la cabeza… a él o a los espectadores.